Cuando vayas a ver la película El Drama (Borgli Kristoffer, 2026), puedes esperar de todo, menos salir con ganas de casarte. Este salto en el género del cine, para el nuevo Batman, de vampiro roba suspiros adorador de Bellas adolescentes, es un terreno nuevo, al ver a un Robert Pattinson representando a un joven que ve a una joven, completamente desconocida, en una cafetería, y decide acercarse de manera cándida para invitarla a salir.

Casi a manera de formato de Cuando Harry conoció a Sally (Reiner, Rob. 1989), pero sin la madurez de la amistad adulta y la transparencia de la conexión honesta, es precisamente esa inmadurez actual, lo que se contrasta en estos dos jóvenes comprometidos a casarse: Emma y Charlie (Zendaya y Robert Pattinson, respectivamente).

No es en balde la historia se centra no en las coincidencias y la atracción de los personajes, sino en los preparativos y organización de la boda, a unos días de que se lleve a cabo el magno evento. El estrés de la planeación y todo lo que despierta y representa para la pareja; sus familias y su círculo de amigos cercano, se remueve y aflora el caos.
En la primera parte del film, se nota esa falta de sincronización entre la pareja principal. Si partimos de un ensayo para el baile de novios, donde Emma fluye con facilidad y paciencia, y en cambio Charlie, se nota algo torpe e incómodo, pero accediendo porque es parte de lo que se espera en una típica boda, las tensiones van escalando sin detenerse, cual bola de nieve que recoge y arrasa con todo a su paso.

Bajo la premisa, ¿Qué tan bien conoces a tu ser amadx?, más bien lo que vemos es el reemplazo por la duda constante, a forma de cuestionario cliché de una revista de vanidades: “¿Cuál es tu red flag?”, “¿Qué ves como el mayor deal breaker?”, “Delimita tus límites sanos y no negociables…”
Todas estas dudas hechas predestinadas a reducir todo al ¨autocuidado¨; “Sino te da paz ahí no es”, “Si te incómoda no es para ti”, “El universo tiene algo mejor en tu futuro….” Lo que deja al futuro constante idealizado inalcanzable y rechazando la posibilidad de la imperfección en el otre al admitir un impulso, deseo o pensamiento destructivo, cualquier emoción negativa propia del ser humano.
En ninguna de esas frases hechas de manera evitativa se oye algo de intento de compresión ni trabajo, porque “si es difícil no es para ti”, cuando si es difícil hay que trabajarlo, en lugar de descartarlo. Por algo llegaron hasta donde están, porque si el objetivo no es seguir avanzando, entonces, ¿cuál es? Esto es justo lo que muestra el -hoy en día polémico por decir lo menos-, director Kristoffer con The Drama.
¿Qué es lo peor que has hecho en tu vida?
En una reunión de la futura pareja en una prueba de vinos para la cena del gran día, acompañados por otra pareja, amigos cercanos a Charlie, comienzan a decir cosas que han hecho, bastante reprobables en su juventud, mismas que entre ellxs mismxs se justifican; “eras un adolescente, de seguro todo esta bien, no sabias lo que hacías, todo está bien…”, reconfortando y sin reparar en el daño causado a terceros, a costa de la inmadurez por ser menores.

Nada se toma en serio, hasta que la protagonista, mujer, de raza negra y recién incluida al círculo social, del novio y solo por ser la futura esposa, comienza a ser auditada por la supuesta amiga y dama de honor: Rachel.
Emma sufre toda descalificación posible por parte de los amigos del novio, y obviamente del novio mismo en cuestión, que tampoco esta libre de culpa, entre los testimonios de actos criminales.

Desde que Emma se sincera sobre lo peor que pensó hacer en su vida, ya no la ven igual; la cuestionan y la juzgan de una forma cruel y severa, cuando en realidad ella fue la única que realmente confesó remordimiento ante sus meros pensamientos de realizar algo detestable, que nunca llevó a cabo, a diferencia del resto.
Su supuesta mejor amiga, Rachel, la ataca ahí mismo y no deja de sobre poner un prejuicio, sobre todo con una auto adjudicada superioridad moral, que nadie en ningún momento cuestiona, ni siquiera el mismísimo futuro esposo presente.
El personaje de Rachel, interpretado a la perfección por Alana Haim, es sin duda el más interesante. Porque al momento de hablar de su peor acción en su adolescencia, además de no demostrar ni un mínimo de remordimiento ni culpa, sino al contrario, sonríe en todo su relato y hasta se contradice al contarlo.

Porque en su caso, más que una broma o travesura, lo que hizo, sabe que es de lo peor y da la sensación de haber tenido un desenlace fatídico para su víctima. Rachel cuenta con soltura y a media sonrisa, que llegó a acosar a un vecino de la infancia, un menor de capacidades limitadas, al grado de dejarlo encerrado en un closet de una casa completamente solo y a su suerte. Lo deja ahí sin avisarle a nadie, ni averiguar si alguien encontró al niño, vulnerado de una de las formas más crueles.
A partir de ese momento, Rachel desvía su obvia responsabilidad y consecuencias de la conversación. Cuando Charlie cuenta que también fue un acosador, con consecuencias devastadoras para su víctima y su familia, de la misma manera lo excusan y le libran de toda culpa. Pero cuando llega el turno de Emma, Rachel se vuelve especialmente ofendida. Exige explicaciones, y se vuelve más colérica y evidentemente desaprobatoria ante cada palabra que pronuncia Emma, cual verdugo ante la ya condenada a la horca, por un acto que jamás cometió.

Entre las explicaciones que sus detractores y evidentes castigadores no lograron escuchar de parte del personaje representado por Zendaya, es que ella era la contraparte del cómo se siente y vive, quien sufre el estrés post trauma del aislamiento, rechazo y acoso escolar durante la época de la adolescencia.
Emma de 16 años, con una posible depresión, al ser víctima de acoso escolar, se encontraba en un ambiente donde era excluida y molestada por sus compañeres. Era la alumna nueva en la escuela, en un estado conocido por su racismo, sobrevivía sola en su casa la mayor parte del tiempo, sin la debida atención, lo que la lleva a obsesionarse con la muerte, y la idea de matarse a ella misma con una escopeta, en medio de la escuela en un acto de violencia masivo donde podría lastimar a otres, pero que sin embargo, nunca llega a realizar, y aún así la comienzan a ver y tratar como una criminal y punto de condena.
Can we start over? Charlie, al modo del privilegio blanco, falla en todos los aspectos con su prometida. Como su amante y pareja, próximo a dar por legitimado su compromiso ante un contrato civil en una ceremonia pública, ósea la boda, cuestiona a Emma con las preguntas más ridículas y cringe que pueden ocurrírsele a alguien sin el mínimo de perspectiva.


¿Qué te orillo a sentir que tenías que hacer algo así? y, más importante, ¿Qué te hizo no hacerlo…? Son las preguntas claves que ninguno de los personajes enterades le hacen a la confesa futura novia. En especial de quien se esperaría su más cercano, amor de su vida y futuro compañero de vida, Charlie.

Al contrario, se obsesiona con el tema, le busca más fallas a su hermosa y casi perfecta esposa; con un casi que ahora le pesa toneladas, se obsesiona con el tema, tal como en una escena le advirtió que lo haría el personaje de Emma.
Se niega a una verdadera comunicación sobre el suceso, justifica sus arrebatos, le es infiel, no la respalda ni es empático y la ve como una asesina serial en potencia, falta de empatía. Todas esas fallas que ya reconoció tener él mismo y el resto de su círculo cercano también, y no detuvieron su impulso y llevaron a cabo actos atroces.
Por el contrario, sentencian a Emma al ser incapaces de comprender como expone su vulnerabilidad, sin justificaciones; acepta sus fallas sin anteponer sus circunstancias, edad, dolor y aislamiento. Hace enmiendas y no olvida ni por un momento la responsabilidad que tiene de cargar, por el dolor que pudo haber causado, en aceptar y perdonar las fallas de quienes sí los cometieron, al pedir y pedirse a sí misma, si pueden empezar de nuevo, las veces que sea necesario.



