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martes, mayo 26, 2026

Eusebio Francisco Kino: tricentenario de su muerte fue ocasión para recobrar su humanismo

Héctor Rodríguez Espinoza
Doctor en Derecho, catedrático desde 1969 del Departamento de Derecho de la Universidad de Sonora. Editorialista y autor de 25 libros de Jurisprudencia y Cultura, Ed. Porrúa y Editorial Académica Española. Expresidente del Consejo de Certificación Barra Sonorense de Abogados. Profesionista distinguido 2013 y 2016.

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Ensayo, 1° de dos partes.

I. En el año 2011 se celebraron trescientos años de la muerte de Eusebio Francisco Kino. Por ello, las sociedades del noroeste de México y del suroeste de Estados Unidos, y sus respectivas autoridades civiles y religiosas, tuvieron la oportunidad y obligación de conocer más a fondo, por encima del conocimiento vulgar, prejuiciado y superficial de este noble personaje de la cultura americana, su vida y su obra, realizada en una época importante para el proceso de aculturación cristiana-occidental, que se extiende hasta nuestros días.

Con anterioridad, en 1987, con motivo de los 300 años de su arribo a Sonora, el Gobierno del Estado, con anticipación, formó un comité organizador de festejos, presidido por el culto Notario Juan Antonio Ruibal Corella, que coordinó la celebración de múltiples actividades, principalmente de carácter cultural –emisión de timbre y monedas conmemorativas, Simposio Binacional, reimpresión de libros sobre su figura y mural alegórico en su monumento en Magdalena-, así como eventos recreativos y deportivos. El Jefe del Ejecutivo expidió un decreto acordando como obligatorio el uso en la correspondencia oficial que se expidió durante ese año, de una leyenda: “Año del tricentenario del arribo de Eusebio Francisco Kino a Sonora”. 

Las autoridades de la iglesia católica del Estado denominaron ese año como “Año del Padre Kino”, difundiendo una relación cronológica de los pasos previos de su llegada a este entonces inhóspito septentrión árido americano, y juzgado “en todo la providencia de Dios…” Ellas hicieron sus propias celebraciones.

II. Escenario histórico-cultural de Kino

            Eusebio Francisco Kino, aún cuando nació, vivió y desparramó sus virtudes en el siglo XVII, culturalmente fue un hombre producto del siglo XVI.

            De la importancia del siglo XVI para la evolución del espíritu humano –y la obra de Kino en la Pimería Alta fue, fundamentalmente, espiritual-, traemos a colación la reflexión de Vicente Riva Palacio:

            “Jamás el espíritu ha desplegado, con tan vigorosa energía, su poderosa actividad en todos sentidos: todo se creaba todo se reformaba, el mundo se conmovía en espantosa revolución,  atravesando por un periodo verdaderamente apocalíptico en el que parecían haberse dado cita sobre la tierra todas  las heroicas virtudes y todos los horribles vicios, para producir las acciones más sublimes y los crímenes más repugnantes, las obras de arte más suntuosas y las más lastimeras destrucciones, las teorías más avanzadas de libertad y de progreso, los descubrimientos más maravillosos en las ciencias y en las artes y las más ignominiosas doctrinas de despotismo y abyección y el más culpable empeño para extender la ignorancia y el oscurantismo.

Era el siglo de combate de todos contra todos. Luchas religiosas, políticas, sociales, literarias, científicas, descubrimientos y conquistas de países ignorados y desconocidos, reformas en las costumbres, en las legislaciones, en la religión, en la filosofía, todo lo traía y todo lo intentaba ese siglo que preparó con una evolución convulsiva y sangrienta, la geografía del mundo y el estado de los espíritus para recibir la semilla de la moderna civilización.

La conversión al cristianismo de tantos millones de hombres en el Nuevo Mundo y en tan corto periodo, coincidiendo con la separación de la iglesia católica de poderosas naciones en el antiguo continente, es un fenómeno tan singular y tan extraño que quizás no volverá a repetirse nunca; pero que bastara, por sí solo a hacer, del siglo XVI, el más notable de los periodos en la historia del espíritu humano”

            Por lo anterior, resulta interesante e importante el marco histórico cultural europeo en el que inscribió el momento del contacto de nuestras comunidades de naturales, con los militares españoles y misioneros religiosos jesuitas y su proceso inmediato de evangelización en el rincón de la entonces nación indígena Aridoamericana.

Situémonos en el periodo que comprende desde el año de encuentro de ambas culturas (1492-1530), y hasta la primera mitad del siglo XVI.

            Debe enfatizarse el significado, para la historia de nuestro planeta, de este inicio de una nueva etapa de la evolución humana, aserto realista. En efecto, según Jordi Nadal, para Michelet –entre los primeros-, el paso adelante se resume en el “descubrimiento del mundo y el descubrimiento del hombre”, pues la reforma religiosa proclamó  la autonomía de la conciencia individual, precursora del libre pensamiento”.

Para Marx –entre los segundos-, “lo novedoso se concreta en las trincheras conquistadas en el combate por imponer el modo de producción feudal”.

            Esta nueva etapa fue el origen lejano de la Revolución Industrial Inglesa y de la Revolución Política Francesa, considerada, a fines del siglo XVII, como el triunfo del sistema capitalista.

            Nadal concluye: “Naturalmente la dependencia económica anduvo acompañada de la dependencia política y de la dependencia cultural. Por espacio de cerca de 300 años, el nuevo mundo ha sido la otra orilla del viejo nuevo mundo.

El océano atlántico, que une las dos riberas de la civilización occidental, ha desempeñado en la edad moderna el mismo papel que cumpliera el Mare Nostrum en la historia de Roma, Ha sido un segundo Mediterráneo”.

He aquí dicho marco:

En política y Religión.

            En el campo de la política, las guerras de Italia dominaron el panorama.

            En el de la Religión, el Papa Alejandro VI dicta la Bula Inter Coetera, que titula a España y a Portugal las tierras descubiertas en América.

 Erasmo de Rotterdam escribió el Elogio de la Locura, Lutero rompe con la Iglesia Católica, es acusado de hereje y la reforma religiosa se extiende; la Iglesia se separa de Roma; en París, Ignacio de Loyola, Francisco Javier y Diego Laines fundan la Compañía de Jesús; y se efectúa el Concilio de Trento, con el triunfo 48 de las tesis dogmáticas

Ciencias y Exploraciones

Se suceden los viajes de Cristóbal Colón y los de los de exploración de las costas americanas: Américo Vespucio afirma, por primera vez, la continentalidad de América y es llamada así en su honor; Hernán Cortés se enfrenta al Imperio Azteca; Martín Fernández de Enciso publica en Sevilla, la Suma de Geografía, primera obra que trata de Anatomía y la Gran Cirugía, y Copérnico termina su obra Sobre las revoluciones de los cuerpos celestes.

 Arte y Literatura

            En el Arte, Mantegna pinta la Madona de la Victoria; Sandro Boticelli pinta La Coronación de la Virgen y La Natividad; Leonardo de Vinci pinta La Cena y La Gioconda; Alberto Durero realiza una xilografía para ilustrar El Apocalipsis, pinta El Retablo de la Virgen del Rosario, su Autorretrato y El Adán y Eva, La Asunción de la Virgen, La madona del Palacio de Pitti y publica El Arte de la Medicina; Miguel Ángel esculpe La Pietá de San Pedro del Vaticano y El David, El Moisés y el Mausoleo del papa Julio II y pinta La Sagrada Familia y los frescos del Juicio Final; Giorgione pinta EL Concierto Campestre; Rafael pinta los frescos de La Stanze del Vaticano, los tapices de Los Hechos de los Apóstoles, Santa Cecilia y La madona de la Capilla Sixtina y sustituye a Bramante como director de las obras de San Pedro en Roma; Tiziano realiza los grabados del Triunfo de la Fe y El Lienzo de San Marcos, pinta La Asunción, La Virgen del Pesaro, San Pedro Mártir, San Jerónimo, El Retrato de Carlos V y su perro, La presentación  en el Templo Venus y Adonis y el Retrato Ecuestre de Carlos V; Andrés Sansovino pinta El Bautismo de Cristo; Mathías Grunewald pinta El Retablo de Isenheim y El Retablo de los Santos Mauricio y Erasmo Andrés de Sasto pinta La Asunción, la Disputa de la Trinidad y la Caridad; Corregio concluye La Madona de San Francisco, el Matrimonio Místico de Santa Catalina, La Madona de San Jerónimo y La Madona de San Jorge; Felipe De Bigamy pinta El Retablo de la Capilla Real de Granada y construye la cúpula de la Catedral de Burgos; Hans Halbein pinta La Danza de la Muerte, El retrato de Erasmo y El retrato de Giesze; Sebastiano Serlio publica Reglas generales de la Arquitectura; El Tintoretto realiza El Juicio Final y La presentación en el Templo; los arquitectos Goujon y Lescott empiezan la reconstrucción del Louvre de París; Andrea Palladios empieza la reconstrucción de la Basilina de Vicencia; y Vasari publica Vidas de Artistas.

            En el campo de la Literatura, se editan las obras de Aristóteles; La Celestina, de Fernando de Rojas; Adagios, de Rotterdam; Diálogo del Amor,  de león Hebreo; Poesías, de John Skelton; La Arcadia, de Jacopo Samnasaso; Orlando Furioso, de Ariosto; El Amadis de Gaula, de García Rodríguez de Motalvi; El Príncipe y el Arte de la Guerra, de Maquiavelo; Obras, de Platón; La Utopía y Diálogo sobre las herejías, de Tomás Moro; Introducción a la Sabiduría, de Luis Vives; y Pantogruel y Gargantúa, de Rebelais.

 Economía y Sociedad.

            Fray Lucas de Paseli publica su Suma de Arithmética; se funda las Universidades de Valencia y de Alcalá; Isabel de Castilla autoriza la introducción de esclavos negros en América; se funda la Casa de Contratación de Sevilla; se dictan las Leyes de Burgos, primer Código colonial europeo, estableciendo que los indios son hombres libres y que deben ser sometidos al Cristianismo; se crea en España el Consejo de Indias; se introduce la imprenta a México (1535); se funda la Universidad de Santo Domingo, primera del Continente Americano; se expiden las Cédulas Reales de la fundación de las Universidades de México y de Lima.

            La relación anterior –aunque lo pareciera- no es sólo una lista prolija y caprichosa de sucesos que, como lo asentamos al principio, constituyen el marco histórico-cultural europeo, en el que se inscribió el momento del contacto de nuestras comunidades de naturales con los conquistadores extranjeros. Si se interpreta bien, nos ofrece el ambiente de la civilización europea, preñado de valores cristianos (principalmente en las artes), en cuyas circunstancias nacieron, crecieron y se educaron –formal e informalmente- los dominadores, tanto militares como religiosos.

            Dicho bagaje y condicionante educativo debió haberlos influido, en más de un sentido, al enfrentarse a distintas realidades en el “Nuevo Mundo”. Aun considerando los distintos niveles educativos de la heterogénea composición de los expedicionarios, lo cierto es que de sus Relaciones e Informes a los gobiernos de España y a la Santa Sede, derivó la legislación y las políticas para proceder y consumar el dominio de las tierras y hombres “descubiertos”.

            Sea lo que fuere, esta es, a grandes rasgos, la rica composición de sucesos acumulados en los órdenes político, religioso, artístico, económico y social, acaecidos en apenas medio siglo -1492/1550-, en la civilización europea (sucesos inmersos ya en su propia y cargada inercia histórica).

Por una parte, vinieron a enmarcar el contacto de los españoles con los pueblos indígenas naturales de nuestro territorio septentrional; y por otra, nos permite comprender –sobre todo- el desventajoso, tardío, difícil y sui géneris proceso cultural de la mayor parte del noroeste de México, territorio al que Pérez de Rivas calificó como “gentes las más bárbaras y fieras del nuevo orbe” comparado, tanto con el de aquella abigarrada civilización europea, como con el de las llamadas “culturas superiores americanas”, principalmente las de Mesoamérica y las de los Andes.

            En 1987 se celebraron trescientos años del arribo a Sonora de Eusebio Francisco Kino. Por ello, las sociedades del noroeste de México y del suroeste de los Estados Unidos y sus respectivos gobiernos civiles y religiosos tuvieron la oportunidad y la obligación de conocer más a fondo –por encima del conocimiento vulgar, prejuiciado y superficial de este noble personaje de la cultura americana-, su vida y obra, realizada en una época cristiana-occidental, que se extiende hasta nuestros días.

            III. La figura del misionero trentino trasciende los límites de jubileos anuales, por necesarios que sean para recordar y divulgar –no vulgarizar- la memoria de todos aquellos hombres en el campo de la economía, de la política y principalmente de las humanidades. Deben ser estudiados y tenidos siempre en su justa dimensión de sobresalientes distribuidores a nuestra particular identidad cultural, fecundada e injertada, a partir de entonces, por otras civilizaciones con sus propias escalas de valores.

Existe una justificada discusión ideológica acerca de si los grandes episodios de la historia son obra de un hombre o resultado natural de procesos sociales, en los que aquel se encuentra inmerso.

Pienso que son los procesos sociales los que producen los grandes jalones de la humanidad hacia mayores y mejores estadios de civilización. Pero también que, como todo fenómeno humano, estos procesos son conducidos por protagonistas y/o antagonistas concretos, de carne y hueso, con inteligencias y corazones excepcionales. Excepcionales –sobre todo- porque ponen sus dones y sus dotes al servicio de las causas de sus semejantes, sin importar los sacrificios, el mayor de los cuales es el de la pérdida de la propia vida. Es entonces cuando surgen los mártires, los prohombres, los héroes, los semidioses y los santos.

Mucho es lo bueno y lo malo que las aproximadamente nueve generaciones de sonorenses que hemos nacido y vivido aquí, a partir de 1600, debemos a aquellos europeos, militares los primeros, religiosos otros, que por intereses de expansión imperialista del gobierno español, civil y católico, dominaron a nuestras etnias originarias que habitan las zonas Mayo, Yaqui, Ópata y Pima.

Para quienes de ellos vieron en estas tierras y hombres, sólo una fuente de ambición y saqueo de sus riquezas minerales, de explotación del trabajo indígena, incluyendo su conversión a esclavos para enviarlos a Veracruz y a Cuba a fortificar defensas marítimas, mi más profundo desprecio y razonado rencor histórico.

Pero, para quienes de ellos vieron en estas tierras y hombres, espacios de desarrollo económico socialmente repartibles y de redención de almas para convertirlos a las fe y religión cristiana, porque consideraron que su cultura gentil y pagana era “obra del demonio” –sin perjuicio de su invalidez histórica y científica de su tesis-, mi aprecio, respeto y gratitud.

Debemos presumir que en este segundo grupo se encontraba la gran mayoría de los misioneros religiosos de las Órdenes de jesuitas que cultivaron la conciencia de los grupos étnicos y sembraron semillas en una tierra tan espiritualmente fértil, cuya germinación es hoy día un fruto propagado y difícil de erradicar por medios no violentos.

Son muchos los misioneros que predicaron en estas latitudes. Entre otros, Gonzalo de Tapia, Martín Pérez, Tomás Basilio, Pedro Méndez, Francisco Oliñano, Cristóbal Villalta, Diego Vander Zippe, Martín Burgencio, Miguel Godínez Wandin, Pedro Pantoja, Diego de la Cruz, Lorenzo Flores, Andrés Pérez de Rivas, Bartolomé Castaño, Juan Nentuig, Sedelmeyer, Segsser, Och, Gestner, Pfefferkorn, Middevost, Eusebio Francisco Kino y muchos otros.

De entrada, importaría definir el verdadero carácter de Kino: lo llamamos colonizador, misionero, predicador y padre; expedicionario, explorador, congregador, fundador, humanista y civilizador.

En realidad, con excepción del primer adjetivo, corresponden a Kino todos estos títulos.

En efecto, no lo considero colonizador, en sentido estricto, porque éste es quien establece una colonia a través del “movimiento de población en un país (metrópoli) a otro, (colonia)”; y Kino –como veremos en el párrafo siguiente- lo que hizo fue reunir o congregar a la población indígena originaria, pero dispersa, en sitios comunales. (Claro que, en sentido amplio, como parte de un gobierno colonialista que estableció en otro país una colonia –nombre con el que, incluso, se conoce este período histórico nuestro-, Kino sí fue un colonialista).

Como miembro de una organización religiosa –la Compañía de Jesús-, le corresponden las cuatro siguientes cualidades, que ejerció de forma magnífica.

Los otros cuatro títulos los tiene también merecidos, ya que al buscar y encontrar las rancherías dispersas y grupos nómadas de la desértica Pimería Alta, los asoció y hermanó en Misiones, y fundó pueblos, muchos de los cuales existen hoy día.

Los dos últimos títulos mencionados son los que, a mi juicio, describen más propiamente al personaje. Al predicar, con el ejemplo, la enseñanza y adopción de un nuevo idioma, una religión, un régimen de propiedad de la tierra, un sistema de vida fundado en el mejoramiento del hombre y del pueblo al través de la educación mental y espiritual, y del trabajo, transmitió una civilización, la española, que a su vez era heredera de las tradiciones clásicas de Grecia y de Roma.

Aquí habría que acotar: el hecho de que admita que tanto Kino, como sus antecesores y sucesores, hayan sido los que trasplantaron una cultura, su cultura, no significa que aquí no haya existido alguna.

Había, cuando menos, dos regiones y tipos –y hasta arquetipos- culturales: la ópata-yaqui-mayo de la sierra y costas, más avanzados por su manejo de los cuerpos de agua, lo que les deba el carácter de agricultores incipientes; y la pima del desierto, que por carecer de ese vital líquido en forma regular y seguramente en busca de él, eran nómadas estacionales. Su frontera natural era el río San Miguel.

Desgraciadamente son muy pocos los testimonios que existen relativos a aquellas culturas pues –a diferencia de las pirámides, códices y otros magnos testimonios super pervivientes de las altas culturas mesoamericanas-, no nos legaron grandes monumentos materiales. Por otra parte, carecieron de escritura, y no sabemos de indígenas que, ya alfabetizados, hayan escrito sus impresiones y atestaciones sobre esos primeros tiempos de la historia precolonial y colonial de Sonora.

IV.  Resulta evidente que la figura de Kino destaca entre esa pléyade de sembradores de fe. Es curioso, pero, aunque resulta injusto para los demás, ello es así. Sus razones existen.

A esas razones, méritos y frutos está dedicada mucha de la atención del ámbito cultural de Sonora, de Arizona, de las Californias, de Italia y, ojalá del resto de México, de los Estados Unidos y de Europa. La Alta Pimería, unida hace pasados tres siglos por orígenes geo culturales, está hoy, desde hace 167 años, dividida en dos países vecinos, distintos y distantes, por razones geopolíticas. Pero las raíces y corrientes subterráneas de nuestros comunes orígenes, terminan por trasponer estos límites.

Eusebio Francisco Kino sigue siendo un hombre y un nombre muy familiar para nosotros. Sujeto y objeto de más honor y gloria de hoy en adelante. Incluso en contra de su propia voluntad. Fiel a sus votos de castidad, obediencia y pobreza, “he desires no honour and glory for himself” (no deseaba honor y gloria para el mismo), como afirmó la kinóloga Annamaria Kelly, en su ponencia La espiritualidad y carácter de Kino, en Congreso en Roma, en 1987. Él, muerto en forma pacífica, hubiera preferido este honor y esta gloria para el P. Francisco Javier Saeta, su joven compañero que fue muerto a flechazos en la Misión de Caborca, por Pimas de Tubutama, el sábado santo 2 de abril de 1695, y a cuyo sacrificio, muy sentido por Kino, le dedicó un libro: Inocente, apostólica y gloriosa muerte del venerable P. Francisco Javier Saeta. He aquí la Dedicatoria:

    “Mi Padre Provincial Diego de Almonacir.

     En 25 de julio de este año de 1695 en carta del  Padre Rector de este nuevo rectorado o misión de Nuestra Señora de los Dolores, Marcos Antonio Kappus, recibo las siguientes palabras que V.R. se sirvió de escribir al Padre Visitador Juan Muñoz de Burgos, diciéndole:

     “Ya considero la pena con que V.R. se hallará por la muerte del Padre Francisco Javier Saeta, quemazón de las iglesias, desprecio de las santas imágenes, etc., en esa cristiandad, y que los Padres estarán con mil deseos de lograr con su fervor igual suerte con su santo compañero. Pero contento el Señor con el Padre Saeta, quiere a los demás para la enseñanza de esas gentes, y que sea sin sangre más prolongado martirio en el contiguo riesgo de la vida y penosa tarea de su ministerio con su bruta terquedad.

“V.R. me los encomiende a todos de mi parte, y les signifique mi agradecida envidia a sus dichosos trabajos y venturosa suerte, muy conforme a los trabajos y vida apostólica, etc.”

Recibí esta carta de V.R. hallándome de calenturas; y ella fue para mí de tal especial consuelo que experimenté muy grande alivio de mis males y con la divina gracia con este consuelo y según espero con la intercesión del queridísimo venerable padre compañero, Francisco Javier Saeta, conseguí luego la cumplida salud. Y yo, por lo que me toca, quedo y quedaré mientras viviere, tan agradecido a la tan grande, santa y finísima caridad de V.R. para con éste su inútil y mínimo súbdito que, alentándome en mis multiplicados dolores y desconsuelos de ver tantos atrasos en estas tan dilatadas nuevas conversiones, con muy rendido afecto ofrezco y dedico a V.R. este breve tratado del martirio e inocente, apostólica y gloriosa muerte de mi santo compañero (como V.R. le llama), Francisco Javier Saeta.

Añado sus dictámenes apostólicos y juntamente un mapa universal de todas estas misiones de nuestra Compañía intitulado “Teatro de los trabajos apostólicos de la Compañía de Jesús en la América Septentrional”; en el cual mapa o teatro universal, con especialidad se apuntarán los puestos o nuevas misiones donde, también, otros 16 Padres Misioneros han derramado su sangre por la fe católica en la predicación evangélica.

En otro libro más largo, dándome Nuestro Señor su santa gracia, trataré después de estas nuevas conversiones y de sus dilatadas nuevas relaciones y del “martirio sin sangre y más prolongado”, como V.R. dice, para el cual conserva su divina Majestad a  los demás Padres para la enseñanza de estas gentes en la penosa de su ministerio, tanto más meritorio, glorioso y ganancioso, cuanto más trabajoso, arduo, penoso y prolongado.

Y aunque a escribir este sangriento martirio me puede desanimar la cortedad de mi pluma, tanto más me alienta y obliga la pluma y las muchas continuadas cartas del venerable y santo compañero Francisco Javier Saeta, y la una, de la víspera del día de su glorioso martirio, con la muy especial comunicación que tuve con su Reverencia en estas nuevas conversiones; pues, por orden de los superiores, fui a dejarle en su nuevo partido de la Concepción de Nuestra Señora del Cabotca, nación del Soba y Pimería del poniente, donde, en breve tiempo, trabajó con tan fervorosa y apostólica caridad que consumatuis inbrevi explevit tempora multa.

Amando su Reverencia entrañabilísimamente a sus queridos hijos, y siendo recíprocamente muy bien quisto y querido de ellos, como es notorio y consta evidentemente de sus propias y repetidas cartas que me escribía, y las pondré en su lugar, en este tratadito, al pie de la letra; y me consta que su Reverencia lo ha escrito y dicho de palabra también a muchos otros y a los superiores inmediatos y mediatos en las misiones y fuera de las misiones. Pero otros malévolos, y no sus hijos, le quitaron la vida temporal, coronándole con la inmoral gloria de la celestial.

El Misionero divino que desde los cielos nos la vino a predicar y enseñarnos la conceda a todos; y me guarde a V.R., como deseo y hemos menester, encomendándome en sus santos sacrificios y santo amparo, con todas estas nuevas conversiones.

Nuestra Señora de los Dolores, y septiembre 20 de 1695 años.

Muy siervo y súbdito de V.R.,

Eusebio Francisco Kino. 

(Continuará)

Aviso

La opinión del autor(a) en esta columna no representa la postura, ideología, pensamiento ni valores de Proyecto Puente. Nuestros colaboradores son libres de escribir lo que deseen y está abierto el derecho de réplica a cualquier aclaración.

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