
Durante mucho tiempo, tener una casa fue la expresión más concreta de progreso para una familia. Hoy, ese objetivo se aleja cada vez más. Los precios de la vivienda y de las rentas avanzan más rápido que los ingresos, mientras los créditos resultan insuficientes para adquirir una propiedad bien ubicada. La casa propia corre el riesgo de convertirse en un privilegio reservado para unos cuantos.
El problema no consiste únicamente en construir más. Una vivienda económica ubicada lejos del empleo, las escuelas y los servicios termina generando otros costos: más horas de traslado, mayor gasto en transporte y menos tiempo para la familia. Tampoco basta con cubrir la mensualidad. En una ciudad como Hermosillo deben considerarse el recibo de electricidad, el consumo de agua y las condiciones necesarias para soportar temperaturas extremas.

Frente a esta realidad, el Gobierno Municipal de Hermosillo ha realizado un esfuerzo importante mediante el programa Sello H. El modelo utiliza incentivos, descuentos de hasta 90% en trámites municipales y colaboración con desarrolladores para estimular la construcción de vivienda económica. Su segunda etapa contempla casas de hasta un millón 300 mil pesos, con aislamiento térmico, paneles solares y mecanismos para reducir el consumo de agua. Actualmente existen 20 mil 861 viviendas incorporadas al esquema.
Lo relevante es que Sello H reconoce algo elemental: una vivienda accesible no solamente debe costar menos al momento de comprarla; también debe ser menos costosa de habitar.
En una ciudad con las condiciones climáticas de Hermosillo, reducir el recibo de luz mediante paneles solares puede representar un alivio permanente para la economía familiar. Convertir el pago municipal por traslado de dominio en equipamiento solar es una fórmula innovadora que merece ampliarse.

El siguiente paso debe ser fortalecer la ubicación de estos desarrollos. Una política integral de vivienda necesita conectividad, transporte público, escuelas, agua, áreas verdes y cercanía con los centros de trabajo. De lo contrario, lo que una familia ahorra en la compra puede terminar pagándolo diariamente en traslados y servicios.
Hermosillo está demostrando que los municipios también pueden intervenir ante un problema nacional. El esfuerzo debe continuar y crecer, porque la vivienda no es solamente una construcción: es patrimonio, seguridad y calidad de vida. Cuando una familia con trabajo e ingresos no puede comprar una casa, no estamos frente a un problema inmobiliario, sino ante una falla del modelo de desarrollo.
Moisés Gómez Reyna, economista y maestro en derecho constitucional.



