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lunes, agosto 2, 2021

Bahía de Kino ya es un paraíso perdido

Bruno Ríos
Bruno Ríos
Bruno Ríos es doctor en Literatura Latinoamericana por la Universidad de Houston. Escritor, académico y editor.

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Bahía de Kino es uno de esos lugares que son inescapables, como una presencia de formación de la que es imposible irse del todo. Tal vez por eso es una de las cosas que más extraño desde hace ya casi 15 años sin vivir en Hermosillo. Como dice el dicho, y por algo es verdad: uno no se da cuenta de lo que tiene hasta que lo pierde.

Ahora, al estar acá de vuelta después de una ausencia de casi tres años, y con la añadidura de haber pasado por la pandemia y su correspondiente encierro forzado, ha sido una dicha enorme poder volver a los lugares de mi niñez y en especial a la bahía.

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Hay algo increíblemente revelador en el hecho de poder poner distancia, no solo en espacio sino en tiempo. Lo fragmentario de la memoria la hace aún más engañosa de lo que parece. La distancia entre el mar y la playa aún vive en mis recuerdos como un páramo larguísimo cuando en realidad es sólo la perspectiva de un niño (y esto a pesar de que nunca he dejado de venir de adulto); los cuartos de la casa parecen estacionarios en los espacios de la memoria y hoy de veras les veo el tiempo encima. Ahí están los recuerdos y volver es revivirlos.

Pero más que una carta de amor a Bahía de Kino lo que vengo a decir aquí es más bien triste. Lo revelador de la realidad no está sólo en el hecho de que la casa de playa de mi niñez está cada vez más vieja, o que las distancias en realidad son cada vez más cortas. Lo que de verdad ha cambiado en Kino es la condición en la que la tenemos.

Cada vez que vuelvo, en mi cabeza se mantiene ese lugar medianamente prístino en donde podíamos presumir un bajo aforo de gente, sólo de la localidad, y playas relativamente limpias para todas las personas que la visiten. Lo que he visto en estos días es algo completamente distinto y deprimente.

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Ese lugar de mi niñez ya no existe, no por la distancia del tiempo sino porque lo hemos destruido cada vez que alguien deja su basura en la calle, en la playa, atiborra los pocos receptores de basura que hay en los pocos kilómetros de arena, y sobre todo, por la terrible contaminación del mar. De verdad se me aprieta el corazón ver la inmensa cantidad de personas el fin de semana que sin ninguna consecuencia destruyen ese paraíso perdido otra vez, frente a mis ojos, sin poder decirles nada porque se molestan (ya pasados de copas en todos los casos).

Más que ahondar en esto – y ni hablar de la carretera que siempre me ha sido una tontería muy peligrosa ya que nadie respeta los acotamientos – creo que es importante retomar aquello que abordé precisamente la última vez que escribí sobre el asunto.

Ojalá el gobernador electo o alguien de su equipo pueda leer esto: Bahía de Kino tiene aún el potencial de no permanecer como un paraíso perdido. En lugar de promover un turismo tradicional y cabe agregar aún más destructivo que lo que ya tenemos (hay que ver el caso de Tulum sólo por poner un ejemplo), habría que pensar en Kino de otra manera. Así, incluso con lo terrible de su condición actual, podríamos todavía Dr. Durazo, hacer de la bahía un ejemplo a nivel nacional.

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Piénsenlo así: Kino podría ser, aún en el lugar más inhóspito del país, una potencia de sustentabilidad. En lugar de Resorts y otro San Carlos, podríamos invertir a futuro en Kino como un destino de ecoturismo consciente. Como dirían los norteamericanos: constrúyelo y solitos vendrán. El problema más grande de la situación actual es que Kino es al mismo tiempo un lugar como ningún otro en este país y también el mismo de todos lados.

Así como Hermosillo se ve como una ciudad increíblemente descuidada y sucia no sé por qué me sigue sorprendiendo que Kino sea un reflejo extendido de lo que se ve en la urbe. Al final la belleza de nuestros tesoros naturales no es suficiente para que no lo destruyamos.

Por favor, aunque sea repensemos Bahía de Kino para salvar aquella imagen irrecuperable que vive en la memoria de quienes crecimos ahí. Una playa inigualable, limpia, incluyente, sustentable. Por lo menor yo creo que es posible, ¿No cree usted?

Bruno Ríos es Doctor en Literatura Latinoamericana, profesor de lengua y literatura hispánica y escritor.

Twitter: @brunoriosmtz

Aviso

La opinión del autor(a) en esta columna no representa la postura, ideología, pensamiento ni valores de Proyecto Puente. Nuestros colaboradores son libres de escribir lo que deseen y está abierto el derecho de réplica a cualquier aclaración.

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