Quien fuera uno de los mayores criminales en la historia moderna de México, líder y arquitecto de una poderosa organización delictiva que ha cobrado la vida de decenas de miles de personas ya sea por las drogas que trafica o las personas que directamente asesina, le recomendó hoy a las “nuevas generaciones” que “tomen un camino distinto al de la violencia”.
Visiblemente afectado por problemas de salud física y mental, el otrora poderoso capo Ismael Mario Zambada García, mejor conocido como “El Mayo”, se presentó por última vez ante la Corte federal de Brooklyn con un mensaje de aparente perdón, redención y arrepentimiento.
“Me presento ante la Corte para reconocer, sin rodeos, que mis actos han causado un gran daño. Acepto la responsabilidad de todos ellos. No hay justificación para lo que hice. Elegí el camino equivocado”, dijo Zambada frente al juez Brian Cogan instantes antes de que le dictara sentencia.
No había suspenso en la pena. La prisión de por vida se oficializó en voz del juez a las 11:00 de la mañana. Era la única alternativa para la gravedad de los crímenes cometidos por Zambada. Pero antes de su veredicto y como corresponde en estos casos, el juez le permitió dirigirse a la Corte para leer un mensaje. Tal vez las últimas palabras que se le conozcan al capo en vida.
Sin rodeos, sin aspavientos, en un tono taciturno, Zambada dijo que “aceptaba el castigo” que se le impondría y dijo “sentir” el daño que sus acciones han causado.

Afirmó que no era excusa el haber crecido en un entorno de violencia. Luego, tras una breve pausa, el capo pareció cambiar su papel de criminal confeso al de consejero.
“La violencia debe acabar en México… se pierden demasiadas vidas, se destruyen familias… se arrastra a los jóvenes a la muerte. Nadie ganará esa guerra… a las nuevas generaciones les digo que no hay honor en la violencia… elijan otro camino distinto al de esa violencia”, remató en la parte final de su discurso.
Tras reiterar que su destino no será otro más que morir en una prisión, el fundador del Cártel de Sinaloa cerró su intervención diciendo que pasará el resto de sus días reflexionando sobre los hechos cometidos en vida.
¡Ay cabrón!
A la audiencia celebrada en la sala número 10A, ubicada en el décimo piso de la torre sur de la Corte Federal en Brooklyn, Zambada se presentó vestido con el uniforme color caqui de los internos presos en Nueva York. Aunque apareció sin cadenas ni esposas y vistiendo unos tenis blancos con tres franjas negras de un tradicional modelo de marca deportiva, el caminar del capo hacia su lugar fue lento y en apariencia tortuoso. Aunque no fueron más de tres metros, al alcanzar la posición parecía como si acabara de subir una escalera.
“¡Ay cabrón!” soltó Zambada al dejarse caer sobre la silla, con un tono y entonación que cualquier mexicano reconocería con los ojos cerrados.
El resto de la audiencia, salvo momentos puntuales como la lectura de su mensaje, los pasó medio inclinado y apoyado en su brazo derecho con una incomodidad manifiesta.
No solo en lo físico, sino también en lo mental lució afectado. Aun con una traducción simultánea, en un volumen alto hacia un audífono colocado directo en su oído derecho, Zambada pareció tener problemas para entender ciertos momentos de la sesión. En dos ocasiones dijo a su abogado que necesitaba que todos hablaran más lento.
La única petición planteada directamente ante la Corte por la defensa, y para la cual los fiscales no mostraron mayor oposición, es que se le permita a Zambada, de 76 años, cumplir su condena de por vida en un centro penitenciario con instalaciones médicas adecuadas para los distintos padecimientos crónicos que enfrenta.
Los registros médicos que detallan esos padecimientos se mantienen en secreto. Sin embargo, en dos ocasiones el juez Cogan hizo referencia a trastornos “físicos y mentales” degenerativos, lo que parecería confirmar las dificultades de comprensión que mostró por momentos.
En ese contexto, el juez Cogan anunció que recomendaría tomar en cuenta las condiciones de salud del capo para definir el lugar de su reclusión, no sin antes hacer notar a los fiscales que la decisión de Zambada de declararse culpable les ahorró un juicio que, por su nivel criminal, habría sido necesariamente largo y complejo.

“No se trata de darle un premio al acusado por ello”, aclaró Cogan, “pero es algo que les pido tomen en cuenta”, remató el juez.
No es un “soplón”
Antes de concluir la audiencia, el abogado Frank Pérez recalcó que su cliente decidió tomar un acuerdo “atípico”, pues además de aceptar sin trabas la máxima sanción posible, decidió no colaborar ni aportar información alguna sobre las redes de corrupción que construyó a lo largo de su carrera.
El defensor recalcó, explícitamente, que Zambada no ha presentado ninguna denuncia, no está cooperando con otras indagatorias y no ha testificado contra funcionarios o exfuncionarios. Es como si el litigante hubiera querido dejar constancia, on the record, de que Zambada “no es un soplón”, a diferencia, por ejemplo, de los hijos de El Chapo que lo traicionaron.
En una carta posterior firmada por el capo, dada a conocer por el periodista Ángel Hernández en MILENIO, Zambada incluso dijo que si las autoridades mexicanas consideran que debe cumplir su castigo en México, es decir, si hubiera una solicitud de deportación o extradición de por medio, se someterá a la voluntad de nuestro país “sin mayores condiciones ni expectativas”.




