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Las negociaciones comerciales entre México y Estados Unidos se mantienen al margen de temas políticos y están enfocadas en asuntos técnicos como las reglas de origen y el acero, afirmó Marcelo Ebrard Casaubón, secretario de Economía. “El comercio tiene su esfera propia y es de tal tamaño los cambios que está haciendo Estados Unidos que monopoliza toda esta conversación de los que estamos en este sector”, señaló.
Ebrard explicó que en las conversaciones con Washington no han surgido las críticas del presidente Donald Trump al gobierno mexicano. Señaló que Estados Unidos redujo sus importaciones de México y Canadá, mientras aumentó las provenientes de algunos países asiáticos.
Sobre el T-MEC, informó que Estados Unidos ya “sacó la convocatoria para la revisión del tratado 2027, que empieza literalmente ya y a partir de enero”. Aunque la cuarta ronda prevista para septiembre fue aplazada, aseguró que las conversaciones continuaron. “Todo septiembre seguimos avanzando”, afirmó.
La ronda fue pospuesta por la agenda estadunidense y se estima que pueda realizarse en octubre. Ebrard señaló que el principal objetivo de México es reducir los aranceles de la sección 232, principalmente los que afectan a las industrias automotriz, del acero y aluminio.
Estados Unidos también analiza nuevas medidas comerciales que podrían aplicarse antes de terminar 2026 o a principios de 2027. El funcionario explicó que este “nuevo orden comercial” contempla cambios en aranceles y reglas de origen frente a países como Corea, Japón y la Unión Europea.
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Ebrard destacó que Estados Unidos acordó con esos países exportaciones de vehículos con arancel de 15 por ciento y sin reglas de origen, mientras México debe cumplir requisitos más estrictos bajo el T-MEC. Por ello, advirtió que México no puede tener aranceles más altos ni reglas más estrictas que sus competidores.
El secretario de Economía subrayó que la negociación con Estados Unidos es dinámica y de largo plazo, por lo que México debe mantener un seguimiento constante, defender sus argumentos y vigilar las decisiones de Washington. El objetivo es conservar la ventaja competitiva del país frente a sus competidores en el mercado estadunidense.



