
A la memoria del Lic. Rómulo Félix Gastélum, ex cronista oficial de Hermosillo.*
- Moderador: Buenas tardes, jóvenes. Mi aprecio por asistir a esta mesa redonda: “¿Es positivo o negativo el evento ‘La Cura Fest’ para la cultura sociopolítica y económica municipal, regional y nacional?”. En un ambiente de genocidio palestino y destructivas guerras en el Medio Oriente, asalto a Venezuela, amenazas a Cuba, reforma electoral, polémica reforma judicial y la nueva SCJN, negociación del T-MEC, corrupción e impunidad incontenibles, diésel a $18.00 el litro, captura y ejecución del “Mencho”, cuarta reaparición de AMLO abriendo colecta popular pro Cuba (Humanidad con América Latina ONG) en apagón total, balaceras récord en Cd. Obregón y en Hermosillo, ¡uf!, hemos invitado a dos distinguidas personalidades de nuestra comunidad universitaria, de amplia currícula reconocida, para dialogar sobre un tema tan sugerente, y que sean ustedes, como público y lectores de su publicación, quienes tengan la última palabra, ¿les parece? Me refiero a la analista política y doctora X en Ciencias Químicas, que se asume como progresista no radical, y al doctor Y en Economía, que se asume como conservador no reaccionario. Tiene la palabra la doctora X, por favor:
- Doctora X: Muchas gracias. Empezaré con una paráfrasis del recientemente fallecido filósofo Jürgen Habermas, quien, respecto al gobierno de la conservadora Angela Merkel, expresó su alarma por “los efectos paralizantes sobre la opinión pública, de la manta de espuma de la política, de nuestros gobiernos, de adormecer a la gente”.
Sin perjuicio del indudable éxito en el mundo musical y económico occidental de nuestros cantantes del género regional mexicano, ¿acaso estamos atestiguando “panem et circenses” y la “tecatización” (por su generoso patrocinio, recompensado por su altísimo consumo) de la cultura musical regional mexicana en nuestra ciudad capital? No olvidemos aquel marzo de 2024, con sus tatuajes: “Con esta rola se me antoja echarme un perico; lo que es. Como buen hermosillense. A quien no le guste es su problema, no el mío. Arriba la música mexicana, arriba la loquera, arriba la borrachera. Se me antoja echarme un bote y un perico drive thru”. Seguramente ya se rehabilitó de eso.
Desde mis estudios de Ciencias Químicas en los lejanos años sesenta y como ejecutante de la melodiosa flauta transversal de la música clásica ligera (Ibert, Mozart, Chaminade, Gaubert, Bach) y de la música vernácula mexicana (gracias a las enseñanzas universitarias sonorenses de mi eximia maestra Emiliana de Zubeldía y del inolvidable mayor Isauro Sánchez Pérez), soy amante de las obras maestras de: Ludwig van Beethoven (1770-1827), Richard Wagner (1813-1883), Johannes Brahms (1833-1897), Franz Schubert, Piotr Ilich Chaikovski (el más popular y emocional), Frédéric Chopin (poeta del piano), Claudio Monteverdi, Georg Friedrich Händel, Verdi, Rossini, Offenbach, Von Flotow…
Nunca los escucharemos en las alrededor de 20 a 25 estaciones de radio comerciales activas en FM de Hermosillo. ¡Vaya! Ni en la oficial Radio Sonora, que cubre todo el estado y que reproduce aquel nocivo modelo. ¡Y qué pena que cada vez se escuchen menos en reducidos segmentos de Radio Universidad de Sonora, fundada en octubre de 1962 por el exrector magnífico, Dr. Moisés Canale Rodríguez!
Pero también disfruto música de José Alfredo Jiménez, Agustín Lara, Armando Manzanero, Juan Gabriel (Alberto Aguilera Valadez), Roberto Cantoral, Consuelo Velázquez, Joan Sebastian, Álvaro Carrillo, María Grever, Cuco Sánchez…
Aquel es un género que no es de mi gusto; antes al contrario. Pero acepto, de mala gana, que ha secuestrado el gusto de nuestros jóvenes y niños, y de no pocos adultos. Como que todo empezó cuando Carín León rescató aquella vieja canción “La boda del huitlacoche”, que hasta una nietecita mía bailó en un festival de una escuela privada.
México ocupa el cuarto lugar mundial en consumo de cerveza, con un promedio de 68 litros anuales por persona (aprox. 1.3 litros por semana). El consumo excesivo afecta al 33% de los adultos de 18 a 65 años, siendo el alcoholismo más alto en hombres y en el norte del país, con una graduación alcohólica típica del 4.5% al 5% por cerveza (www.cij.gob.mx). Acabo de leer que los vecinos del remodelado parque Madero, del descuidado parque El Mundito y de la Plaza Zubeldía ya no toleran a las personas alcohólicas que ahí pululan día y noche, amenazando su seguridad e higiene (y seguramente no asistieron al Cura Fest).
Por cierto, fueron muy elevados sus precios, comparados con el consumo diario. Según El Sol de Hermosillo y publicaciones en redes: cerveza (en vaso doble): $150 pesos; cerveza premium o variantes especiales: $160 pesos; mezcla con clamato (vaso sencillo): $90 pesos; bebidas sin alcohol (Pepsi, agua embotellada Epura): $60 pesos; sidra doble o similares: hasta $160 pesos.
Muchos asistentes y comentarios en redes consideran que son precios “normales” para un festival de este nivel (comparables a otros grandes), aunque hay quienes los ven altos o “exorbitantes” en comparación con un bar regular o tienda. No se permite ingresar bebidas externas.
Tanto al estadio Fernando Valenzuela (Bacasegua) como al palenque de la Expogan se les llama comúnmente “la cantina más grande de Hermosillo”, me dice un conocido colega ingeniero civil.
Y todavía más, de los grandes eventos artísticos, ¿serán —como Shakira en el Zócalo— un gran distractor de nuestra crisis de inseguridad pública, de gobernabilidad y de amenazas cumplibles de intervención militar del mandatario vecino del norte? (“México es el eje del narcotráfico de América Latina. Un narcogobierno. Por alguna razón —la amable presidenta Claudia Sheinbaum Pardo— no quiere ‘ayuda contra cárteles que están controlando México’”).
- Moderador: Muchas gracias, doctora X. Le doy la voz al doctor Y:
- Doctor Y: Muchas gracias. Expresaré mis argumentos a favor, en el nublado ambiente que describe nuestro moderador.
Miren: La Cura Fest, los pasados 14 y 15 de marzo, fue no solo viable, sino altamente positiva. Lejos de ser una imprudencia, representa un acto de resiliencia cultural y social. Argumentos concretos y fundamentados:
- Ofrece una “cura” emocional y social en medio del dolor colectivo. Su nombre evoca sanación. En un entorno donde la violencia genera trauma colectivo, crea un espacio de alegría, música y conexión humana; actúa como terapia comunitaria. Carín León lo definió: “Es una forma de abrir mi corazón y compartir lo que he guardado cerca, aquí en mi tierra y con mi gente”.
Fusiona country, ritmos bravíos mexicanos y folk americano; celebra la identidad sonorense, fomenta orgullo regional y un sentido de pertenencia; contrarresta el miedo y la desesperanza.
- Genera derrama económica significativa y reactiva la economía local: 35,000 asistentes por jornada (más de 70,000 en total) y boletos agotados; inyectó recursos directos en hoteles, restaurantes, transporte, servicios y comercios.
Los eventos de aquel fin de semana (incluido el festival) dejaron alrededor de 50 millones de pesos. En una región donde la inseguridad suele ahuyentar inversiones y turismo, estos eventos demuestran que es posible atraer visitantes y generar empleo temporal, impulsando la economía local de forma tangible y contrarrestando el estancamiento causado por la violencia.
- Implementa medidas de seguridad robustas y efectivas. Lejos de ignorar el contexto, los organizadores y autoridades coordinaron un fuerte despliegue policial: 98 oficiales de la Policía Preventiva y Tránsito en el recinto y alrededores (bulevar Ganaderos), con control manual de semáforos y operativo desde las 14:00 hasta las 03:00 horas.
Esto garantiza un espacio controlado y seguro para miles de personas, probando que, con planificación adecuada, se pueden realizar eventos masivos sin incidentes; mensaje de que la seguridad es prioridad y que la vida pública no se paraliza.
- Posiciona a Hermosillo y Sonora como polo cultural nacional e internacional. Reúne a artistas de talla internacional (Alejandro Sanz, Grupo Frontera, Kany García, entre otros) y celebra la música regional mexicana en auge global. Carín León lo concibió como un tributo a la cultura del noroeste y una forma de poner a Hermosillo “en el mapa mundial del entretenimiento”.
En vez de dejar que la inseguridad defina la imagen de Sonora, la proyecta como tierra de orgullo, creatividad y fiesta, atrayendo atención positiva y abriendo puertas a futuros eventos que beneficien a largo plazo la economía y el turismo.
- Fomenta la resiliencia y la unidad comunitaria como antídoto a la violencia. En tiempos de feminicidios, desapariciones y homicidios, un festival que reúne familias, amigos y jóvenes pudientes en un ambiente de música y convivencia refuerza los lazos sociales. Miles disfrutaron desde el aire de amenidades y conciertos sin problemas reportados, demostrando que la cultura une y genera esperanza.
No es “pan y circo”: es resistencia civil. Muestra que Sonora no se rinde y que la vida, el arte y la celebración siguen siendo posibles, inspirando a la ciudadanía a no normalizar el miedo.
Justifico los altos precios de las bebidas por la experiencia, la producción del evento, las más de 12 horas de duración y la logística. Es común en festivales grandes en México (Vive Latino, Corona Capital o similares) que cuesten dos o tres veces más que en la calle, por los costos operativos, patrocinios y exclusividad. Ciertamente, si vas preparado con presupuesto extra (o eliges opciones sin alcohol más baratas), se lleva mejor; de lo contrario, sí pega en el bolsillo.
En resumen, La Cura Fest no ignora la inseguridad: la enfrenta con acción concreta (seguridad reforzada), impacto económico real y un mensaje de sanación cultural. Es un ejemplo de cómo, incluso en las circunstancias más adversas, la música y la comunidad pueden ser herramientas poderosas de recuperación social y económica. Eventos como este no solo son necesarios: son un acto de esperanza y afirmación de que Sonora tiene mucho más que ofrecer que su dolor. ¡Agarrando la cura!
- Moderador: Muchísimas gracias a la doctora X y al doctor Y por sus reveladoras posiciones encontradas. Seguramente nos faltó una posición ecléctica, pero no nos daba el tiempo ni el espacio que nos concedieron. Así, nos corresponde a nosotros asumir y decir, insisto, la última palabra en una evaluación honesta. Buenas noches.
* Se lo dedico porque siempre me expresaba su gusto por mis diálogos ficticios.


