Del agua de drenaje al campo, entre dudas sanitarias y costos crecientes
Maribel Pallanez Murrieta
¿Qué ocurre cuando el agua que sostiene un campo proviene del drenaje de una ciudad y, después de ser tratada, se vuelve difícil de pagar?
Durante buena parte del siglo XX, el agua de la presa Abelardo L. Rodríguez sostuvo la agricultura que existía en los límites urbanos de nuestra ciudad. En 1949 se formalizó el Distrito de Riego de Hermosillo, ubicado al suroeste de la ciudad e integrado por los ejidos Villa de Seris, La Yesca y La Manga, además de pequeñas propiedades agrícolas. 1 Desde entonces, la historia de estos campos quedó ligada a la del embalse, mientras el crecimiento de la ciudad aumentaba la demanda de agua (Pallanez Murrieta, 2002).
Con el paso de los años, esa relación se tensó. La Ley Federal de Aguas de 1972 estableció la prioridad de los usos domésticos y los servicios públicos urbanos sobre el riego agrícola (Ley Federal de Aguas, 1972, art. 27). En 1980, los agricultores reclamaron la disminución del agua destinada a sus parcelas y consiguieron una dotación extraordinaria para el ciclo invernal. El alivio fue temporal. Ante la imposibilidad de mantenerla, el gobierno estatal propuso aprovechar las aguas negras de Hermosillo para el riego agrícola de la zona (Pallanez Murrieta, 2002).
La propuesta parecía ofrecer una salida. Una ciudad más grande produciría más aguas residuales y, con ellas, podría mantenerse la actividad agrícola. En los canales comenzaron a coexistir agua de la presa, agua del drenaje y una mezcla de ambas. La dependencia del agua residual aumentó gradualmente hasta que, a partir del ciclo primavera-verano de 1996, toda la superficie agrícola del Distrito de Riego tuvo que ser regada solo con aguas negras (Pallanez Murrieta, 2002).

Pero sostener las siembras tuvo consecuencias. El flujo dependía del ritmo de la ciudad y dificultaba planear el riego. Además, las restricciones sanitarias sobre diversos cultivos, entre ellos tomate, zanahoria, calabaza y sandía, llevaron a los productores a concentrarse solamente en los forrajes para sostener la ganadería de la zona con la que producían leche y queso. El agua del drenaje de la ciudad permitía seguir trabajando la tierra, aunque reducía las opciones de quienes vivían de ella (Pallanez, 2002).
En diciembre de 2016 comenzó otro capítulo en esta historia. Entró en operación la Planta Tratadora de Aguas Residuales de Hermosillo, con capacidad de 2,500 litros por segundo. Agua de Hermosillo presentó el tratamiento del agua como una mejora de las condiciones sanitarias (Agua de Hermosillo, s.f); sin embargo, esa promesa deja abierta una pregunta para el campo. ¿Qué calidad tiene el agua cuando llega a las parcelas? La existencia de una planta no basta para responderla. Sin resultados de análisis en los puntos de riego, queda pendiente comprobar sus condiciones para el uso agrícola.
Una ficha conservada por el Comisariado Ejidal de La Yesca registra un convenio entre Agua de Hermosillo y SAGARHPA, fechado el 19 de diciembre de 2016. El documento consigna volúmenes de 13,824 millones de metros cúbicos para Villa de Seris, 7.68 millones para La Yesca y 3.84 millones para La Manga (Ejido La Yesca, s. f.). 2
La nueva etapa también trajo una preocupación que se mide en pesos. Según el Comisariado Ejidal de La Yesca (2023), antes de operar la planta, el millar de metros cúbicos costaba 23 pesos; en 2017 pasó a 90 pesos y posteriormente a 98. Para 2023, la ficha reportó una tarifa de 591 pesos, una oferta de descuento del 70% cuando la petición ejidal fue del 80%. Una anotación manuscrita en esa misma copia señala un costo de 190 pesos en 2024.

La historia deja una pregunta sobre quién puede beneficiarse del saneamiento. Tratar las aguas residuales es necesario, pero su aprovechamiento agrícola también requiere calidad comprobable en las parcelas, suministro suficiente y costos que permitan cultivar. Pagar más por el agua tampoco despeja, por sí solo, las dudas sobre lo que llega a los cultivos. El problema adquiere una dimensión de justicia ambiental cuando quienes dependieron del drenaje urbano encuentran dificultades para acceder al agua tratada.
Ante esto, queda en el aire la pregunta: ¿Cómo repartir los beneficios y los costos del saneamiento para que, cuidar la salud y el ambiente también permita sostener la vida en el campo?
La autora es Profesora-Investigadora de la Lic. en Ecología de la Universidad Estatal de Sonora, especializada en estudios socioambientales con participación comunitaria Integrante de la Red HCV.
1 El Ejido San Miguel se incorporó al Distrito de Riego en 1987.
2 Estas cifras describen lo asentado en la ficha, no acreditan por sí solas las entregas efectivas.
Referencias
- Agua de Hermosillo. (s. f.). Planta Tratadora de Aguas Residuales de Hermosillo (PTAR). https://aguadehermosillo.gob.mx/aguah/ptar/
- Comisariado Ejidal del Ejido La Yesca. (2023). Ficha informativa del costo del agua de millar para riego agrícola en el ejido La Yesca, del año 2023 [Documento interno no publicado con anotación manuscrita de 2024].
- Ejido La Yesca. (s. f.). [Ficha informativa no publicada de autoría no identificada]. Copia proporcionada por el Comisariado Ejidal de La Yesca, Hermosillo, Sonora, México.
- Ley Federal de Aguas. (1972, 11 de enero). Diario Oficial de la Federación. https://sidof.segob.gob.mx/notas/4793595
- Pallanez Murrieta, M. (2002). Valoración económica de los servicios ambientales sustentados por la presa Abelardo Luján Rodríguez: Los casos del agua y la fauna (1990–2000) [Tesis de maestría, El Colegio de Sonora].



