
Fue en 1988 cuando un sector de la opinión pública hablaba de expedirle el acta de defunción al Partido Revolucionario Institucional (PRI), al experimentar éste la fractura más importante de su historia: el hijo del expresidente Lázaro Cárdenas,Cuauhtémoc, aceptó postularse como candidato presidencial por el Partido Auténtico de la Revolución Mexicana (PARM), llevándose con él a un importante grupo de priistas que influyeron notablemente para tratar de unificar a las izquierdas en 1989 con la formación del Partido de la Revolución Democrática (PRD). Ese mismo año, el PRI perdió la primera gubernatura —la de Baja California— en manos del Partido Acción Nacional con Ernesto Ruffo Appel.
Sin embargo, el PRI se repuso en la elección intermedia de 1991 ganando 290 de los 300 distritos electorales federales.
En 1994 volvieron las versiones sobre la defunción del PRI tras el asesinato de su candidato presidencial Luis Donaldo Colosio. Un sector de la opinión pública culpó al PRI y al expresidente Carlos Salinas del crimen. Sin embargo, en la elección de agosto de 1994 el priista Ernesto Zedillo ganó la presidencia con el porcentaje de participación popular más alto registrado hasta la fecha: 77.8%.
En el año 2000, tras la elección de Vicente Fox como presidente de México y la derrota del candidato priista Francisco Labastida, surgió nuevamente la teoría del acta de defunción del PRI. “Ahora sí”, alegaban algunos de sus críticos para justificar sus predicciones.
En 2006 parecía que esas predicciones se cumplirían cuando el candidato presidencial del PRI, Roberto Madrazo, quedó en tercer lugar, detrás de Felipe Calderón del PAN —quien ganó la elección— y de Andrés Manuel López Obrador, de la alianza de izquierdas, que perdió con una diferencia mínima de 0.56% en una contienda tan competida que las izquierdas aún señalan como fraudulenta y llaman “espurio” a Felipe Calderón.
Algo pasó con las expectativas de cambio generadas por los gobiernos del PAN, que perdieron la elección de 2012 ante el candidato priista Enrique Peña Nieto. Solo duraron doce años en el poder. No hicieron cambios de fondo en el sistema político, y sus conflictos internos —derivados de las tensiones sucesorias (Creel vs. Calderón, Cordero vs. Vázquez Mota) y del desplazamiento de cuadros panistas— generaron inconformidades no resueltas que echaron por tierra su idea de permanecer en el poder más de “cuatro sexenios”, como ellos mismos sugerían a quien quisiera escucharlos.
Peña Nieto comenzó muy bien su gobierno con un amplio programa de reformas estructurales que vitalizaron al sistema político y fortalecieron la viabilidad de México en el contexto internacional.
Sin embargo, al presidente Peña Nieto le ganó la frivolidad —en los asuntos personales, políticos y de gobierno— y un equipo de trabajo muy provinciano que echó por tierra la posibilidad de ampliar el dominio del PRI en el sistema político. Todo hace pensar que al retrasar hsta el último la nominación del candidato Presidencial del PRI, Peña Nieto le hizo el juego a las izquierdas.
López Obrador ganó en 2018 con un partido político fundado apenas en 2014, que había disputado su primera elección federal y algunas locales en 2015. Venció ese año por amplio margen a los candidatos del PAN, Ricardo Anaya, y del PRI y sus aliados, José Antonio Meade.
López Obrador no dudó en cancelar el proyecto del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, que ya estaba en construcción, ni en echar abajo la reforma educativa y otras impulsadas por el presidente saliente Enrique Peña Nieto, quien prefirió abandonar el país y residir en España, antes que quedarse a defender los proyectos que impulsó durante su gestión.
En ese momento, y de nueva cuenta, un sector de los analistas y la opinión pública predijo la muerte del PRI, argumentando que Morena —el nuevo partido en el poder— se había nutrido de una amplia variedad de exmilitantes priistas. Los anunciados cambios y transformaciones proclamados por quienes llegaron al poder en 2018 no pasaron de buenos intentos y demasiados problemas sin solución, muchos de ellos vigentes hasta hoy.
El PRI fue perdiendo gubernaturas hasta quedar con solo dos: Durango y Coahuila; pero mantuvo presencia en los municipios, los congresos locales y el Congreso de la Unión. Así superó los retos electorales de 2021 y 2024, y se prepara para dar la batalla en 2027. No le fue mal en elecciones locales en Durango, Veracruz y, recientemente, en Coahuila.
En Coahuila el PRI ganó los 16 distritos locales. El PAN, Movimiento Ciudadano y el Partido Verde Ecologista perdieron el registro local: por ese motivo no tendrán prerrogativas ni diputados de representación proporcional en la entidad en los próximos años.
Al PRI le ganó a Morena dos a uno en los 16 distritos. Con una participación electoral del 51% —alta para una elección de solo diputados locales—, el PRI obtuvo el 51% de los votos, contra 22% de Morena, 5.8% de Nuevas Ideas, 1.9% de MC, 2.1% del PAN, 3.26% del Partido del Trabajo y 2.6% del Verde Ecologista.
La primera lección para el PRI es que un buen gobierno puede traducirse en votos cuando la ciudadanía está satisfecha con él. El tema de la seguridad es clave: Coahuila y Yucatán figuran como los estados más seguros del país. En materia de programas sociales, Coahuila cuenta con casi 800 mil beneficiarios y, sin embargo, Morena obtuvo menos de 300 mil votos. ¿Se cansaron de votar por presión los beneficiarios de esos programas?
Para el PAN y MC la lección es clara: ¿seguirán sosteniendo que no quieren saber nada de alianzas? ¿Creen realmente que podrían enfrentar solos a Morena en los 300 distritos federales y en las 17 gubernaturas que estarán en juego en 2027? ¿Dónde quedaron las proclamas del partido que se decía el más fuerte de la oposición en México (PAN) y el de mayor crecimiento electoral de los últimos años (MC)?. Para Morena la lección también es clara: el desgaste político por los escándalos recientes vinculados al narcotráfico, el huachicol, la relación con Estados Unidos y los mensajes de cerrazón y polarización se cobran, y se cobran caro. Más allá de las denuncias de los perdedores, la ventaja del PRI en los 16 distritos es tan amplia que resulta difícil pensar en anulaciones, aun cuando Morena cuenta con los tribunales a su favor. Sin embargo, el PRI ni el resto de las oposiciones deben confiarse.Morena sigue siendo un partido de Estado con todos los recursos públicos a su disposición y con las reformas que pretenda para tratar de quedarse en el poder algunos años más y aprovechará la lección de Coahuila para preparar la elección del 2027 porque ahí se jugará el futuro de la Cámara de diputados del Congreso de la Unión. Así lo hicieron en 2021 cuando quedaron 3 millones de votos abajo de sus adversarios. Otra lección.
Una buena noticia para el PRI y un mensaje directo para sus críticos. Señales inequívocas también para el PAN y Movimiento Ciudadano. Lo afortunado es que todo esto ocurre a un año del próximo proceso electoral. Ojalá se aprenda la lección y no se olvide la historia.


