Hermosillo, Sonora.- Elizabeth Trujillo es una mujer que no conoce límites, al ser jueza de tiro con arco, socorrista, comunicóloga y es un apoyo para sus hijas: Alejandra y Margarita Valencia.

Originaria de Hermosillo, Elizabeth Trujillo Carranza, nació el 15 de junio de 1966, y narró, para Proyecto Puente, un poco de su historia, comenzando por la manera en la que estaban los padres de antaño educados y, cómo fue limitada y condicionada a lo que, en su momento, debía ser el comportamiento de una mujer.
Sin embargo, Elizabeth siempre se cuestionó en ese aspecto ante los límites de su padre, las sacó adelante con sus tíos, enfatizando que no todo era fuerza, pero que, algunas cosas que eran señaladas como masculinas, pudo aprenderlas; cómo cambiar una llanta o saber dónde se encontraba una bujía, por ejemplo.

Elizabeth, declaró que, algo que la marcó fue la educación. Desde niña tenía el sueño de estudiar medicina, ya que su bisabuelo, Jesús María Cervantes, era médico herbolario certificado, en un pueblo de La Colorada y, si bien no pudo conocerlo en vida, su bisabuela y abuela guardaron valiosos recuerdos, como la carta que lo considero apto para el puesto y una habitación llena de sus instrumentos, como las balanzas y tubos de ensayo.
Pero en ese entonces, estudiar medicina requería desplazarse hasta Guadalajara, Ciudad de México o Nuevo León, y su padre no le permitió salir de su hogar.
“Yo si batalle un poco en cuestión de educación también. A mí me gustaría haber tenido una carrera de médico, no lo pude lograr, ya que mi papá era de ‘las mujeres en casa no pueden salir del hogar’”, recordó.
Por cuestiones laborales de su padre, se fueron a vivir a Sinaloa, donde Elizabeth recordó las travesuras en las siembras, la libertad del campo y el valor de la amistad, hasta que regresaron a Sonora y residieron en Huatabampo, ingresando a un colegio de monjas, lo que impactó su visión de vida, al estar atada de reglas y límites, por lo que comenzó a rebelarse.

En el trayecto de su historia, Trujillo Carranza habló de cómo estudió hasta la preparatoria, se casó, tuvo a sus hijas y, cuando ellas establecieron su vida, ella dijo “me toca” y volvió a estudiar. En 2013 presentó el examen para medicina, pero ya no era candidata por la edad.
Cuando Alejandra Valencia ya estaba en el mundo deportivo, Elizabeth apoyó a su hija estudiando Ciencias de la Comunicación en la Universidad de Sonora, para que aprendiera cómo se debía expresarse en ruedas de prensa o entrevistas.

Aunque no pudo ser médico, Elizabeth aprendió primeros auxilios y fue socorrista, también tiene gusto por la pintura y la fotografía, misma que aprendió cuando era estudiante en Unison.
Declaró que, cuando sus hijas incursionaron en el mundo de la arquería, cambió su sentido de la responsabilidad, con un equilibrio entre tiempos y obligaciones, donde además, decidió conocer más sobre el equipo que ellas necesitaban; en 2010 se convirtió en jueza de tiro con arco a nivel estado, nacional y, busca serlo de manera continental.
Elizabeth reflexionó sobre la importancia de dejar ser a los hijos y que busquen su pasión, la cual, tarde o temprano dará frutos, puesto que, a veces, los padres escogen para los hijos lo que ellos hubiesen querido ser.
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“Que les den la libertad a los niños. Si ellos desean hacer cualquier deporte, que lo intenten, ellos van a saber en cuál se queda, Alejandra intentó varios, Margarita intentó varios… Para mí, sería lo ideal el niño buscará qué es lo que le gusta hacer, porque a lo mejor estamos escogiendo por ellos a lo que nosotros nos hubiera gustado ser”, finalizó.