
Durante el sexenio 2018–2024, el programa Jóvenes Construyendo el Futuro se convirtió en uno de los emblemas sociales del gobierno federal. Millones de jóvenes que no estudiaban y no trabajaban, recibieron un apoyo mensual (beca) y capacitación laboral bajo la promesa de combatir la exclusión educativa y laboral.
El Programa Jóvenes Construyendo el Futuro se consolidó como una de las políticas públicas más visibles del gobierno federal. Su objetivo fue claro: apoyar a jóvenes de entre 18 y 29 años que no estudiaban ni trabajaban, mediante una beca mensual y un esquema de capacitación laboral en centros de trabajo, con la expectativa de mejorar su inserción productiva.
Desde una perspectiva de evaluación de políticas públicas, el programa debe analizarse a lo largo de su ciclo: diseño, implementación, resultados, eficiencia y posibilidades de mejora. Este balance permite reconocer avances reales, pero también identificar límites y ajustes necesarios para fortalecer su impacto.
Una reciente investigación de El Colegio de Sonora, analizó más de dos decenas de productos audiovisuales oficiales, como discursos presidenciales, entrevistas, y material institucional gubernamental del periodo 2018-2024, para responder una pregunta clave: ¿cómo influyó e impactó el Programa en la juventud beneficiada?

Resultados e impactos generales
En términos de cobertura, el programa alcanzó cifras sin precedentes. Para el cierre del sexenio de López Obrador, cerca de 3 millones de jóvenes fueron atendidos y se registraron alrededor de 450 mil centros de trabajo, en su mayoría del sector privado, principalmente pequeñas y medianas empresas. La inversión acumulada superó los 132 mil millones de pesos, cifra que, según el discurso oficial, excede lo destinado a programas juveniles en varios sexenios anteriores.
Desde el punto de vista de eficacia, el programa logró cumplir su objetivo inmediato: transferir recursos de manera directa y ofrecer espacios de capacitación durante un periodo de hasta 12 meses. Para muchos jóvenes, esto representó un alivio económico y una primera experiencia laboral formalizada.
No obstante, la evaluación de resultados a mediano plazo muestra una realidad más heterogénea. El impacto del programa dependió en gran medida del tipo de centro de trabajo, del perfil educativo del aprendiz y de la calidad de la tutoría recibida.

Eficiencia e implementación: lo que funcionó y áreas de oportunidad: ¿Qué sigue para Jóvenes Construyendo el Futuro?
Las áreas de mejora apuntan a profundizar la calidad. Reforzar la figura del tutor, mejorar los criterios de selección de centros de capacitación, priorizar a jóvenes en contextos de mayor exclusión y medir resultados de largo plazo, son pasos necesarios para aumentar la eficiencia del programa.
En un país joven como México —y en estados como Sonora—, las políticas públicas dirigidas a juventudes requieren ajustes continuos, evaluación técnica y apertura al aprendizaje institucional. El reto no es decidir si el programa fue un éxito o un fracaso, sino cómo hacerlo mejor para que el apoyo temporal se convierta en trayectorias laborales más estables y productivas. Ese es el verdadero siguiente paso del ciclo de la política pública sobre juventud mexicana.
El artículo académico completo del que se deriva esta columna puede consultarse en: https://latam.redilat.org/index.php/lt/article/view/3482
Candidato a Doctor en Ciencias Sociales por El Colegio de Sonora y Profesor-investigador del Departamento de Economía de la Universidad de Sonora


