Tras episodios de alta tensión —como una discusión intensa, un sobresalto o una experiencia traumática— el organismo humano pone en marcha respuestas biológicas orientadas a la supervivencia. Una de ellas es el temblor corporal, una reacción automática que suele aparecer luego de una descarga de adrenalina.
En el reino animal, este comportamiento ocurre de forma espontánea. Los mamíferos tiemblan después de una situación de peligro como parte de un proceso fisiológico conocido como descarga neurogénica, mediante el cual el cuerpo libera el exceso de cortisol y adrenalina acumulados durante la amenaza. Una vez completado ese ciclo, el sistema nervioso recupera su estado de equilibrio.
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Por qué las personas reprimen esta respuesta
A diferencia de otros animales, los humanos tienden a inhibir este mecanismo. El córtex prefrontal, asociado al control social y a la autoimagen, suele bloquear reacciones corporales consideradas inapropiadas, influido por mandatos culturales como “no mostrar debilidad” o “mantener la compostura”.
De acuerdo con diversos enfoques terapéuticos, la activación que no se libera no desaparece, sino que puede:
- acumularse en músculos y tejidos,
- derivar en tensión corporal persistente,
- relacionarse con dolor crónico, cansancio constante o trastornos del sueño.
Aportes de las terapias corporales

Prácticas como TRE (Tension & Trauma Releasing Exercises), creadas por David Berceli, y los abordajes somáticos desarrollados a partir del trabajo de Peter Levine, plantean que el cuerpo cuenta con una capacidad innata de autorregulación cuando se le permite completar sus respuestas naturales.
Estos métodos no buscan revivir experiencias traumáticas, sino facilitar que el sistema nervioso salga del estado de alerta permanente y recupere una sensación de calma y estabilidad corporal.
Movimiento consciente y regulación del estrés

Ejercicios suaves como sacudidas controladas, respiración profunda o movimientos rítmicos —presentes también en disciplinas como el qigong— apuntan a reactivar esa respuesta biológica natural. Especialistas destacan que la efectividad no depende de la intensidad, sino de la atención a las sensaciones físicas y el respeto por los propios límites.
Los expertos aclaran que estas prácticas no sustituyen tratamientos médicos ni psicológicos, aunque pueden ser un recurso complementario para manejar el estrés cotidiano y favorecer el bienestar general.


