Con el inicio de un nuevo año, muchas personas recurren a rituales simbólicos para atraer aquello que desean en los meses por venir, como bienestar, amor, salud o estabilidad económica.
Una de las tradiciones más populares en México y en varios países de América Latina es el uso de ropa interior de colores durante la noche del 31 de diciembre, una costumbre que se mantiene viva gracias a las creencias populares y al significado atribuido a cada tono.
Aunque no hay un registro histórico claro sobre su origen, esta práctica se basa en la idea de que los colores transmiten distintas energías y que, al utilizarlos de forma cercana al cuerpo, su simbolismo se refuerza.
Por esta razón, muchas personas eligen con anticipación el color de su ropa interior, de acuerdo con los deseos que buscan cumplir en el año que comienza.

Amarillo es uno de los colores más elegidos, ya que se relaciona con la abundancia, el éxito y la prosperidad económica. Quienes optan por este tono esperan un año favorable en lo laboral y financiero, así como nuevas oportunidades de crecimiento personal.
Rojo, por su parte, está asociado con el amor, la pasión y las relaciones sentimentales. Usarlo en Año Nuevo simboliza el deseo de atraer una pareja, fortalecer vínculos afectivos o revitalizar una relación existente, además de representar energía y vitalidad.
Blanco simboliza paz, armonía y renovación. Las personas que eligen este color suelen buscar tranquilidad emocional, equilibrio y un comienzo libre de conflictos, además de claridad para cumplir nuevos propósitos.
Verde se vincula con la salud, la esperanza y la estabilidad. Portar este color refleja el anhelo de bienestar físico y mental, así como de crecimiento personal y conexión con la naturaleza.
Azul está relacionado con la calma, la confianza y la seguridad. Quienes lo usan esperan un año de serenidad, buena comunicación y estabilidad tanto en el ámbito personal como profesional.
Otros colores también han ganado presencia en los últimos años. El morado se asocia con la espiritualidad y la transformación interior; el naranja, con la creatividad y el entusiasmo para emprender nuevos proyectos; mientras que el negro, aunque menos común, simboliza fortaleza, independencia y poder personal.


