
La detención de Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, es, por supuesto, un avance; sería necio no reconocerlo. Pero también hay un riesgo gigantesco si no hemos aprendido de la historia.
Lo que la historia mexicana, particularmente la de los últimos 37 años, nos enseña es que cuando se detiene a la cabeza de una organización criminal y no se desmantela la organización completa, lejos de resolverse el problema, este se agrava.
Recordemos que en 1989 se detuvo a Félix Gallardo, líder del Cártel de Guadalajara. A partir de esa detención, el cártel se desintegró, es decir, se partió en tres. Así nació el Cártel de Sinaloa, entre otros con Joaquín “El Chapo” Guzmán; el Cártel de Tijuana, con los Arellano Félix; y el Cártel de Juárez, con Amado Carrillo.

Lo mismo sucedió alrededor del año 2003, cuando se detuvo a Osiel Cárdenas, líder del Cártel del Golfo. Ahí inició la inestabilidad al interior de la organización y se separaron Los Zetas, que antes eran su brazo armado. Esto explica una violencia brutal en el noreste del país, particularmente en el estado de Tamaulipas, entre Los Zetas y el propio Cártel del Golfo.

En 2008 ocurrió exactamente lo mismo. Cuando se detuvo a Alfredo Beltrán Leyva, quien entonces aún formaba parte del Cártel de Sinaloa, esa detención provocó una escisión al interior del grupo y surgió el Cártel de los Beltrán Leyva. La violencia que generó el choque entre los Beltrán Leyva y el Cártel de Sinaloa fue brutal.

Y no vayamos más lejos: ¿de dónde surgió el propio Cártel Jalisco Nueva Generación? Recordemos que cuando en 2010 se detuvo a Ignacio “Nacho” Coronel, el Cártel del Milenio —que era aliado del Cártel de Sinaloa— se fragmentó. Así nació el Cártel Jalisco Nueva Generación.
Entonces, lo que la historia nos dice es que si solo se detiene a la cabeza y no se desmantela la organización criminal, lo único que sucede es inestabilidad, fractura e, incluso, más violencia de la que ya existía.
Por eso digo: por supuesto que es un avance, y lo reconocemos. Pero también exigimos que haya un trabajo serio de inteligencia para desmantelar la organización criminal. Si lo único que hacen es detener al líder, la historia demuestra que no habrá menos violencia, sino incluso más.
Por ello resulta imprescindible hacer lo correcto: desmantelar física y financieramente la estructura de estas agrupaciones criminales. De lo contrario, lo único que ocurrirá es que surjan nuevos cárteles, como la historia nos lo ha demostrado.


