
La presidenta Claudia Sheinbaum dobló la apuesta: este lunes enviará una iniciativa de reforma electoral al Congreso a sabiendas de que podría no ser aprobada. El rechazo de los aliados de Morena (Verde y PT) anticipan un fracaso legislativo, el primero en dos años para la coalición oficialista, que en 2024 y 2025 sacaron adelante todas las reformas constitucionales que dejó Andrés Manuel López Obrador en el Plan C, más una decena de enmiendas propuesta por la presidenta.
La reforma político electoral ha exhibido y agudizado las fracturas en la coalición Juntos Hacemos Historia; ha demostrado que se trata de una alianza electoral y legislativa, pero no de gobierno, y ha sacado a flote reproches que se tenían guardados entre los dirigentes de los tres partidos. Pone a Sheinbaum en un escenario más parecido al de “el Ejecutivo propone y el Legislativo dispone”, de Vicente Fox, que en el de “apruébenlo sin moverle una coma”, de López Obrador.
No sólo eso, enviar una reforma electoral condenada al fracaso también puede afectar las posibilidades de alianza en las elecciones de 2027.

Tensas e infructuosas negociaciones
Las negociaciones durante los últimos dos meses en la Secretaría de Gobernación fueron tensas. Las más de 20 reuniones entre dirigentes y negociadores de Morena, PVEM y PT en el despacho de la secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, sacaron chispas. Y la reunión de la semana pasada en Palacio Nacional, ya directamente con la presidenta, no fue suficiente para llegar a un acuerdo.
Sheinbaum decidió irse por su cuenta con la propuesta que, según ella, cumple con lo que prometió en campaña, con los cien puntos de gobierno que leyó en su toma de posesión y con la expectativa de la ciudadanía reflejada en las encuestas levantadas por su gobierno en los últimos meses.
En las últimas reuniones con la comisión presidencial de reforma electoral, según algunos asistentes, Sheinbaum ha mostrado su enfado con las dirigencias del PT y Verde, y ha llegado a decir que, si no quieren ir con este proyecto, deberían competir solos en el 2027. “A ver cómo les va sin Morena”, ha dejado ver en las charlas con sus funcionarios.

De quebrarse la alianza, Morena perdería la mayoría calificada para hacer reformas constitucionales, pues el Verde y el PT tienen los 81 votos que le faltan para ello en la Cámara de Diputados y los 19 que necesita en el Senado para llegar a las dos terceras partes. Morena se quedaría con sus 61 senadores, a tres votos de la mayoría absoluta, y con 253 diputados, apenas suficientes para aprobar el Presupuesto de Egresos de la Federación de 2027.
Por eso la apuesta es de alto riesgo. Sheinbaum ha dicho, en las reuniones privadas con su equipo, que la mayor parte de sus reformas constitucionales ya están aprobadas, y que ya no necesita al Verde y PT; pero cualquier reforma legal, sus presupuestos y algunos nombramientos estratégicos, como los que vienen en el Instituto Nacional Electoral (tres consejeros) y el del titular de la Auditoría Superior de la Federación, sí se ponen en riesgo al perder a sus aliados.
El costo político del fracaso
En los últimos días, la presidenta Sheinbaum ha llevado al tema de la reforma electoral a su conferencia mañanera y a sus giras por los estados. Asegura que la reforma contiene demandas del pueblo, y que la gente juzgará a quienes las rechacen. En paralelo, la dirigencia de Morena ha emprendido una campaña de propaganda para defender la iniciativa de reforma electoral, queriendo transferir el costo de su no aprobación a los partidos opositores.
Es obvio que nadie quiere que los partidos sigan recibiendo más de 7 mil 600 millones de pesos al año, incluso cuando no hay elecciones como en este 2026, y por supuesto que es popular la idea de eliminar 32 senadurías, para ahorrarse con ello unos 300 millones de pesos cada año. Además, sólo hay una cosa más impopular que un diputado, y eso es un diputado plurinominal. Pero endilgarle a la oposición que todo eso se mantenga como está no será tan sencillo.
Incluso, puede haber un cálculo político al enviar una reforma imposible de aprobarse. Al estilo de López Obrador, Sheinbaum podría estar jugando el juego de la victimización y el linchamiento al rival. “Nosotros la vamos a enviar, es un compromiso con el pueblo. Quien la quiera apoyar, bien. Quien quiera mantener el privilegio de las listas, pues también la gente los va a señalar, cualquiera que sea el partido político”, dijo el pasado miércoles.

La presidenta y su partido buscarían, incluso, que la oposición pague un costo político en 2027 al rechazar la reforma. Sin embargo, en esta ocasión el rechazo a la reforma no será responsabilidad del PAN, PRI y MC, sino de los partidos aliados de Morena. Así, cuando la presidenta reparta culpas, irremediablemente el Verde y el PT estarán en la lista de los partidos que, en la retórica de la 4T, le dieron la espalda al pueblo.
Desgastar a sus propios aliados puede no ser la mejor idea de cara al 2027. Y, sin embargo, la decisión ya ha sido tomada.


