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sábado, mayo 23, 2026

Muere la italiana Raffaella Carrá, diva de la televisión y la música

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Raffaella Carrá, en realidad Raffaella María Roberta Pelloni (Bolonia 1943), ha muerto hoy por la tarde en su casa romana a los 78 años. La artista, también considerada la gran showgirl de la televisión italiana, atravesó en lo últimos meses con enorme discreción una enfermedad que la apartó definitivamente de su pasión por el trabajo.

El coreógrafo Sergio Japino, su expareja, fue el encargado de dar una noticia que dejó perpleja a toda Italia. “Raffaella nos ha dejado. Se ha ido a un mundo mejor, donde su humanidad, su inconfundible risa y su extraordinario talento resplandecerán siempre”.

La gran diva no tuvo hijos, pero con el símil que ella acostumbraba a usar, deja huérfanos a millones de telespectadores y a una legión de incondicionales que encontraron en ella al icono de una época. Pero, sobre todo, a un inesperado y desacomplejado símbolo de la libertad.

“Nada es eterno… excepto la Carrà”, solía decirse en Italia. En parte por eso, pero también por el silencio con el que los suyos llevaron la enfermedad que padecía, nadie esperaba la noticia del fallecimiento.

Hasta hace poco había estado grabando un nuevo programa de entrevistas que seguía la estela de aquellos grandes éxitos que cambiaron la televisión. Con algunos de ellos, como Carràmba! Che sorpresa!, Canzonissima, Pronto… Raffaella?, transformó la manera de construir el relato televisivo de una época algo pacata y alcanzó audiencias de hasta 10 millones de espectadores que le confirieron el poder para seguir diciendo lo que le daba la gana siempre (la entrevista a la madre Teresa de Calcuta ataviada con un vestido de mangas transparentes y cristales de Swarovski es historia de la televisión).

Podía con todo y, casi siempre muy bien, delante de una cámara. “¿Puedo todavía ofrecer algo a mi público?”, se preguntó antes de volver a colocarse frente a las cámaras.

“Ni bebo ni me drogo, por eso Hollywood no era para mí” (26/10/2020)
Raffaella, capaz de cabalgar como ningún artista el difícil puente del espectáculo entre España e Italia (en España era Raffaella y en Italia, la Carrà), estaba algo cansada en los últimos tiempos. A los 73 años había anunciado su retirada y mostraba algunas dudas sobre su regreso. “Tengo una edad y todos esperan que cante y baile, pero ya no tengo ganas de hacerlo. He trabajado toda la vida, he tenido satisfacciones más grandes de las que nunca hubiera esperado y momentos de televisión extraordinarios. No es que sienta la necesidad de volver a la televisión, se está bien también sin mí”, aseguró. Pero conservaba la naturalidad que le permitió triunfar en España y en Italia y volvió a seducir al público italiano, que la adora.

La artista, capaz de cambiar la visión de su público cuando ese poder no pertenecía a inocuos influencers, era una trabajadora incansable. No hubo un solo mes de los últimos 30 años en el que no estuviera embarcada en algún proyecto. Cuando no se encontraba en un plató de televisión o en un estudio de grabación (25 álbumes de estudio y más de 60 millones de discos vendidos), seguía trabajando laboriosamente en una oficina del barrio de Flaminio, en Roma.

Subía a pie los escalones que conducían al primer piso de un angosto apartamento donde colgaban discos de oro y platino. Fotos de estrellas, dedicatorias… Gianluca, su embajador ante el mundo (ella casi no usaba el teléfono y detestaba las redes sociales), era quien recibía al invitado y lo conducía hasta la gran diva. Se abría la puerta y aparecía ella, impecable con su media melena platino y con alguno de sus pitillos Murat (fumaba 16 al día).

Raffaella no tuvo hijos. Pero, de algún modo, los engendró a millones con su público y con su legión de fieles seguidores, que corrieron a llorarla en masa en las redes. Muchos entre la comunidad LGTBI, que siempre vio en ella a una musa de la libertad y de la defensa de los derechos civiles en un periodo en el que apuntarse a esta batalla no era tan fácil como hoy. Y mucho antes, claro, de que lo hicieran artistas como Madonna. Ella sonreía divertida. “Moriré sin saberlo. En mi tumba dejaré escrito: ‘¿Por qué he gustado tanto a los homosexuales?’”, respondía a la cuestión en una entrevista con Il Corriere della Sera hace tres años. El tema Lucas, que lanzó en 1978, acabó convirtiéndose en un símbolo.

La presentadora nunca quiso encasillarse en ninguna etiqueta política —aunque votó durante años al Partido Comunista— y ocultaba bajo una especie de imprudencia pizpireta lo que, en realidad, eran unas convicciones muy firmes sobre la libertad de la mujer. De su canción Caliente, caliente —”hace tiempo que mi cuerpo anda suelto y no lo puedo frenar ¡Y no lo puedes frenar!”— un periodista italiano dijo que aportó más al feminismo que todas aquellas mujeres que quemaban sus sujetadores en los años setenta. Ella siempre ha defendido los mensajes avanzados de su música: “No hacían daño a nadie. Quitaban del medio muchos prejuicios de gente que no entendía que una vida es una vida cuando tienes libertad”.

La carrera de Raffaella Carrà, nacida en la ciudad de Bolonia, comenzó cuando apenas tenía 18 años. Bailarina y cantante, debutó en el programa de televisión Tempo di danza en 1961. Tuvo papeles en algunos shows y espectáculos y en la comedia musical Scaramouche (1965).

Luego, en 1970, comenzó a presentar el programa Canzonissima en la RAI, donde se hizo famosa por el escándalo que causaron sus apariciones enseñando el ombligo en la televisión pública de un país bajo la rígida batuta moral de la Democracia Cristiana y la eterna vigilancia del Vaticano (la sensual coreografía de su Tuca Tuca en 1971 fue otra sacudida a los tiempos que corrían). Se convirtió así en la primera gran diva de la pequeña pantalla, todavía en blanco y negro y construida sobre la prueba y el error de sus intérpretes.

Fue una máquina de encadenar éxitos año tras año. En 1984, presentó Pronto, Raffaella, que cultivó audiencias estratosféricas. También Domenica o Fantastico 12. Después decidió hacer un paréntesis de cuatro años en España, adonde se llevó el programa Hola Raffaela en RTVE a comienzos de los años noventa. Así se metió también en el salón de millones de españoles que la vieron como a una de los suyos, pero con algo de acento italiano. Hace tres años, el Gobierno español le concedió una condecoración por su aportación a la cultura española y su cercanía.

Raffaella vivió la pandemia con angustia y hastío. En su última entrevista, realizada en 2020 con el Il Corriere della Sera, dijo que “tenía miedo”. “Mucho miedo. No salgo y este 2020 se ha convertido en un año sabático. El 31 de diciembre habrá que romperlo todo”. Y luego añadía: “Últimamente me he visto en las noticias un par de veces y me dije: Dios, ¿qué sucede? Y pensé que la tercera vez dirán que estoy muerta. Pero toco hierro”. Siempre a contracorriente.

Fuente: El PAÍS

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