
Hermosillo necesita más agua para sostener su crecimiento, pero también una red capaz de llevarla todos los días a las casas. Las dos tareas son inseparables. La conversación sobre una nueva alternativa de abasto coincide con un recordatorio incómodo: las lluvias recientes dañaron infraestructura y dejaron a familias del norte de la ciudad con interrupciones en el servicio.
La creciente del río San Miguel afectó una línea de conducción en Las Malvinas. Agua de Hermosillo sustituyó y reforzó la tubería, y después inició la recuperación gradual del suministro. La reparación era urgente y merece reconocerse. Pero cada hogar que tuvo que almacenar agua, cambiar sus rutinas o esperar a que volviera el servicio. La reparación tiene un costo para el gobierno, pero la falta de agua también la pagan las familias: con tiempo, gastos adicionales y cambios en su vida diaria.
La presidenta Claudia Sheinbaum informó que el proyecto de presas para Hermosillo fue sustituido por otra alternativa para llevar agua a la ciudad. Es una decisión que merece una explicación pública detallada: cuánto costará, cuándo estará lista, cuánta agua aportará y cómo se garantizará su disponibilidad con el paso de los años. Una capital que crece necesita planear sus fuentes de abastecimiento antes de que la escasez se convierta en emergencia.
Esa planeación debe llegar también a las calles. Tuberías, almacenamiento, medición y mantenimiento requieren inversión constante. Hay que reducir las pérdidas de agua y proteger las instalaciones expuestas a las crecientes. Conseguir más agua será un avance; lograr que llegue de manera confiable a cada colonia será la medida de su éxito.
También importa cómo y hacia dónde crece Hermosillo. Cada desarrollo de vivienda y cada nueva zona de actividad económica aumentan la demanda. Si el crecimiento se desarrolla sin asegurar redes, drenaje y suministro suficiente, el costo termina en los hogares: días sin servicio, gastos adicionales y tiempo dedicado a resolver algo tan elemental como abrir una llave.
Hermosillo necesita una nueva fuente de abasto y una red que funcione. Ambas tareas deben tener responsables, plazos y resultados públicos: menos interrupciones, menores pérdidas y agua disponible en las viviendas.
Una ciudad puede anunciar que tiene agua para crecer. La prueba decisiva es que sus habitantes tengan agua para vivir.
Moisés Gómez Reyna, economista y maestro en derecho constitucional.



