
En México, las obras públicas suelen manejarse como si fueran logros personales de los gobernantes en turno. Se inauguran, se presumen y se convierten en capital político, cuando en realidad deberían ser el resultado de una planeación de largo plazo, discutida y priorizada con criterios técnicos, sociales y financieros. Este enfoque personalista tiene consecuencias conocidas: se emprenden obras para gustos personales, se privilegia la obra que “luce”, se descuida el mantenimiento de la infraestructura y se posponen trabajos fundamentales, muchas veces a costa de endeudamiento que pagarán gobiernos y ciudadanos futuros.
El paso a desnivel
La inauguración del paso a desnivel de Colosio y Solidaridad fue un éxito de publicidad y mercadotecnia política, al grado de convertir una obra urbana normal en un evento extraordinario.
La obra es meritoria y resuelve un crucero conflictivo, pero queda la pregunta de qué se sacrificó para lograrlo. Áreas clave como las redes de agua potable y drenaje, donde se requiere eficiencia y prevención, han quedado relegadas frente a obras más vistosas.
Además, el crucero de los bulevares Rodríguez-Kino y Morelos sigue siendo uno de los más problemáticos, pero requiere inversión conjunta entre el gobierno municipal y estatal, así como asumir mayores trastornos al tráfico urbano.
En materia de movilidad, la solución no está solo en pasos a desnivel, sino en fortalecer el transporte público y reducir el uso del automóvil, lo que demanda cooperación real entre niveles de gobierno. Cuando predomina la competencia política sobre la colaboración, quien pierde es la ciudadanía y el desarrollo urbano.
La carretera de Bavispe
La carretera Bavispe–Nuevo Casas Grandes, obra relevante para el noreste del estado, merece reconocimiento. Sin embargo, persiste la duda sobre el rezago de vialidades estratégicas, como la carretera Guaymas–Yécora–Chihuahua, cuyo impacto regional y logístico sería mayor.
También quedan preguntas sin respuesta: el futuro del parque La Sauceda, la vía del tren a Nogales, la presa Puerta del Sol y el destino del presupuesto asignado.
Algo similar ocurre con el Plan Sonora de Energías Sostenibles, presentado como eje estratégico, pero con resultados poco claros. Tras cuatro años, es válido exigir datos concretos, inversiones reales y beneficios tangibles para la población.
En suma, las obras públicas son necesarias. Pero cuando se convierten en trofeos políticos y no en parte de una planeación integral, dejan más preguntas que respuestas y pierden su impacto económico y social.


