Hermosillo, Sonora.- En el corazón del centro de Hermosillo, entre música, risas y noches largas, hubo una figura que se volvió imposible de ignorar: una mujer que desafiaba el equilibrio con una botella sobre la cabeza y hacía del baile un espectáculo inolvidable.
La llamada danza de la botella, originaria del sur del continente —especialmente de Paraguay—, encontró en Sonora una expresión única, lejos de sus raíces tradicionales en estados como Tamaulipas o Yucatán. Aquí no era solo folclor: se convirtió en parte del ambiente nocturno, de la convivencia y del asombro espontáneo.
Y si alguien la llevó a otro nivel, fue Guadalupe Rosales Gaxiola.
La agrupación Nibbel 70, que suele tocar en el Club Obregón, dedicó una publicación póstuma a Lupita. “Lupita se nos fue en el plano físico pero vivirá por siempre en la memoria y en nuestros corazones. Su sencillez y don de persona nos ganó a todos!”, se lee en Facebook.
Conocida y querida en el popular barrio El Ranchito, y visitante habitual del Club Obregón, Guadalupe no necesitaba escenario. Bastaba con que sonara la música para que todas las miradas se dirigieran a ella: colocaba una botella —muchas veces una caguama— sobre su cabeza y comenzaba a moverse con una naturalidad que desafiaba cualquier lógica.
No era solo equilibrio. Era presencia, alegría y una conexión genuina con quienes la rodeaban.
Este lunes 24 de marzo, a los 76 años, Guadalupe falleció, dejando un vacío entre quienes compartieron con ella noches de baile y convivencia. La noticia fue confirmada por su hija, Jazmine AR, quien también ha servido de enlace con la comunidad que hoy lamenta su partida.
En redes sociales, los mensajes coinciden: más que una bailarina, Guadalupe era parte del alma del lugar. Usuarios la recuerdan con mucho cariño, lamentan su partida y destacan un detalle que sorprendía a muchos: pese a bailar con una caguama sobre la cabeza, aseguran que no consumía alcohol.
Para algunos, aunque nunca cruzaron palabra con ella, bastaba verla a lo lejos para entender que la noche apenas comenzaba.

Su talento —ese equilibrio casi imposible— será su sello imborrable. Pero quienes la conocieron aseguran que lo que realmente permanecerá, es su energía: esa forma de llenar el espacio con buen humor y cercanía.
Sus servicios funerarios se realizan este martes 24 de marzo en la Funeraria San Martín, en la colonia Olivares, donde familiares y amigos podrán despedirse a partir de las 17:00 horas.
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Hasta el momento no se ha confirmado si le realizarán un homenaje en el Club Obregón, el sitio que tantas veces fue testigo de su talento. Se espera que en las próximas horas se den a conocer más detalles a través de redes sociales.
Que en paz descanse.



