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jueves, junio 24, 2021

Sobre Hannah Arendt

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La semana pasada comenté que un ataque de ansiedad me recordó “El Castillo” de Kafka; en ese momento acudí al librero a buscar mi ejemplar y no lo encontré. Pensé que podía estar en el departamento de mi madre, donde dejé parte de mi pequeña biblioteca, pero no fue así.
Un día que pasé a visitarla aproveché para buscar el título y tampoco tuve éxito. Entonces se me ocurrió que podía estar en la casa de Hermosillo y que lo más conveniente era comprarlo nuevamente.
Al final decidí no comprarlo; en vez de eso opté por “Cuadernos en octavo”, también de Kafka, que llegó acompañado por “Crisis de la República” de Hannah Arendt, de quien me propongo hablar aprovechando la casualidad de que el diario El País le dedicó una editorial este fin de semana.
Esta pensadora de origen judío nació en Alemania en 1906 y murió como ciudadana estadounidense en 1975. Fue apátrida durante 13 años debido a que el régimen nacionalsocialista le retiró la nacionalidad en 1937, por lo que decidió emigrar, primero a Francia, y posteriormente a los Estados Unidos de América.
He leído “¿Qué es la política?”, “La condición humana”, “Eichmann en Jerusalén” y “Crisis de la República”, muy poco en comparación con su extensa bibliografía. Por ello solo pretendo generar interés por acercarse a ella (sea en entrevistas, películas, libros, biografías), sin la intención de que recomendarla o explicar -lo cual no podría- su pensamiento.
Arendt es difícil de comprender, tanto en su pensamiento como en la manera en que formula sus argumentos. No es una escritora de la que vayamos a sacar mucho provecho si, por un lado, no contamos con un acervo mínimo de filosofía política, y por el otro, no existe un esfuerzo por leer detenidamente y con atención.
Esto se debe a que era poco afecta a valerse de lugares comunes para exponer sus ideas, de su tendencia a refutar a otros pensadores fundamentales como a Aristóteles, y finalmente, a su convicción de no recurrir a la hipocresía -o afirmaciones “políticamente correctas”- para satisfacer a las “buenas conciencias” de su época.
Como no podía ser de otra manera, esta forma de ser le valió, si no ser despreciada por sus contemporáneos, ser ignorada, ninguneada y poco respetada. Arendt nunca recibió en vida el crédito y respeto que merecía; apenas ahora empieza a reivindicársele.
Por extraño que parezca, su reivindicación no proviene del ámbito académico y politológico, sino de la filosofía, sociología y literatura. Siendo la academia un ámbito de resentidos, no podía esperarse reivindicación alguna cuando la misma autora decía de ellos que “el problema no es que tengan la suficiente sangre fría para ‘pensar lo impensable’, sino que no piensan”, y que su ciencia no era tal, sino pseudo-ciencia, “el desesperado intento de las ciencias sociales y del comportamiento por imitar los rasgos superficiales de las ciencias que realmente poseen un contenido intelectual significativo”, citando ella palabras de Noam Chomsky.
Del otro lado, y también tienen razón, una crítica frecuente que se le hacía a esta escritora es que su obra no gozaba de orden alguno, no cumplía con los estándares metodológicos propios del ámbito académico, por lo que también eso pudo influir en su prestigio o funcionalidad a la hora de citarla.
No obstante, y aunque es opinión personal, para mi no existe pensadora más grande e importante, junto a José Ortega y Gasset, en todo el Siglo XX que Hannah Arendt. Por lo menos en lo que corresponde al pensamiento político.
Antes de concluir me gustaría dejar por escrito en qué consistió su “discrepancia” con Aristóteles. Sabemos que en su “Política”, el ateniense señaló que el hombre es por naturaleza un “zoon politikón”, y a partir de entonces esto ha sido considerado casi como un axioma. Arendt, por el contrario, pensaba que el hombre es un animal a-político y que su carácter político nacía de la “vida entre los hombres”, es decir, se generaba fuera del hombre y no era una substancia esencial propia.
Si quiere saber más sobre esta imprescindible autora puede hacerlo con la película “Hannah Arendt y la banalidad del mal”; una entrevista en YouTube titulada “Hannah Arendt: ¿Qué queda? Queda la lengua materna”, y; los artículos en El País titulados “Aviso a gobernantes”, “Una pensadora libre frente a las masas” y “Hannah Arendt sigue pensando”. Todos muy oportunos para la época.

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