
La Universidad de Sonora es la institución de educación superior más grande y de mayor reconocimiento en Sonora. Esta goza de un bien ganado prestigio a nivel regional, nacional e internacional, atiende a más de 45 mil estudiantes inscritos en las distintas licenciaturas, posgrados, idiomas y academias de arte y tiene presencia en los municipios de Hermosillo, Obregón, Navojoa, Nogales, Caborca y Santa Ana.
Según la cuenta pública de 2024, la Universidad de Sonora obtuvo ingresos superiores a los 3 mil 415 millones de pesos. Sólo para que se tenga la referencia: Cajeme, el segundo municipio con más ingresos de Sonora, en el mismo 2024 obtuvo ingresos por 2 mil 138 millones, es decir: la Unison manejó 1,277 millones de pesos más que Cajeme. Si la Universidad fuera municipio sólo quedaría por debajo de Hermosillo, el cual, por medio de su administración directa, obtuvo 5 mil 690 millones de pesos en ese mismo año.
Por lo anterior, se puede inferir la trascendencia e impacto que nuestra máxima casa de estudios tiene en un amplio sector de la sociedad sonorense. Todo lo que sucede al interior de la institución repercute directa e indirectamente en la vida de muchas personas, particularmente en estudiantes, maestros y trabajadores que forman parte e interactúan de manera cotidiana con la Unison.
Como sabemos, la institución viene saliendo de dos huelgas: la primera, de 22 días, y la segunda, de 27, estalladas por STEUS y STAUS, respectivamente. 49 días en total. ¿Eran justas las demandas de trabajadores y académicos? Por supuesto que sí. Sólo hay que agregar que para el próximo año ambos gremios volverán a replantear los pendientes que en la presente revisión no fueron atendidos… más los agravios que se acumulen en este año.
Por lo anterior, creemos que es justo y conveniente buscar otras formas de entender y resolver la situación. Una forma de hacerlo es mayor coordinación, comunicación y acción de parte de los actores principales, dejando de lado protagonismos innecesarios. El reciente conflicto dejó de manifiesto que en nada ayudan a resolver la problemática las declaraciones fuera de contexto, el archivar expedientes, el no dar la cara, etcétera.
No estoy diciendo que el actual formato y actuar de los sindicatos universitarios sea equivocado; lo hacen en atención a lo que la normativa en la materia les permite, además de que les fue relativamente bien. Trabajadores administrativos rescataron su demanda más sentida: lograron una retabulación salarial que les permitió dejar de tener un sueldo por debajo del mínimo general y, por su parte, los académicos lograron un incremento por encima del tope salarial.
El convenio de apoyo financiero que firman y acuerdan Unison, Gobierno del Estado y Gobierno Federal es el instrumento que dota de recursos a la institución. El acuerdo dicta que por cada peso que pone el estado, la federación pondrá otro peso para subsidiar a la universidad. Sin duda, deberán hacer un frente común Universidad, Gobierno del Estado y sindicatos universitarios para que esto se cumpla. Actualmente la federación le está regateando a la Unison parte de los recursos que el estado le provee, es decir: no cumple lo acordado.
El “frente sonorense”, Unison, Gobierno del Estado y sindicatos universitarios, deberán pugnar por un nuevo convenio de apoyo financiero o la actualización del existente; el actual está obsoleto y rebasado por la realidad. De lo contrario, el año que viene estaremos viendo la misma película.


