Hermosillo, Sonora.- Este 5 de septiembre se conmemora el Día Internacional de la Mujer Indígena, una fecha que busca visibilizar las aportaciones y la lucha de las mujeres de los pueblos originarios, pero que también pone sobre la mesa las desigualdades que persisten en Sonora y la necesidad de políticas públicas sostenidas para atenderlas.
En Sonora, las mujeres indígenas forman parte de una diversidad de pueblos originarios como yaquis, mayos, seris o comcáac, pimas, pápagos, guarijíos y cucapás; sin embargo, también existen comunidades indígenas migrantes que llegaron principalmente del sur y sureste del país y que llevan décadas asentadas en el estado.
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La doctora María del Carmen Arellano Gálvez, profesora-investigadora de El Colegio de Sonora, destacó que es importante visibilizar a todas estas mujeres y las condiciones en las que viven.
Desde su experiencia de investigación con mujeres indígenas y población jornalera, Arellano Gálvez explicó que uno de los principales problemas es la reproducción de las brechas de desigualdad, tanto en los lugares de origen como en las comunidades donde las mujeres migrantes se han asentado.
Algunas generaciones ya nacieron en Sonora; mientras algunas conservan su lengua materna, en otros grupos esta se ha perdido, lo que plantea también retos para preservar su identidad y cultura.
Las desigualdades se reflejan en distintos ámbitos. De acuerdo a información del Consejo Estatal de Población de Sonora, 28 de cada 100 mujeres en hogares indígenas de 25 años o más no concluyeron ningún nivel escolar y solamente 10 de cada 100 lograron completar estudios superiores.
Esta situación también alcanza el ámbito económico y laboral. De acuerdo con los datos compartidos, 49 de cada 100 mujeres indígenas de entre 15 y 29 años participan en actividades laborales.
Muchas se desempeñan como artesanas o como trabajadoras agrícolas, donde pueden enfrentar jornadas extensas y condiciones precarias, además de una histórica falta de ingresos estables.
Para la investigadora, estas condiciones se entrelazan con otras formas de desigualdad por su género, pertenencia a un pueblo originario y, en el caso de algunas, su condición de migrantes.
Consideró que la conmemoración del Día Internacional de la Mujer Indígena contribuye a visibilizar esta realidad, pero advirtió que no basta con dedicarles un día.
El reto, afirmó, es avanzar hacia un plan de acción sostenido, con recursos humanos y económicos, mayor coordinación entre dependencias y participación directa de las comunidades para conocer sus necesidades.
“La realidad exige no solamente un día de conmemoración, sino un plan de acción sostenido”, planteó la investigadora, al señalar que escuchar a las mujeres y sus demandas debe ser un elemento central de cualquier política pública dirigida a ellas.




