Hermosillo, Sonora.- Francisca Alicia Castro falleció la mañana del miércoles 6 de mayo por inhalación de humo en Hermosillo, luego de que se registrara un incendio en su hogar. Tenía 84 años y utilizaba silla de ruedas para desplazarse.
En una fotografía publicada en un periódico local hace un par de décadas, Francisca Alicia aparece sonriente, con su uniforme de enfermera, junto a una motocicleta que utilizaba para recorrer distintos hogares como parte de sus labores.
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Durante sus años como enfermera, continuó estudiando y logró obtener el mejor promedio de su generación, lo que le valió un viaje para conocer al entonces presidente de México, Luis Echeverría.

Sus allegados y familiares la describen como una mujer generosa, humilde, cordial, amable y cuidadora; llena de amor y enseñanzas tanto para quienes no conocía como para quienes la rodeaban.
“Siempre se preocupaba por la salud y el bienestar de su familia, de la comunidad donde trabajó y de toda la población de Hermosillo. Hizo mucho activismo social”, compartió su hijo, Francisco Eleazar.
Sus familiares recuerdan como una anécdota divertida que, cuando llegaba en su motocicleta a alguna colonia, todos gritaban: “Ahí viene Panchita Castro”, y se escondían porque sabían que era momento de vacunarlos.
Rosario Solís, amiga de Francisca y compañera de generación durante sus años como estudiantes, compartió cómo se conocieron y cómo, después de concluir sus estudios, mantuvieron una amistad tan cercana como en sus días de universidad.
“Toda la experiencia que ella nos transmitió, todos los conocimientos, porque ella ya trabajaba en el centro de salud cuando llegó a estudiar.
En sus ratos libres hacía visitas domiciliarias en una moto que le prestaban en el centro de salud, cumpliendo con la tarea que le designaron para que pudiera seguir en la escuela. Gracias a eso, obtuvo el promedio más alto de la generación.
En aquellos años, el premio era visitar al Presidente de la República. Allá estuvo y nunca lo presumió. Era muy humilde también en ese sentido, además de que era muy protectora con nosotras, que éramos más chicas. Terminó la escuela y siguió la amistad”, recordó.
Rosela, amiga y compañera de Francisca, compartió cómo les enseñó e impulsó el amor por la profesión. Aunque era estricta, siempre las acompañó y apoyó.
“Fue nuestra jefa de enfermeras hasta que se fue a México y se cambió a supervisora, pero nunca dejó de frecuentarnos ni de vernos. Nos dio muchas enseñanzas, porque nosotras éramos como unas bebés y ella era la experta.

Ella quería mucho a la salud pública. Era estricta, pero nos dejó esa enseñanza a la que, con el tiempo, también le agarramos amor. A mí y a mis compañeras nos deja ese recuerdo”, dijo.
Su hijo Francisco compartió para Proyecto Puente cómo ella lo adoptó, lo crió y lo educó hasta concluir sus estudios universitarios, impulsándolo siempre a convertirse en un profesional y acompañándolo con el amor de una madre.




