Excompañeros de los mineros secuestrados en Sinaloa aseguraron en entrevista con Proyecto Puente que la inseguridad en Concordia era evidente desde semanas antes del ataque, pero que las advertencias no fueron atendidas por la empresa ni derivaron en una suspensión oportuna de actividades.
Los trabajadores, originarios de Hermosillo y egresados de la Universidad de Sonora (Unison), señalaron que el ambiente ya era tenso: presencia de hombres armados en caminos, drones sobrevolando áreas de trabajo y paros técnicos previos por motivos de seguridad. Aun así, dijeron, se les insistía en que “todo estaba bajo control”.
Relataron que, días antes del secuestro, parte del personal fue enviado a modalidad de home office, aunque algunos trabajadores permanecieron en la zona. Dos días después de que uno de ellos salió de descanso, ocurrió el levantamiento de los mineros en el fraccionamiento Clementina, en el municipio de Concordia.
Los excompañeros también rechazaron la versión oficial de una “confusión” y señalaron que, a su juicio, el hecho de que el ataque ocurriera en un sitio identificado como alojamiento de personal minero abre la posibilidad de que no se tratara de un evento fortuito, aunque aclararon que corresponde a las autoridades determinar el móvil del crimen.
Tras los hechos, distritos mineros de Sonora realizaron manifestaciones pacíficas para exigir justicia por los trabajadores secuestrados y asesinados, así como protocolos de seguridad más estrictos que prioricen la vida por encima de la operación, en un contexto donde la minería enfrenta crecientes riesgos por la violencia en la región.
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