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sábado, enero 24, 2026

¿Qué es la violencia?

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Al referir que el tema de su ensayo será la irrestricción de la libertad como valor político, Bernard Williams advierte que “nuestra meta no es definir sino interpretar una concepción de la irrestricción”. De igual manera, no responderé qué es la violencia definiéndola, sino señalando dónde se encuentra, a fin de que al ubicarla y señalarla podamos interpretarla individualmente.

Para entender adecuadamente un concepto como el de “violencia” es importante que su comprensión corra por cuenta propia y no de prestado, porque el término también es usado por aquellos con quienes estamos en confrontación, negociación o competencia, y así, sucede que su empleo determinará ciertos límites y medidas que involucran un costo en libertad o una cierta configuración jurídica del entorno político y social en que actuamos.

Hablar de violencia es tan difícil como hablar de poder, fuerza, hegemonía, hombre, naturaleza, sociedad; no es una esencia o sustancia definible, sino una representación de algo, una pulsión o voluntad de poder, la reafirmación de una forma de ser.

El término suele tomarse por sinónimo de agresión, en particular en sus manifestaciones físicas contra las personas y cosas, pero también se consideran así, y en consecuencia son sancionadas, las agresiones verbales y psicológicas. No obstante, estas tan solo son sus representaciones más burdas y primitivas.

La violencia es un producto cultural y no natural, por lo que sólo puede surgir de la vida en sociedad o comunidad, es decir, en la política, la convivencia humana y la vida pública. A pesar de la frase hobbesiana de que el hombre es el lobo del hombre, ningún ser es naturalmente violento en tanto se manifieste como genuinamente es.

Hay épocas culturales, sin embargo, en que al individuo ya no le interesa realizarse, sino que aspira a realizar un ideal que adoptó, por una especie de mímesis inconsciente, de su contexto social. El caso es que este hombre inconscientemente violentado comienza, actuando en sociedad, a generar usos y costumbres, hábitos que determinarán las acciones de sus congéneres.

Tienen razón quienes argumentan que cualquier violencia siempre genera más violencia, independientemente de que nos empeñemos en tratar de justificar las ejercidas por nosotros mismos. La violencia es un adjetivo y no un verbo o acción, por ello, las agresiones físicas y verbales pueden no ser naturalmente violentas, pero serlo culturalmente, o al revés, como en los deportes de contacto físico.

El físico teórico J.A. Wheeler decía que “la era por venir nos mostrará el caos que hay detrás de la ley”; la búsqueda de un sentido antropocéntrico al universo por parte del ser humano, es violenta en tanto busca darle sentido al sinsentido, ordenar el caos. Para explicarnos la entropía tenemos que “sacarla” de su estado “natural” y desarrollar representaciones matemática y lingüísticamente coherentes para nuestras formas de entender/comprender.

Es así que si nos damos a la tarea de buscar alguna obra intitulada “¿Qué es la violencia?”, no la encontraremos. Se habla de violencia metatextualmente, se hace referencia al concepto, se precisa en torno a él, así lo han hecho Arendt, Benjamin y Sorel; la primera tituló su ensayo “Sobre la violencia”, Benjamin “Para una crítica de…” y Sorel “Reflexiones sobre…”; esta dificultad deriva, como ya dije, del hecho de que la violencia es una emanación cultural.

La violencia de la etapa primitiva del ser humano derivaba de la falta de elementos y herramientas para interpretar el mundo; recurríamos al instinto, y el más básico y natural era la agresividad física. El más fuerte imponía su voluntad o criterio y el resto de los salvajes lo seguían. Por su parte, en el Estado feudal el vasallo cedía voluntariamente al señor feudal su capacidad para ejercer violencia a cambio de seguridad y protección.

En el Estado moderno, en cambio, el ciudadano transfiere su “legitimidad” para ejercer medios o apelar a fines violentos al orden jurídico existente en un Estado, para que el mismo determine los fines sociales o comunales a los que debemos someternos, así como los medios que no serán considerados violentos para obligarnos a obedecer, pues “el derecho considera que la violencia en manos de personas individuales constituye un peligro para el orden legal” (Benjamin).

De aquí surge el concepto de violencia estructural. Este tipo de violencia surge de la ortodoxia, Walter Benjamin la llamaría violencia conservadora; son los métodos y acciones ejercidas por la violencia fundadora una vez que ésta se ha constituido como una disposición jurídica positiva.

Es en las acciones, en el acto de vivir y existir activamente, donde podemos encontrar la violencia; por eso siempre es sumamente probable encontrar violencia en el ejercicio de la vida política. Si no fuese por el lenguaje, la diplomacia y la comunicación, la política sería posible sólo por medios violentos.

Desde esta perspectiva me gustaría concluir reflexionando acerca de si existió o no censura -una forma de violencia- en el caso de Facebook y Twitter vs. Trump. Pienso que si el Estado, en específico un Estado de Derecho, tiene el monopolio de la violencia y el Ejecutivo lo representa, los medios de comunicación son actor político más de la sociedad, en el sentido de que no detentan representación política alguna para determinar qué violencia es legítima y si realmente se está incitando a la misma.

Cuando los medios censuraron a Donald Trump, por un lado violentaron la libertad de expresión de uno de sus usuario, y por otro le están disputando la legitimidad y el monopolio de la violencia al Ejecutivo y al Estado, sin antes haber agotado los medios legítimos de violencia, como lo son las disposiciones legales e instituciones políticas y jurídicas estatales.

Como conclusión más importante me gustaría enfatizar la relacionada con el hecho de que toda confección de una sociedad implica violencia y por lo tanto, toda configuración jurídica o consuetudinaria forzosamente se remitirá a criterios culturales. La pluralidad implica violencia hasta entonces no aprendamos a desarrollar métodos conciliatorios que sean capaces de realizar una síntesis entre las tesis contradictorias.

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