-Anuncio-
miércoles, marzo 4, 2026

Desesperanza en tiempos de guerra, modelo de indefensión aprendida y  personas altamente sensibles

Mariel Montes
Catedrática investigadora de la Universidad de Sonora. Educadora y psicóloga. Coordinadora del Laboratorio de Comunicación y Servicios de la Universidad de Sonora

Relacionadas

- Advertisement -
Psicóloga Mariel Montes
mariel-montes

Por Mariel Montes

En contextos de guerra, aunque el conflicto ocurra a miles de kilómetros de distancia, el impacto emocional trasciende fronteras. La globalización informativa ha transformado la experiencia de los acontecimientos bélicos en vivencias psicológicas compartidas. No solo observamos la guerra: la incorporamos emocionalmente. La exposición constante a imágenes, narrativas alarmistas y análisis geopolíticos activa en las personas un estado de alerta sostenido que puede derivar en ansiedad, angustia e incluso desesperanza. Durante los primeros dos meses del 2026, hemos visto de forma continua y permanente que vivimos en un entorno violento, la guerra en Sinaloa, ICE luchando en contra de nuestros migrantes, la caída de capos del crimen organizado dejando un impacto en varios estados de nuestro país, los archivos de Epstein y la pedofilia, Gaza y lo doloroso de ver a las infancias vivir un contexto no solo violento sino de abandono, hambre, muerte y dolor, el cambio climático.  

Desde la psicología, la desesperanza no se define únicamente como tristeza ante una situación adversa, sino como la percepción persistente de que el futuro carece de posibilidades positivas. Aaron T. Beck (1967) describió la desesperanza como un componente central de la depresión, caracterizado por “expectativas negativas acerca del futuro” (p. 256). En contextos de guerra, estas expectativas pueden intensificarse debido a la sensación de inestabilidad global, amenaza nuclear, crisis económica o colapso social.

Uno de los marcos teóricos que permite comprender este fenómeno es el modelo de la indefensión aprendida propuesto por Martin Seligman. Seligman (1975) sostuvo que cuando los individuos perciben que no tienen control sobre los acontecimientos, pueden desarrollar pasividad, desmotivación y síntomas depresivos. En sus palabras, “la exposición a eventos incontrolables produce un déficit motivacional, cognitivo y emocional” (Seligman, 1975, p. 47). La guerra, especialmente cuando es presentada como inevitable o fuera del alcance ciudadano, favorece esta percepción de incontrolabilidad. Seligman observó que cuando un organismo experimenta situaciones adversas sobre las cuales no tiene control, aprende que sus respuestas no modifican el resultado. Como consecuencia, desarrolla pasividad, desmotivación y alteraciones emocionales.

En sus términos, la exposición a eventos incontrolables produce:

  • Déficit motivacional (disminuye la iniciativa para actuar).
  • Déficit cognitivo (dificultad para aprender nuevas respuestas eficaces).
  • Déficit emocional (síntomas depresivos, ansiedad).

La clave no es el evento negativo en sí, sino la percepción de incontrolabilidad.

A nivel neuropsicológico, la sobreexposición a noticias amenazantes mantiene activado el sistema de respuesta al estrés. El cerebro interpreta la información reiterada como una amenaza real e inmediata. Aunque la persona no esté en zona de conflicto, su sistema límbico responde como si lo estuviera. Esto explica la aparición de insomnio, irritabilidad, dificultad para concentrarse y pensamientos catastróficos. La ansiedad colectiva se amplifica mediante el contagio emocional, particularmente a través de redes sociales.

En adolescentes, el impacto puede ser aún mayor. Se trata de una etapa evolutiva caracterizada por la construcción de identidad y proyecto de vida. Si el discurso social dominante es la incertidumbre o el colapso, el imaginario futuro se fragiliza. Muchos jóvenes expresan frases como: “¿Para qué estudiar si el mundo está mal?” o “Nada va a mejorar”. Estas verbalizaciones reflejan un núcleo desesperanzado que, si no se atiende, puede convertirse en vulnerabilidad depresiva.

Desde una perspectiva existencial, Viktor Frankl (1946/2004) aportó una reflexión profundamente vigente. Tras sobrevivir a los campos de concentración, afirmó: “Al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la última de las libertades humanas, la elección de la actitud personal ante un conjunto de circunstancias” (Frankl, 2004, p. 90). Esta afirmación no minimiza el dolor ni romantiza el sufrimiento; subraya la importancia del sentido como factor protector. Incluso en escenarios extremos, la capacidad de encontrar significado reduce el riesgo de colapso emocional.

La desesperanza en tiempos de guerra surge cuando el miedo se combina con la percepción de impotencia. El miedo, en sí mismo, es adaptativo; prepara al organismo para responder ante amenazas. Sin embargo, cuando la amenaza es percibida como global, permanente e incontrolable, el miedo pierde su función protectora y se transforma en angustia crónica. En este punto, el acompañamiento psicológico debe orientarse hacia la recuperación de agencia.

Intervenir implica devolver a la persona la experiencia de control en microespacios de su vida cotidiana: estructurar rutinas, limitar la exposición informativa, fomentar el ejercicio físico y promover acciones solidarias concretas. Las pequeñas decisiones diarias contrarrestan la narrativa interna de impotencia. Asimismo, validar la emoción sin reforzar el catastrofismo es fundamental. Decir “no pasa nada” invalida; en cambio, reconocer “es comprensible que te preocupe” abre un espacio de regulación.

Es importante distinguir entre preocupación adaptativa y sintomatología clínica. Cuando la desesperanza se acompaña de anhedonia (tristeza) persistente, aislamiento, alteraciones significativas del sueño o ideación suicida, ya no hablamos solo de impacto contextual, sino de posible episodio depresivo mayor. En tales casos, la intervención profesional es indispensable.

La guerra sin duda, confronta a la humanidad con su fragilidad, pero también con su capacidad de resiliencia. La psicología no puede detener los conflictos bélicos; sin embargo, puede ofrecer herramientas para sostener la estabilidad emocional individual y comunitaria. En tiempos de incertidumbre, preservar la salud mental es un acto de responsabilidad personal y social.

La desesperanza no aparece únicamente por la existencia de la guerra, sino por la pérdida de sentido y control que puede acompañarla. Restaurar ambos elementos —aunque sea en dimensiones pequeñas— constituye una forma concreta de resistencia emocional.

Personas Altamente Sensibles (PAS)

Hablemos ahora de las personas de alta sensibilidad (PAS). Recientemente recibí a dos consultantes con diagnóstico de alta sensibilidad su preocupación principal, en diferentes momentos y sesiones: la humanidad y su destrucción. Cada una de ellas de mostraba agobiada, cansada, en un continuo y permanente estado de alerta y con la gran necesidad de ayudar, ser activistas, desesperadas por ser parte en la construcción de un mundo mejor.

En personas altamente sensibles (PAS), la desesperanza en contextos de violencia no surge únicamente del evento externo, sino de la forma en que el sistema nervioso procesa la información emocional. La elevada empatía característica de este rasgo favorece un fenómeno de dolor vicario intenso: el sufrimiento ajeno no se observa a distancia, se internaliza. Esta permeabilidad emocional puede llevar a experimentar angustia constante ante noticias de violencia, incluso cuando no existe una amenaza directa e inmediata.

Además, el procesamiento profundo de la información (propio de las PAS) incrementa la rumiación cognitiva. No solo sienten el impacto emocional, sino que lo analizan, lo anticipan y proyectan escenarios futuros posibles, muchos de ellos catastróficos. Esta anticipación reiterada favorece pensamientos globales y estables del tipo “esto no va a mejorar”, fortaleciendo un núcleo desesperanzado.

A ello se suma un sistema nervioso particularmente reactivo. La exposición continua a estímulos violentos (imágenes, relatos, redes sociales) genera saturación sensorial y fatiga emocional más rápida que en otras personas. La consecuencia puede ser irritabilidad, insomnio, sensación de amenaza persistente o agotamiento psíquico. No se trata de debilidad, sino de una mayor sensibilidad al estímulo.

Finalmente, muchas personas altamente sensibles presentan una conciencia moral elevada. Esto puede traducirse en culpa por “no hacer suficiente” o por continuar con su vida cotidiana mientras otros sufren. Cuando la empatía no está regulada, puede transformarse en autoexigencia excesiva o en una sensación de responsabilidad desproporcionada frente a problemáticas sociales complejas.

En conjunto, estos factores hacen que la violencia social no solo se perciba como un fenómeno externo, sino como una experiencia interna continua. Por ello, el abordaje terapéutico no busca reducir la sensibilidad, sino enseñar a modularla, establecer límites emocionales saludables y transformar la empatía en acción con sentido, evitando que se convierta en desesperanza paralizante.

Recomendaciones

En un contexto de violencia sostenida y sobreexposición informativa, mejorar el estado emocional no implica negar la realidad, sino fortalecer recursos internos que permitan sostenerla sin desbordamiento. El primer paso es regular el sistema nervioso antes de intentar modificar pensamientos. Cuando el cuerpo permanece en estado de alerta constante, cualquier intervención cognitiva pierde eficacia. Por ello, es fundamental priorizar prácticas de regulación fisiológica como la respiración diafragmática lenta, el movimiento corporal diario, el contacto con la naturaleza y la construcción de rutinas predecibles. La estabilidad corporal precede a la estabilidad emocional.

Asimismo, resulta imprescindible limitar la sobreexposición informativa. El consumo continuo de noticias violentas genera una activación emocional persistente que puede derivar en trauma indirecto. Establecer horarios específicos para informarse, evitar el consumo nocturno, seleccionar fuentes confiables y prescindir de imágenes explícitas innecesarias ayuda a reducir la saturación sensorial y emocional. Informarse es necesario; saturarse, no.

Otro eje central es recuperar la sensación de agencia. La desesperanza se intensifica cuando la persona percibe que nada depende de ella. Restaurar microexperiencias de control —como organizar espacios, cumplir pequeñas metas diarias, establecer límites interpersonales claros o participar en acciones solidarias concretas— fortalece la percepción de eficacia personal. No se trata de resolver problemáticas sociales complejas, sino de recuperar la experiencia interna de capacidad. Yo me preguntaría: ¿Qué valores quiero sostener en tiempos difíciles? ¿Cómo puedo ser una persona que aporta calma en lugar de caos?

En el plano cognitivo, es importante identificar y matizar pensamientos globales y absolutos como “todo está perdido” o “nada va a mejorar”. Diferenciar hechos de interpretaciones, distinguir lo controlable de lo incontrolable y cuestionar predicciones catastróficas favorece un pensamiento más equilibrado. Esto no implica adoptar un optimismo ingenuo, sino evitar la generalización extrema que alimenta la desesperanza.

En personas altamente sensibles, además, es clave transformar la empatía en acción con sentido. Cuando la sensibilidad no se canaliza, puede volverse paralizante. Orientarla hacia acciones concretas alineadas con valores personales —como participar en iniciativas comunitarias moderadas, generar espacios de diálogo o contribuir desde el ámbito profesional— permite convertir la preocupación en propósito. Finalmente, fortalecer redes vinculares seguras es esencial, ya que el sistema nervioso humano se regula en conexión. Conversaciones profundas, espacios terapéuticos y relaciones contenedoras funcionan como amortiguadores emocionales frente a la violencia externa.

En suma, mejorar en este contexto no significa endurecerse ni volverse indiferente, sino aprender a regular la exposición, fortalecer el cuerpo, organizar la mente, actuar con intención y sostener vínculos protectores. La meta no es dejar de sentir el mundo, sino habitarlo sin perder estabilidad interna.


Referencias

Aron, E. N. (1996). The highly sensitive person: How to thrive when the world overwhelms you. Broadway Books.

Beck, A. T. (1967). Depression: Clinical, experimental, and theoretical aspects. Harper & Row.

Beck, A. T., Rush, A. J., Shaw, B. F., & Emery, G. (1979). Cognitive therapy of depression. Guilford Press.

Frankl, V. E. (2004). El hombre en busca de sentido (3ª ed.). Herder. (Trabajo original publicado en 1946)

Seligman, M. E. P. (1975). Helplessness: On depression, development, and death. W. H. Freeman.

Abramson, L. Y., Seligman, M. E. P., & Teasdale, J. D. (1978). Learned helplessness in humans: Critique and reformulation. Journal of Abnormal Psychology, 87(1), 49–74. https://doi.org/10.1037/0021-843X.87.1.49

Aviso

La opinión del autor(a) en esta columna no representa la postura, ideología, pensamiento ni valores de Proyecto Puente. Nuestros colaboradores son libres de escribir lo que deseen y está abierto el derecho de réplica a cualquier aclaración.

- Advertisement -

Opinión

Riesgos que corren las ballenas del Golfo de California e Isla del Tiburón

@elalbertomedina Ballenas en el Golfo de California corren riesgos por Proyecto Saguaro que consiste en transportar gas...

Ayudemos a Panchito, gatito callejero rescatado tras ser atacado por perros en Hermosillo: piden apoyo para operación

“Panchito”, un gatito callejero, ocupa de la ayuda de los hermosillenses para pagar una cuenta de 7 mil 500 pesos, luego de que le salvaron la vida tras ser atacado por una jauría de perros y por poco quedar sin cabeza: comentó Karla Ledesma.

¿Por qué no te miras en el espejo correcto?

Hace unos días escuché una plática que cerró con una pregunta que, desde entonces, no he dejado de pensar:...

Desesperanza en tiempos de guerra, modelo de indefensión aprendida y  personas altamente sensibles

mariel-montes Por Mariel Montes En contextos de guerra, aunque el conflicto ocurra a miles de kilómetros de distancia, el impacto emocional...
- Advertisement -