
El cálido invierno que acabamos de pasar y la llegada temprana de los 40 grados centígrados nos están dando una señal anticipada de lo que le espera a Hermosillo con el cambio climático. El agua es el recurso crítico y estratégico de la ciudad. Así que más vale que tomemos cartas en el asunto y pongamos remedio a la mala gestión del agua de la ciudad.
El próximo domingo 22 de marzo se conmemora el Día Mundial del Agua. La Mesa Temática de Agua de la asociación ciudadana Hermosillo ¿Cómo Vamos? acaba de publicar una carta abierta dirigida a autoridades, organizaciones y ciudadanía, en la que se plantean cinco puntos clave para mejorar la gestión del agua en la ciudad. A continuación, sintetizo dichas propuestas, que suscribo plenamente.

En primer lugar, se plantea la necesidad de cambiar el modelo de gestión del agua. El sistema actual ha mostrado limitaciones importantes: falta de continuidad, decisiones sujetas a los ciclos políticos y ausencia de una planeación de largo plazo. Lo que se propone es avanzar hacia un esquema más técnico, profesional y estable, capaz de sostener políticas más allá de los cambios de administración. No se trata de inventar el hilo negro, sino de adoptar prácticas que ya han demostrado su eficacia en otras ciudades. Esta es la columna vertebral de la propuesta de cambio.
El segundo punto es quizá el más crítico: urge realizar una auditoría de pérdidas de agua. Hoy, la ciudad pierde una proporción inaceptable del recurso que introduce al sistema. No es exagerado decir que no se sabe a dónde va a dar más de la mitad del agua que se bombea a la ciudad. Este dato, por sí solo, debería encender todas las alarmas. Sin información precisa sobre dónde, cómo y cuánto se pierde, cualquier política será incompleta. La auditoría no es un lujo técnico, es una condición indispensable para actuar con inteligencia. Esta medida se pagaría sola con el aumento de la eficiencia que se derive de ella.
En tercer lugar, se insiste en avanzar de manera decidida en la micromedición y el uso efectivo de los sectores hidrométricos. Actualmente los avances en la medición se aprecian erráticos y sin método. Medir el consumo no es un asunto administrativo menor: es la base para gestionar el recurso, detectar fugas, incentivar el ahorro y mejorar la eficiencia. Hoy, una parte importante de las tomas no cuenta con medición efectiva, lo que distorsiona todo el sistema. Sin medición, no hay control; y sin control, no hay gestión.

El cuarto punto aborda un tema sensible para la ciudadanía: la calidad del agua. En las últimas tres décadas, los hermosillenses han perdido la confianza en el agua de la llave, lo que ha generado un gasto adicional en agua purificada para las familias. La demanda es clara: información transparente y confiable sobre la calidad del agua, y, en su caso, garantías para su consumo.
Finalmente, el quinto punto se refiere al tratamiento y reúso de las aguas residuales. La planta tratadora del poniente de la ciudad enfrenta limitaciones que deben resolverse con urgencia. El reúso del agua tratada no es solo una opción ambientalmente responsable, sino una necesidad estratégica en una ciudad con condiciones de aridez extrema. Cada litro que se reutiliza es un litro que no se extrae de fuentes cada vez más presionadas. Urge que se aproveche el agua tratada para reducir la huella hídrica de la ciudad.
Hermosillo no puede seguir normalizando la ineficiencia y la pérdida de agua. No es aceptable que en un contexto de sequía recurrente y alta presión sobre las fuentes de abastecimiento, se continúe perdiendo una parte tan significativa del agua disponible. El agua y el saneamiento no son un servicio público más: son la base del bienestar, de la actividad económica y de la viabilidad misma de la ciudad. Hermosillo, si quiere seguir siendo competitiva y aspirar a ser sustentable, necesita emprender cambios de fondo en la gestión del agua.


