
El arribo repentino de la inteligencia artificial generativa a los contextos escolares causó tensión al interior de los sistemas educativos. El lanzamiento de ChatGPT en el 2022 por parte de OpenAI, trastocó también los procesos de enseñanza-aprendizaje y polarizó las posiciones institucionales y de los actores educativos en cuanto a la pertinencia ética y pedagógica del uso de estas herramientas en la educación.
Sin embargo, un reciente estudio latinoamericano publicado por el organismo internacional Digital Education Council (DEC) parece mostrar que, por lo menos en la educación superior, estas tensiones se están desplazando de la discusión de aceptación o rechazo, hacia una normalización progresiva y una mayor aprobación de esta tecnología en las aulas.
Pero estos hallazgos también apuntan una serie de demandas y exigencias que no están siendo integralmente cubiertas por las instituciones educativas en cuanto a la adopción de esta tecnología.
En la encuesta participaron cerca de 23 mil estudiantes y más de 7 mil profesores de 29 universidades en diez países de América Latina; entre los cuales están México, Argentina, Chile, Colombia, Perú, Ecuador, entre otros.
Los resultados del ejercicio (el mayor de su tipo en la región con más de 30 mil respuestas generadas), confirmaron que hay una adopción acelerada de la inteligencia artificial en la educación superior; tanto entre los estudiantes (92%) como entre los profesores (72%). Sin embargo, la encuesta también muestra vacíos de gobernanza y comunicación institucional sobre la presencia de esta tecnología en los planteles, pues el 70% de los participantes consideró que sus instituciones educativas no están integrando de manera eficaz las herramientas de IA a los procesos pedagógicos.
Además, el 54% de los estudiantes afirmaron que se sentirían decepcionados si sus instituciones prohibieran la inteligencia artificial en las prácticas cotidianas de aprendizaje. Lo anterior significa que, a pesar de la innegable presencia de estas herramientas, al parecer las instituciones educativas se están viendo rebasadas por este fenómeno tecnológico, toda vez que en muchos casos carecen de marcos éticos, lineamientos claros y políticas institucionales que comuniquen y regulen el uso de la inteligencia artificial en estos contextos.
En el documento, la DEC reportó que los alumnos universitarios están utilizando principalmente ChatGPT (88%) como herramienta para sus estudios. Los estudiantes también reportaron que usan la IA manera diaria o semanalmente (67%); y acceden primordialmente a través de sus teléfonos móviles (84%). La encuesta arrojó que la utilizan principalmente para la búsqueda de información (65%), la generación de nuevas ideas o para empezar un borrador (61%), para la redacción (47%) y para resumir documentos (42%). También como compañero de aprendizaje (31%), como traductor de idiomas (26%), y en menor medida para producir material multimedia (17%).
El estudio también muestra que el sentimiento de los estudiantes hacia la IA es mayoritariamente positivo (68%), lo que indica una amplia apertura hacia el aprendizaje habilitado por esta tecnología. Pero el 65% de ellos expresó preocupación porque el uso de IA haga que el aprendizaje sea demasiado superficial o que debilite su pensamiento crítico y su creatividad. Es decir, a pesar de que el 92% de los estudiantes utilizan estas herramientas en su estudio, más de la mitad de ellos manifiestan preocupación por su aprendizaje.
Otro dato relevante es que el 61% de los alumnos muestran preocupación porque sus compañeros hagan un mal uso de la inteligencia artificial creando ventajas injustas. Además, más del 25% tiene incertidumbre sobre su postura hacia la IA, lo que indica que existe una brecha en la comprensión de la IA y su papel en el aprendizaje.
Esta incertidumbre de los alumnos recae sobre el vacío de gobernanza institucional de este fenómeno tecnológico al interior de los organismos educativos.
Recientemente la prensa nacional reportó cifras contundentes del Observatorio Interinstitucional de Inteligencia Artificial en la Educación Superior (OIIAES) sobre la demora mexicana en la adopción formal de este fenómeno en la educación universitaria: solo el 27% de las universidades en México cuentan con reglamentos éticos sobre el uso de IA; en consecuencia, 73% de las instituciones carece de políticas institucionales formales para regular su utilización.
En el 2023, un grupo de académicos de la UNAM mencionaron en un reporte sobre la presencia de inteligencia artificial en el campus, que el fenómeno estaba principalmente dominado por una especie de “pánico moral” al interior de la comunidad académica. ¿Será que esa fase binaria de aceptación/rechazo está quedando rebasada para dar paso a una necesidad de políticas institucionales que den orden al uso de la IA en los planteles, gestionando sus potencialidades y sus riesgos éticos?
La inteligencia artificial llegó para quedarse y no podrá ser detenida tampoco en el campo educativo. Informes como este de la DEC así lo confirman. Para que esto llegue a ser realmente beneficioso, al parecer (a propósito del mundial de fútbol), la pelota está en el lado de la cancha de las instituciones y sus actores políticos de la educación.
Abraham Espinoza
Doctorante en Desarrollo Regional en el CIAD bajo la línea de investigación de Inteligencia Artificial y Educación. Comunicólogo. Autor de un libro de crónica. Ha ejercido el periodismo, la docencia, la producción televisiva, y la comunicación política para diferentes niveles de gobierno.
Correo: abrahamespinozal@gmail.com


