Cuantas veces hemos pasado por lugares donde se observan casas “solas”, “abandonadas”, paredes viejas y escombros que nos indican que existió un lugar que alguna vez fue habitado.
Hoy que nos quedan 15 días del presente año, es momento de preguntarnos como nos encontramos y empezar con la reflexión de los últimos días de este año, para hacer cierres y estar listos, para el muy próximo ya 2023.
¿Cómo estamos? ¿recordamos cuales fueron nuestros propósitos de hace un año? Seguramente uno de ellos fue mantenernos con vida ante la situación que pasamos con la pandemia.
Al parecer ya quedaron lejos para algunos esos momentos de incertidumbre, donde no sabíamos que pasaría con nosotros y con nuestros seres queridos y hemos vuelto a las rutinas de antes de la pandemia, pero con un poco más de ansiedad en algunos casos.
Nuevamente nos encontramos en las prisas, en el corre y corre, en los empujones y tal vez ya no recordamos los compromisos que hicimos con nosotros mismos en esos momentos que pensábamos no continuaríamos por acá y terminaría este viaje llamado vida.
Por lo que es un buen momento para preguntarnos ¿Cómo esta nuestra casa? Si, esa casa que es nuestro cuerpo y que es habitada por nuestro SER.
¿Está habitada? ¿deshabitada? o ¿medio habitada?
Así como esos lugares que vemos abandonados podemos preguntarnos si también estamos descuidados, despoblados, desiertos, desolados o, si nos hemos abandonado.
Aprovechemos estos tiempos de reflexión, donde nuevamente tenemos la oportunidad de sumarnos y sintonizarnos con esa vibración de amor, bondad, paz y armonía y llevémosla primero a nosotros y luego seamos dispersores con gratitud.
Disfrutemos sacando lo mejor de nosotros mismos, ahora.
Habitémonos pues y ocupemos nuestro lugar en esta existencia.