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lunes, mayo 25, 2026

La caja china de Texas: Cómo el poder, el cine y el petróleo nos venden la luna mientras roban el mundo

Sara Thomson Vázquez
Licenciatura en Periodismo. Maestría en Administración Pública. Doctorante de Administración Pública en el ISAP.

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El fin de semana, una de las pistas de este gran circo del mundo norteamericano presentó a “Artemis II”, la cual concluyó con éxito con la transmisión de su regreso a la Tierra el sábado 10 de abril.

La verdad es que, por estos tiempos, llamar la atención del mundo es un banquete servido con el poder de comunicación de las redes sociales. Sólo que, en esta ocasión, una serie de reacciones de decepción e incredulidad inundaron la opinión pública.

Eso trajo al presente el recuerdo de la llamada Profecía de Kubrick (1968)2001: Una odisea del espacio no fue solo una película. Fue un manual visual del futuro. Las tablets, las videollamadas, las pantallas delgadas… y una inteligencia artificial parlante…todo eso existe hoy. Pero lo más inquietante es que Kubrick demostró que se podía fabricar una realidad tan creíble como la verdad. Eso sembró la duda: si el cine podía hacer eso, ¿el gobierno también? Y desde entonces, las supuestas visitas al espacio por seres humanos son altamente cuestionadas.

Pero si vamos a hablar de puestas en escena, observemos estos tres contextos que son prácticamente idénticos, y que podemos llamar “El manual de Texas: la gran saga del espacio”.

Entrega I: Apolo 11 – Primer hombre en la Luna

Richard Nixon, presidente del Partido Republicano, heredó una guerra impopular en Vietnam, un país fracturado por las protestas y un enemigo comunista que parecía invencible en la jungla. Necesitaba un milagro. Lo encontró en el espacio.

El 20 de julio de 1969, el mundo miró hacia la Luna. Apolo 11 no fue solo una hazaña científica; fue la más grande operación de relaciones públicas jamás montada. Mientras los cuerpos de soldados estadounidenses seguían cayendo en el sudeste asiático, las cámaras mostraban a Neil Armstrong plantando una bandera en un suelo que nadie había pisado. La distracción fue perfecta.

En el centro de todo estaba Texas. Desde Houston, el Centro Espacial Johnson controlaba la misión. Y desde Houston, las grandes petroleras (las “Siete Hermanas”) consolidaban su dominio sobre la energía global. El mismo estado que producía el petróleo ahora producía la narrativa del progreso. El manual había nacido.

Además, hay que observar que, aunque el antecedente histórico viene de más atrás, desde la década de los 40 Texas se convirtió en un centro de producción aeroespacial y de defensa. La fabricación de aeronaves militares y componentes despegó en el área de Dallas-Fort Worth y San Antonio.

Entrega II: La Guerra del Golfo y el triángulo de Texas

Veintidós años después, el guion se repitió. George H.W. Bush, otro republicano con raíces en la industria petrolera texana, llevó a Estados Unidos a la Guerra del Golfo. El pretexto: liberar a Kuwait de la invasión de Saddam Hussein. La realidad: evitar que Irak controlara el 20% de las reservas mundiales de petróleo.

Esta vez, la distracción fue más sofisticada. La NASA lanzó el telescopio Hubble, que prometía mirar el origen del universo, y desplegó el sistema GPS, que convertía la guerra en un videojuego de precisión quirúrgica. Las imágenes de misiles Patriot impactando objetivos en el desierto se transmitieron por CNN las 24 horas. Era la primera guerra televisada en vivo. Y nadie preguntaba qué pasaba realmente con el petróleo que tanto defendían.

El triángulo de Texas (Houston, Dallas, San Antonio) se consolidó como el cuartel logístico de la guerra. Las fábricas de Lockheed Martin y General Dynamics trabajaban a toda máquina. Las petroleras texanas, como Halliburton (entonces liderada por Dick Cheney), se preparaban para los contratos de reconstrucción. El manual se refinaba: guerra, petróleo, espacio, Texas. Siempre Texas.

Entrega III: 2026 – Irán, Artemis II y el espectáculo de la duda

Llegamos a abril de 2026. Donald Trump, republicano, enfrenta una guerra contra Irán que él mismo provocó para asfixiar energéticamente a China. El estrecho de Ormuz está bloqueado. Los precios del petróleo se han disparado. Y mientras el mundo arde, la NASA lanza Artemis II, el regreso triunfal a la Luna después de 50 años.

Y otra vez, Texas. Las petroleras (Exxon, Chevron, ConocoPhillips) tienen su sede en Houston. Las fábricas de municiones de 155 mm (General Dynamics en Mesquite) están en Texas. El control de la misión Artemis II está en el Centro Espacial Johnson, también en Houston. Texas es el ombligo del monstruo: el lugar donde se decide la guerra, se fabrican las armas, se controla el espacio y se firman los contratos del petróleo.

El manual se ha repetido tres veces. Los mismos actores, el mismo guion, el mismo estado. La única diferencia es que ahora el público ha aprendido a ver la trampa. Y eso, quizás, sea el principio del fin.

El desenlace que no cuentan

Ante este desastre de la operación, de billones de dólares, por cierto, que hasta provocó que echaran mano de la controversial Melania Trump, para poner en la agenda mediática de nuevo “el expediente Epstein”, la pregunta que urge poner sobre la mesa reconociendo que el enemigo que pretenden vencer es China no Irán, sería: ¿qué pasa cuando el modelo probado durante 60 años choca contra un enemigo que no juega con las mismas reglas?

Porque China no es Vietnam, ni Irak, ni Irán. China es una civilización milenaria que entiende el arte de la paciencia, la adaptación y la armonía. Mientras Texas vende espectáculo, China construye infraestructura. Mientras la NASA fabrica distracciones, Pekín fabrica el futuro.

El manual de Texas funcionó mientras el mundo era analógico y la humanidad manejable. En la era digital, donde la verdad se fabrica en segundos y la duda es la única certeza, ese manual puede ser la última página de un libro que ya nadie quiere leer.

Si las cosas siguen así, por mero cálculo aritmético, eventualmente China ganará la batalla. Sí, y solo si, las otras corrientes de “poder detrás del poder de Estados Unidos” no toman cartas en el asunto y piensan —como se ve que lo hacen— “fuera de la caja”.

Detrás de todo esto, lo que realmente hay es un choque generacional frontal de los verdaderos “dueños del mundo”. Pero de eso hablaremos en la que sigue.

Les recomiendo la película. Es casi un Julio Verne.

Aviso

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