
La consulta de revocación de mandato en Oaxaca rompió varios prejuicios e ideas predeterminadas que se tenían desde eso que llamamos “los medios nacionales”, y que terminan siendo lecciones para todo mundo.
Primero: la participación llegó casi al 30%, según los datos del Instituto Estatal Electoral y de Participación Ciudadana de Oaxaca (IEEPCO); es decir, casi duplicó el 17.7% con el que Andrés Manuel López Obrador celebró su ratificación en abril de 2022.
Esto quiere decir, por un lado, que el gobierno de Salomón Jara, Morena a nivel local y sus organizaciones afines, movilizaron a sus seguidores, corporaciones y clientelas, y consiguieron una participación mucho mayor a la que se registró en Oaxaca en ejercicios anteriores de participación ciudadana, como la revocación de AMLO en 2022, la consulta denominada “juicio a expresidentes” en 2021 y la elección judicial de 2025 a la que apenas acudió el 13% de los votantes registrados en el padrón electoral.
Pero también indica que los detractores del gobernador también se movilizaron para apropiarse de la consulta y acudir masivamente a darle una lección al gobernador, y demostrarle que no están conformes con su gestión. Según los datos del IEEPCO a las 8:00 horas de este lunes, con el 90.3% de avance en el cómputo de las casillas, la participación fue de más de 857 mil personas (29.9% del padrón de Oaxaca, de 3 millones de electores). De ellos, 497 mil votaron para que Salomón Jara siga en el poder, y casi 335 mil votaron porque se le revoque el mandato por pérdida de confianza.
El dato no es menor: contra todo pronóstico, casi el 40% de los oaxaqueños que acudieron a las urnas lo hicieron para reprobar a Jara. Decidieron apropiarse de la consulta y no atender el absurdo llamado de los partidos de la oposición oficial (PAN y PRI), que descalificaron el ejercicio, se desmovilizaron y sugirieron dar la espalda a las urnas. Por eso están muertos esos partidos, porque en realidad no creen en la democracia ni en sus mecanismos de participación ciudadana.
Esa es la mayor lección que dio Oaxaca: los mecanismos de democracia participativa no son un invento de AMLO para adueñarse de la democracia o meros “ejercicios de simulación”, como dicen opositores y expertos electorales. Son, fundamentalmente, momentos oportunos para que la ciudadanía se exprese y le dé lecciones a sus gobernantes.
Hoy dirán PRI y PAN, y los previsibles detractores de la 4T, que de nada sirvió esto, pues Salomón Jara va a quedarse en el cargo a pesar de ser repudiado por el 40% de los que votaron. Nuevamente se habrán equivocado.
La consulta sirvió para que un gobernador ególatra y soberbio, que ha llenado de familiares las instituciones locales, se dé un baño de realidad, y sepa que, a pesar de la gran movilización que efectuó su gobierno y su partido, la ciudadanía salió a darle una lección, principalmente en la capital oaxaqueña, donde Jara no ganó ni siquiera su propia casilla, la 0576, donde 375 votaron para que se le revoque el mandato y 182 para que siga en el gobierno.
Oaxaca debe ser leído también en clave nacional, como un ejemplo de lo que pasa cuando Morena y PT se dividen, pues fue Benjamín Robles, líder estatal del PT, el principal detractor de Jara en este ejercicio, en el que no sólo votó en contra de su permanencia y publicó su voto, sino que denunció los acarreos y las presiones a sus representantes de casilla.
La fractura Morena-PT se da en momentos cruciales, cuando el gobierno de Claudia Sheinbaum intenta sacar a flote una propuesta de reforma electoral que no convence a los aliados de Morena a nivel nacional, el Partido Verde y el PT, que rechazan las dos principales líneas de Sheinbaum en la reforma: bajar el costo de los partidos y reducir el número de legisladores plurinominales.
Un último apunte: la consulta de revocación de mandato en Oaxaca fue sacada adelante a marchas forzadas y a contrarreloj por un instituto electoral local que fue incapaz de dar resultados a la medianoche del domingo, como ocurre desde hace muchos años en procesos electivos en México. La falta de recursos le dio sólo para habilitar un sistema de seguimiento al registro de las actas enviadas desde las 2 mil 800 casillas y los 25 distritos de Oaxaca, y no para un Conteo Rápido que diera certeza a todos a una hora adecuada.
El asunto parece menor, pero no lo es: recortar recursos al sistema electoral sin analizar bien dónde y cuándo, o desaparecer a los OPLE como plantea Pablo Gómez en el marco de la reforma electoral, no es necesariamente una buena idea.


