
Por Arturo Fernández Díaz-González
Durante décadas, los estados fronterizos hemos estado en una competencia frontal y feroz por atraer inversión. Ofrecimos cercanía con Estados Unidos, parques industriales, incentivos fiscales y una fuerza laboral competitiva. La estrategia funcionó: se crearon miles de empleos y se convirtió a la frontera norte en una región altamente exportadora. Pero cada estado entendió y adoptó la estrategia a su manera. Baja California, Sonora y Chihuahua se enfocaron en vender mano de obra, mientras que Nuevo León, Coahuila y Tamaulipas entendieron que había que vender insumos y servicios también.


En los estados del oeste: Baja, Sonora y Chihuahua, se esperaba que las empresas locales se irían integrando, de manera espontánea, a las cadenas de suministro. Esto no era una alucinación, parecía tener sentido, evidentemente era el siguiente paso evolutivo y natural. Hoy, la competencia feroz y frontal se da en otro frente y se gana con otras dos métricas, venta de servicios, y venta de insumos.
Una fábrica puede ocupar metros cuadrados y contratar trabajadores locales, pero si está importando la maquinaria, los componentes, el software, la ingeniería, los insumos y los servicios especializados, solo una pequeña parte del valor agregado se queda en nuestro estado.

No hay mejor manera de explicar esto que comparando los resultados de los estados con datos del INEGI. Aquí el dato relevante son los pesos generados por empleado en manufactura de exportación.
- Nuevo León generó alrededor de 114 mil 600 pesos mensuales en insumos y servicios nacionales por trabajador IMMEX. Coahuila alcanzó 109 mil 600.
- Sonora llegó a solo 48 mil 700. Si nos sirve de consuelo, la situación de Chihuahua y Baja California es peor con solo 33 mil 400 y 27 mil 200 por empleo IMMEX respectivamente.

La mala noticia es que Nuevo León tiene 401 mil personas en manufactura de exportación, mientras que Sonora tiene poco más de 100 mil personas.

Si queremos hablar de integración nacional de insumos y servicios, veremos la misma historia. 38.1% en Nuevo León y 38.9% en Coahuila, frente a 20.4% en Sonora, 8.9% en Chihuahua y 2.6% en Baja California. Desgraciadamente la brecha es demasiado grande para ignorarla.
- El noreste construyó durante décadas una red empresarial capaz de vender acero, productos metálicos, maquinaria, logística, ingeniería y servicios a la gran industria.
- El noroeste fue extraordinariamente exitoso en vender localización y mano de obra, pero mucho menos en integrar a sus empresas dentro de las cadenas de suministro.

Este diagnóstico nos debe de llevar a responder la gran pregunta: ¿Qué hay que hacer?
Hermosillo tiene una oportunidad excepcional para cambiar esa historia. La planta Ford y sus proveedores Tier 1, la industria aeroespacial, la minería, la agroindustria y la cercanía con Arizona crean una demanda difícil de ignorar. Lo que falta es convertir esa demanda en oportunidades aprovechables y financiables para las empresas locales.

- La ciudad necesita un programa permanente de desarrollo de proveedores que comience con información, no con discursos.
- Las grandes plantas deberían publicar, bajo mecanismos de confidencialidad adecuados, categorías de compra, especificaciones, volúmenes y brechas de proveeduría.
- Después habría que diagnosticar a las PyMEs, acompañarlas en calidad y certificación, financiar maquinaria y capital de trabajo, y asegurar encuentros técnicos con compradores, no sólo exposiciones comerciales.
- También debemos escoger especialidades. Hermosillo no tiene que producir todo. Puede construir campeones ocultos en maquinado de precisión, moldes y herramentales, automatización, mantenimiento de robots, soldadura electrónica, software industrial, empaques especializados, cadena fría, sensores para minería y componentes para almacenamiento de energía. Empresas que casi nadie conozca, pero que sean indispensables para sus clientes.
- Finalmente, cada anuncio de inversión debería informar no sólo empleos y monto comprometido, sino metas de compras locales, proveedores certificados, salarios, formación técnica y transferencia de capacidades.
- Los incentivos públicos deberían premiar la integración de empresas locales, no únicamente la llegada de una nueva inversión, o empresa.
Si Hermosillo, y Sonora sigue estos pasos, podría estar implementando una política pública acertada para caminar de manera decisiva en dirección de desarrollar e integrar a las empresas locales a las cadenas de suministro, y asi alcanzar y después rebasar a los otros estados de la frontera.
Sonora debe elevar la mira en cuanto a atracción de inversión. El verdadero triunfo ocurre cuando una planta extranjera ayuda a que nazcan empresas locales, cuando un proveedor local comienza a exportar y cuando el conocimiento permanece en la localidad, incluso si algún día la planta cambia de dueño o de ubicación. La inversión extranjera que llega suma, pero la empresa local que nace multiplica.

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El autor es Empresario. Presidente de Sonora Global. Coordinador de la Mesa de Desarrollo Económico de HCV.




