Hermosillo, Sonora.- La forma en que madres y padres enfrentan sus propias heridas emocionales puede influir en la crianza de sus hijos.
Ante este escenario, el padre Yaco llamó a las familias a reflexionar sobre si están educando desde el miedo y el resentimiento o desde la confianza, el agradecimiento y el amor.
Durante una reflexión compartida en Proyecto Puente con Luis Alberto Medina, el sacerdote planteó que el acceso constante a información sobre situaciones de violencia y otros riesgos puede llevar a los padres a intentar proteger excesivamente a sus hijos, lo que consideró un error en la crianza.
“¿O estamos educando desde el miedo o estamos educando desde el resentimiento?”, cuestionó al invitar a las familias a revisar las motivaciones detrás de sus decisiones.
Explicó que el temor por la seguridad de los hijos puede llevar a los adultos a querer resolverlo todo y evitarles cualquier situación difícil.
Como alternativa, el padre Yaco propuso educar desde la confianza, apoyándose en una fe que permita a los padres reconocer que no pueden controlar todas las circunstancias.
También reconoció que muchas madres crían solas a sus hijos por distintas razones y pueden sentir que toda la responsabilidad de protegerlos recae sobre ellas.
El sacerdote señaló que otra actitud que puede afectar la crianza es el resentimiento hacia los propios padres o hacia las experiencias vividas durante la infancia.
Explicó que algunas personas, al recordar las restricciones o carencias que enfrentaron, buscan hacer lo contrario con sus hijos, incluso cuando eso significa permitirles todo.
Frente a ello, invitó a los padres a sanar sus heridas emocionales y aprender a agradecer su historia, sin que esto implique ignorar las experiencias dolorosas.
Consideró que reconocer las circunstancias en las que fueron criados puede ayudarles a evitar que sus frustraciones determinen la manera en que educan a las nuevas generaciones.
Para ejemplificarlo, relató el caso de un padre de familia que le compartió el resentimiento que sentía hacia su propio padre por haberlo abandonado.
Aunque el hombre expresaba dificultades para perdonarlo, el sacerdote lo invitó a reflexionar sobre cómo ese sentimiento podía afectar su capacidad de relacionarse con sus propios hijos.
El padre Yaco recomendó la oración como una vía para trabajar el perdón y la sanación personal, con el propósito de construir relaciones familiares más saludables.
Su mensaje final fue una invitación a que madres y padres revisen su propia historia y asuman la responsabilidad de sus emociones, pues criar desde la confianza y el agradecimiento puede ayudarles a evitar que el miedo y el resentimiento marquen la vida de sus hijos.



