
En los últimos meses, en consulta con adolescentes y en espacios de diálogo con familias, ha surgido con mayor frecuencia una pregunta que combina inquietud y desconocimiento: ¿qué significa que un joven se identifique como Therian? La reacción adulta suele desplazarse rápidamente hacia dos extremos: la patologización inmediata o la desestimación del fenómeno como una simple moda digital. Sin embargo, como psicóloga especializada en adolescentes, considero indispensable introducir una diferenciación clínica rigurosa que permita comprender este fenómeno dentro de su contexto cultural contemporáneo.
La literatura psiquiátrica reconoce la existencia de la teriantropía clínica, definida como la creencia delirante de transformarse en un animal y asumir sus características. En una revisión sistemática reciente, Blom y Sharpless (2025) analizaron 77 casos publicados y encontraron que el 68% de los episodios implicaban transformaciones en caninos. La mayoría de los casos se asociaron a trastornos psicóticos (41%), depresión psicótica (24%), trastorno bipolar (18%) y síndrome de Cotard (12%). La duración de los episodios fue variable: 25% duró días, 12% semanas, 33% meses y 31% años. Además, el 16% de los casos incluyó violencia física dirigida a otros. Aunque el tratamiento logró remisión completa en el 58% de los casos y parcial en el 33%, las condiciones psiquiátricas asociadas tendían a ser crónicas y el pronóstico general fue descrito como desfavorable. Estos datos ubican la teriantropía clínica dentro de cuadros psicóticos graves, caracterizados por pérdida del juicio de realidad y deterioro funcional significativo.
No obstante, equiparar automáticamente este fenómeno psiquiátrico con las expresiones identitarias Therian que circulan en redes sociales constituye un error conceptual. Para comprender mejor estas manifestaciones contemporáneas, es útil introducir el concepto de zoomorfismo, definido como la atribución de características animales a seres humanos, deidades u objetos (American Psychological Association [APA], 2007). Este marco permite entender que muchas comunidades actuales participan en formas de auto-zoomorfismo simbólico que no necesariamente implican delirio.

Dentro de este espectro se encuentran los llamados furries, personas que presentan algún grado de identificación con animales no humanos por razones estéticas, identitarias, espirituales o incluso sexuales (Richards, 2015). Algunos forman parte del denominado furry fandom, participan en convenciones y adoptan una “fursona”, es decir, una identidad animal representada incluso mediante vestimenta o disfraces conocidos como fursuits (Gerbasi, 2008). Por su parte, los therians suelen describir una identificación más intensa con animales reales, que puede tener fundamentos psicológicos, conductuales, espirituales, metafóricos o existenciales (Scribner, 2012; Grivell, 2014). Quienes se identifican con seres míticos —como dragones o hadas— suelen denominarse otherkin. En estos casos, la experiencia no implica necesariamente ruptura con la realidad, sino una construcción simbólica de identidad.
Blom y Sharpless (2025) proponen precisamente conceptualizar el zoomorfismo como un espectro diagnóstico que incluya tanto casos clínicos como no clínicos. Esta propuesta resulta particularmente útil en el trabajo con adolescentes, pues permite evitar dos errores frecuentes: patologizar toda expresión zoomórfica o, por el contrario, normalizar sin evaluación clínica adecuada.
Desde mi práctica clínica, propongo comprender el fenómeno Therian en adolescentes a partir de un triángulo conceptual compuesto por consumo digital, pertenencia y salud mental. En primer lugar, el consumo digital constituye el escenario donde estas narrativas identitarias se visibilizan y amplifican. Las plataformas digitales no solo distribuyen contenidos, sino que estructuran comunidades y validan discursos. Los adolescentes no son receptores pasivos; participan activamente en la construcción de significados. Sin embargo, la sobreexposición a ciertos discursos puede influir en la manera en que interpretan sus propias experiencias emocionales.

Consumo digital como escenario simbólico
Las subculturas de internet funcionan como espacios de socialización, experimentación del self y juego simbólico, y los adolescentes participan de ellas como actores activos, no como meros espectadores. En estas comunidades se construyen narrativas identitarias que articulan deseos, símbolos y vínculos. El fenómeno Therian no es ajeno a esto: su difusión y expansión reciente ha sido impulsada principalmente por plataformas como TikTok e Instagram, donde la juvenil experiencia de identidad se amplifica y se comparte globalmente (Infobae, 2026).
Este consumo digital ofrece un escenario que puede funcionar como espacio lúdico de exploración, pero también puede promover sobreexposición a contenidos que articulan identidades colectivas sin filtros críticos. Aquí el papel de los algoritmos no es neutral: amplifica, reproduce y magnifica narrativas que, para muchos adolescentes, pueden convertirse en marcos significativos de convivencia e identidad.
Pertenencia como necesidad emocional central
La adolescencia supone un proceso profundo de construcción de identidad que requiere validación social y sentido de pertenencia. Las comunidades digitales ofrecen precisamente estas funciones: validación emocional, narrativa común y un sentido de comunidad que muchos jóvenes no encuentran en otros espacios. La identidad Therian muchas veces se convierte para ellos en un lenguaje compartido y un grupo de referencia que legitima una experiencia subjetiva.
Es importante destacar que este tipo de pertenencia puede regular emociones y reducir sensación de aislamiento —un aspecto terapéutico valioso en términos psicodinámicos—, pero también puede transformarse en un vínculo rígido que limita la exploración identitaria saludable.

Salud mental: regulación emocional y vulnerabilidades
Desde la clínica psicológica, no debemos patologizar automáticamente ninguna manifestación cultural juvenil. Sin embargo, es igualmente necesario reconocer que la experiencia Therian puede interactuar con factores de vulnerabilidad, como condiciones de ansiedad, dificultad en la regulación emocional y neurodivergencia. Un medio especializado reportó que, en términos clínicos, “actualmente las personas pueden identificarse como Therian, pero no hay una construcción social que reconozca a los Therian como una identidad, mucho menos como un trastorno a nivel científico” (Milenio, 2026).
Esta distinción es clínicamente relevante, pues apunta a que la vivencia Therian en la mayoría de casos —descrita como una conexión interna y simbólica con un animal— no implica una ruptura con la realidad ni un delirio psicótico, siempre y cuando el adolescente mantenga intacto su sentido de realidad.
Integración clínica y comunitaria
El desafío para quienes trabajamos con adolescentes no es rotular o negar estas experiencias, sino comprenderlas en su contexto. El triángulo conceptual —consumo digital, pertenencia y salud mental— nos permite articular una lectura en la que:
- El consumo digital ofrece el espacio simbólico para la narración de identidad.
- La pertenencia satisface una necesidad emocional profunda propia de la adolescencia.
- La salud mental evalúa cómo estas experiencias interactúan con la regulación emocional y el bienestar subjetivo.
La evidencia anecdótica y los análisis culturales recientes señalan que estos fenómenos tienen raíces históricas más profundas —como lo sugiere la evolución de la therianthropy y otras identidades no humanas dentro de comunidades online desde los años 90— pero su manifestación contemporánea se ve moldeada por los ritmos y lógicas del consumo digital juvenil.
Finalmente, la dimensión de salud mental exige una evaluación clínica cuidadosa. La pregunta no es si la identificación es “real” o “correcta”, sino si existe pérdida de juicio de realidad, deterioro funcional significativo o comorbilidad psiquiátrica severa. Cuando estos elementos están presentes, el abordaje debe orientarse hacia la evaluación diagnóstica formal. Cuando no lo están, suele tratarse de procesos identitarios mediados por cultura digital que requieren acompañamiento, pensamiento crítico y fortalecimiento de habilidades de regulación emocional.
La adolescencia siempre ha sido territorio de exploración simbólica. Lo que ha cambiado es el ecosistema cultural en el que dicha exploración ocurre. Confundir la teriantropía clínica —un fenómeno raro vinculado a psicosis— con las expresiones identitarias Therian en redes sociales puede generar estigmatización innecesaria o minimizar señales clínicas importantes. El reto para quienes trabajamos con adolescentes consiste en sostener una postura informada, basada en evidencia científica y sensible al contexto cultural contemporáneo
Como psicóloga que acompaña a adolescentes y familias, considero que fenómenos como Therian no deben interpretarse desde una perspectiva moralista ni reduccionista. La adolescencia siempre ha sido una etapa de búsqueda de sentido, pertenencia y experimentación, y hoy estas búsquedas se realizan en plataformas digitales que redefinen nuestras maneras de relacionarnos, identificar sentidos y construir comunidad. Acompañar a los adolescentes implica:
- Mantener una escucha clínica que respete la experiencia subjetiva sin ignorar los riesgos psicosociales.
- Fomentar pensamiento crítico sobre contenidos digitales.
- Promover pertenencias saludables y flexibles que no limiten la exploración identitaria.
La salud mental no se construye solo en consulta, sino en la comprensión contextualizada de las realidades culturales que atraviesan a las juventudes contemporáneas.
Referencias
American Psychological Association. (2007). APA dictionary of psychology. American Psychological Association.
Blom, J. D., & Sharpless, B. A. (2025). A systematic review of clinical lycanthropy and a proposal to conceptualize zoomorphism as a diagnostic spectrum. Neuroscience & Biobehavioral Reviews, 174, 106193.
Gerbasi, K. C. (2008). Furries from A to Z (Anthropomorphism to Zoomorphism). Society & Animals, 16(3), 197–222.
Grivell, T. (2014). An interpretative phenomenological analysis of identity in the therian community. Identity Studies Journal, 7, 56–78.
Richards, C. (2015). Furry fandom and sexual identity. Sexuality & Culture, 19(2), 280–301.
Scribner, O. (2012). Otherkin lexicon. University of Chicago Press.


