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miércoles, febrero 18, 2026

La pérdida del Yo en la pareja: cuando amar se convierte en dejar de ser

Mariel Montes
Catedrática investigadora de la Universidad de Sonora. Educadora y psicóloga. Coordinadora del Laboratorio de Comunicación y Servicios de la Universidad de Sonora

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Psicóloga Mariel Montes
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Estar inconformes con la personalidad de nuestra pareja no es, en sí mismo, un problema patológico. Todas las relaciones implican diferencias, ajustes y momentos de frustración. El conflicto aparece cuando esa inconformidad se vive desde la codependencia emocional. En ese escenario, ya no se trata de incompatibilidades normales, sino de una necesidad urgente de que el otro cambie para que yo pueda sentirme seguro, tranquilo o validado.

Desde la teoría del apego propuesta por John Bowlby (1969), sabemos que las personas con apego inseguro-ansioso tienden a experimentar un miedo intenso al abandono. En la adultez, esto puede traducirse en hipervigilancia emocional dentro de la relación. Cuando la pareja no responde como se espera —es menos afectuosa, menos expresiva, menos ambiciosa o simplemente diferente en su forma de ser—, se activa la ansiedad. Entonces, la inconformidad no es solo desacuerdo; se convierte en amenaza. Cambiar al otro parece la solución para reducir la angustia interna.

Aquí es donde comienza el control encubierto. Melody Beattie (1986) describió la codependencia como la tendencia a organizar la propia vida en torno al comportamiento de otra persona. La energía emocional se centra en corregir, persuadir, insistir o “ayudar” a que el otro sea diferente. Se critica “por su bien”, se presiona “para que crezca”, se reclama “porque podría ser mejor”. Sin embargo, cuando la inconformidad apunta a rasgos estructurales de personalidad —temperamento, estilo afectivo, valores centrales—, el intento constante de modificación genera tensión crónica. La personalidad no cambia por presión emocional sostenida.

Desde la perspectiva sistémica, Murray Bowen (1978) explicó que las personas con baja diferenciación del self tienden a fusionarse emocionalmente con la pareja. En estos casos, la identidad depende en exceso del vínculo. Si el otro es distinto a lo que necesito, no puedo simplemente aceptar la diferencia; la vivo como amenaza personal. No logro sostener el desacuerdo sin que eso altere mi estabilidad. Esta fusión ansiosa produce relaciones intensas, pero inestables, donde cualquier diferencia se convierte en crisis.

A nivel sociológico, también intervienen narrativas culturales que romantizan la transformación del otro. Pierre Bourdieu (1998) habló de formas sutiles de dominación que se normalizan socialmente. Bajo la idea de que “quien ama mejora al otro” o que “el amor todo lo cambia”, la inconformidad constante puede justificarse como compromiso. Sin embargo, el mensaje implícito que recibe la pareja es: “No eres suficiente como eres”. Con el tiempo, esto genera resentimiento, defensividad o retraimiento emocional.

Sí, ¡sí puedo vivir sin ti!

Uno de los efectos más profundos de esta dinámica es el desgaste interno. Mientras intento cambiar al otro, mi bienestar queda condicionado a su transformación. Vivo esperando señales de que se acerca a la versión ideal que necesito. Cuando aparece un pequeño cambio, se reactiva la esperanza; cuando vuelve a su patrón habitual, surge la frustración. Este ciclo intermitente refuerza la permanencia en la relación, aunque el malestar sea constante.

La pregunta de fondo no es cómo lograr que la pareja modifique su personalidad, sino si puedo aceptar esa personalidad tal como es. Permanecer en una relación esperando que el otro deje de ser quien es para poder sentirme bien no es amor maduro: es dependencia emocional. La codependencia tiene un costo elevado: ansiedad crónica, resentimiento acumulado y pérdida del Yo.

Una relación saludable no exige que el otro renuncie a su esencia, ni que yo viva en permanente insatisfacción intentando moldearla, implica interdependencia, diferenciación y aceptación consciente con un acuerdo sostenido de no amenazar la identidad de cada uno. Cuando la inconformidad es constante y estructural, la decisión adulta no es insistir en el cambio, sino preguntarse si esa realidad es compatible con la propia identidad.

Porque amar no es esculpir al otro a la medida de nuestras carencias. Amar implica elegir —con claridad y responsabilidad emocional— a la persona real, no a la versión imaginada que esperamos que algún día exista, claro que existen personas más o menos afines a lo que queremos y hemos pensado, también puedes soltar y seguir en la búsqueda, siempre será más fácil que intentar esculpir a una persona que no esta dispuesta a dejar de ser.

Ahora la pregunta es: ¿Cómo amar sin desaparecer?

Erich Fromm (1956) escribió que amar es un acto de libertad, no de necesidad. Amar desde la libertad implica poder decir: “Te elijo”, no “Te necesito para existir”. El primer paso es no estar en la búsqueda, en la necesidad y en falta de algo con respecto a nosotros mismos, estar en una búsqueda constante y sin respuestas, se vuelve en algo utópico hasta que compartimos la vida con otra persona y de ella esperamos las respuestas, a querer llenar esos vacíos encaminados hacia “nuestra plenitud”. Lo nodal sería compartir nuestro tiempo, espacio y vida con otra persona desde quienes somos, y desde quienes son ellos, compartir, discernir, no emular. Replantear lo que nos atrajo y nos enamoró de la otra persona sin quererla transformar en otra persona para tu felicidad.

Amar sin desaparecer: cómo tener un vínculo saludable y no perderse a uno  mismo en el camino - EL PAÍS Uruguay

En Investigaciones sobre este tema la coincidencia es que las personas permanecemos a lado de personas que no cumplen del todo con lo que queremos o esperamos de una relación de pareja por amor, pero acaso ¿el amor lo es todo?

Te invito a reflexionar sobre quién eres y como estableces el vínculo, como lo sostienes como algo permanente porque cuando para ser amado tienes que dejar de ser quién eres, o la otra persona tiene que cambiar para transformarse en una versión tuya, no estás en una relación: estás en un proceso de auto abandono y ninguna historia de amor debería costar la pérdida del Yo.

Referencias

Beattie, M. (1986). Codependent no more: How to stop controlling others and start caring for yourself. Hazelden.

Bourdieu, P. (1998). La domination masculine. Seuil.

Bowlby, J. (1969). Attachment and loss: Vol. 1. Attachment. Basic Books.

Bowen, M. (1978). Family therapy in clinical practice. Jason Aronson.

Fromm, E. (1956). The art of loving. Harper & Row.

Illouz, E. (2007). Consuming the romantic utopia: Love and the cultural contradictions of capitalism. University of California Press.

Winnicott, D. W. (1960). Ego distortion in terms of true and false self. En The maturational processes and the facilitating environment (pp. 140–152). International Universities Press.

Aviso

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