El apagón de internet en Irán cumplió este sábado 64 días y se ha convertido en uno de los temas más polémicos dentro del país, en medio de crecientes críticas por el impacto económico, las restricciones a la información y la aparición de un sistema de acceso privilegiado conocido como “internet pro”.
Mientras millones de iraníes permanecen prácticamente desconectados de la red global, sectores políticos, empresarios y ciudadanos han comenzado a cuestionar no solo el bloqueo, sino también quiénes sí pueden conectarse y bajo qué condiciones.
La más reciente señal de que el gobierno iraní no planea levantar pronto las restricciones vino del diputado ultraconservador Amirhosein Sabetí, quien defendió la medida argumentando motivos de seguridad nacional.
“Si el internet se restablece por completo, algunos mercenarios, incluso armados, podrían organizar concentraciones a través de estas mismas redes”, afirmó el legislador en un video difundido en redes sociales.

El diputado hizo referencia a las protestas antigubernamentales registradas en enero pasado, cuando millones de personas salieron a las calles para exigir el fin de la República Islámica. El gobierno iraní calificó aquellas manifestaciones como “disturbios” y “actos de terrorismo” promovidos por Israel y Estados Unidos.
Según la organización opositora HRANA, la represión dejó más de siete mil muertos.
Sabetí aseguró además que el corte del internet internacional fue ordenado por el Consejo Supremo de Seguridad Nacional debido a “condiciones de guerra” que, afirmó, continúan vigentes.
“Esas condiciones siguen existiendo y, por el momento, no será restablecido (internet)”, sostuvo.
Surge polémica por el “internet pro”
El debate en Irán también se ha intensificado por la existencia de un sistema especial de conectividad denominado “internet pro”, diseñado inicialmente para empresas y servicios esenciales, pero que terminó convirtiéndose en un mercado paralelo de accesos privilegiados.
El asesor del Ministerio de Comunicaciones iraní, Mohamad Hafez Hokmi, reconoció irregularidades en el programa y confirmó que ya existen investigaciones en curso.
De acuerdo con el portal tecnológico Zoomit, cuotas de internet empresarial estarían siendo revendidas ilegalmente a ciudadanos comunes mediante intermediarios como gimnasios, boutiques, vendedores de tarjetas SIM e incluso algunas agencias de telefonía móvil.
Los costos para acceder a este servicio oscilan entre 10 y 50 millones de riales, lo que ha provocado fuertes críticas por crear una especie de “internet VIP” en un país donde, según reportes, el 99 % de la población continúa sin acceso pleno a la red global desde el inicio del conflicto el pasado 28 de febrero.

Reformistas denuncian “internet discriminatoria”
El Frente de Reformas de Irán, integrado por partidos moderados, publicó un comunicado en el que calificó las restricciones como un golpe devastador para la economía digital y la confianza pública.
“El corte de internet durante 60 días no ha tenido otro resultado que el colapso de los negocios digitales, desempleo generalizado y erosión de la confianza pública”, denunció la coalición.
Los reformistas también criticaron duramente el sistema “internet pro”, al considerar que genera desigualdad entre ciudadanos.
“La puesta en marcha y venta de un ‘internet pro’ es discriminatoria y, en la opinión pública, se interpreta como la continuidad del negocio de la mafia de las VPNs y la explotación de la desesperación de los ciudadanos”, señalaron.

La agrupación pidió al presidente Masud Pezeshkian restablecer un internet “estable, libre y seguro”, además de abandonar la estrategia de bloqueos masivos.
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A las críticas se sumó la Asociación de Comercio Electrónico de Irán, que advirtió sobre daños severos a empresas, empleos y servicios digitales.
“Las autoridades presentan la ciberseguridad como excusa para cortar internet, cuando algunos de los mayores ciberataques ocurrieron precisamente durante el apagón total”, acusó la organización.
En medio del prolongado bloqueo, millones de iraníes enfrentan dificultades para trabajar, estudiar, comunicarse o acceder a información internacional, mientras el acceso a internet se transforma en un privilegio reservado para unos cuantos.


