
La caída de Morena en las preferencias electorales es contundente. Si hoy fueran las elecciones de diputados federales, apenas el 39% de la población votaría por el partido que, hace dos años, ganó la Presidencia con más del 50% de los votos; el Congreso y cientos de cargos locales de una manera apabullante. El ejercicio del poder le pasa factura a Claudia Sheinbaum, una presidenta bienintencionada, pero no siempre bien acompañada.
Hace siete meses, en octubre de 2025, la encuesta de Enkoll registró una preferencia electoral bruta de 48 por ciento en favor de Morena, que hoy se ha reducido en nueve puntos luego de meses complicados en materia económica, una imparable alza de precios y una bomba detonada en una Corte en el distrito sur de Nueva York, donde surgió la acusación en contra de Rubén Rocha y otros nueve políticos sinaloenses militantes de Morena, presuntamente ligados con el narcotráfico.
En sentido inverso, el rechazo de la ciudadanía al partido gobernante se ha duplicado. A la pregunta de “¿por cuál partido nunca votaría?, en octubre de 2025 el 11% respondió Morena, en marzo de 2026, 15% y, en este mes de mayo, 20 por ciento.
En la misma lógica, la identidad de la ciudadanía con Morena va en picada: en mayo de 2025, un 51% de los encuestados por Enkoll respondió que Morena es el partido con el que más se identifica. Un año después, el 41% respondió de esa manera.
La caída de Morena es directamente proporcional a la pérdida de popularidad de la presidenta Claudia Sheinbaum, quien ha tenido un 2026 sumamente complicado. La encuestadora Enkoll, que no se caracteriza por ser crítica u opositora a la 4T, ha registrado en mayo la aprobación más baja de Sheinbaum desde que comenzó el sexenio.
Con un 68%, la evaluación sigue siendo positiva, pero en mayo de 2025, la aprobación era del 83%, el registro más alto del sexenio. Y, desde entonces, ha ido perdiendo puntos hasta colocarse, por primera vez, por debajo del 70 por ciento.
El registro más bajo de la popularidad de la presidenta y su partido coincide con el segundo aniversario del triunfo electoral de Sheinbaum y la coalición Sigamos Haciendo Historia, que el 1 de junio de 2024 obtuvieron un triunfo apabullante: más del 59% en la elección presidencial y más del 40% en la elección de Senado de la República y de la Cámara de Diputados.
Todos esos datos los conoce la Presidencia de la República y están sobre la mesa en las reuniones de Palacio Nacional, donde hace dos semanas, en plena crisis por el caso Rubén Rocha, surgió una idea: volver a movilizar al partido-movimiento, mostrar músculo, mandar un mensaje interno y externo de cohesión presidenta-pueblo. Por eso, en su mensaje de ayer, Sheinbaum elevó el tono e insistió en la defensa de la soberanía nacional. Acusó una andanada conservadora, alentada por intereses extranjeros y se quejó de que la 4T está bajo fuego.
Lo dijo en circunstancias muy especiales que vale la pena enumerar: 1. La disputa Sinaloa-Chihuahua, que es también el linchamiento de la gobernadora panista María Eugenia Campos por traición a la patria, como una manera de emparejar el marcador con el gobernador de Sinaloa Rubén Rocha, acusado de haber financiado su campaña con apoyo de Los Chapitos. 2. El segundo aniversario del triunfo de Sheinbaum y la ocasión para presentar un informe de logros en 31 plazas públicas del país, llenas gracias a gobernadores morenistas y funcionarios del Gobierno federal. 3. La proximidad de las elecciones de 2027, una cita en las urnas que convocará a la ciudadanía para elegir diputados federales, 17 gubernaturas, 30 Congresos estatales y ayuntamientos en 31 entidades. 4. Los recientes cambios en Morena, donde la presidenta ha decidido intervenir para reencausar un partido en crisis e ingobernable. 5. Las reformas político-electorales procesadas por las mayorías de Morena y aliados la semana pasada que, sin mayor discusión ni reflexión, modificaron las fechas y reglas de la elección judicial, elevaron a rango constitucional la injerencia extranjera como causal de nulidad de elecciones, y crearon una comisión de verificación de integridad de las candidaturas.
Otra señal es la salida de Luisa María Alcalde de la presidencia del Comité Ejecutivo Nacional de Morena, hace un mes, y la reciente despedida de Andrés López Beltrán de la Secretaría de Organización del partido, que dejan ver el hartazgo de la presidenta con dos personajes con mucho apellido, pero pocos resultados, y su urgente necesidad de intervenir, poner orden y tomar las riendas del partido con dos funcionarias de su gabinete: Citlalli Hernández, exsecretaria de las Mujeres, y Ariadna Montiel, quien pasó de la poderosa Secretaría del Bienestar a la presidencia del partido.
La presidenta Sheinbaum, según se deduce de estos movimientos, y como pudo confirmarse ayer en la Plaza de la República, está preocupada por el partido, por el Gobierno y por el 2027, en una situación donde solo se vislumbra una buena noticia para ella y el oficialismo: la incapacidad de la oposición para capitalizar la caída de Morena.
Las mismas encuestas colocan al PAN, al PRI y a MC en sus niveles de votación de 2024: entre un 10 y un 12 por ciento, que los vuelve ciertamente irrelevantes. El dato, preocupante para oficialistas y opositores, es el crecimiento del apartidismo. Ese 27% que hoy no se identifica con ningún partido, que está tan decepcionado del PRIAN como asqueado de la 4T, y que sigue esperando una nueva alternativa política, que no se asoma por ningún lado.
A dos años de las elecciones de 2024, y cuando falta un año para las elecciones intermedias, Morena y Sheinbaum lucen preocupados y, en su desesperación, tienen frente a sí la tentación de la trampa electoral como salida de emergencia; el uso y abuso de los programas sociales para movilizar a las masas de pobres en favor de Morena; el uso de los recursos públicos y las estructuras gubernamentales para ganar elecciones; la toma de las autoridades electorales para generarse ventajas indebidas. Hoy, como nunca antes, está a prueba su vocación democrática y su lealtad con la historia; su historia de lucha contra el fraude y la manipulación gubernamental de la voluntad ciudadana.
Y no son buenas las señales: la semana pasada, en lugar de avanzar hacia una reforma política de Estado, el régimen se generó nuevos mecanismos de control para manipular resultados electorales y anular triunfos opositores.
No está mal que la presidenta convoque a sus simpatizantes a tomar las calles, llenar plazas y celebrar dos años de su victoria. Pero hoy, al iniciar el mes de junio, estamos mucho más cerca de 2027, que de 2024.


