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sábado, julio 4, 2026

El síndrome de Cristóbal Colón

Bruno Ríos
Bruno Ríos es doctor en Literatura Latinoamericana por la Universidad de Houston. Escritor, académico y editor.

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Estamos a 22 días de la elección del 3 de noviembre en Estados Unidos. Aunque parezca totalmente inverosímil, hay personas dentro de la comunidad latina que votaron por Trump en 2016 y que están ya sea decididos o pensando votar por él de nuevo en 2020. Votar en contra de tus propios intereses y sin ver las consecuencias más profundas de las políticas antiinmigrantes – y francamente fascistas – de la administración actual, no es algo completamente nuevo.

Conozco de primera mano mexicanos que viven del lado americano de la frontera que, aunque con pesar en retrospectiva, se vieron “obligados” a votar por Trump por su profundo catolicismo conservador. Con una retórica “provida” de los dientes para afuera (ya que a su campaña lo que menos le interesan son los dilemas ético-morales de cualquier índole), la campaña de reelección de la presente administración sigue tratando de convencer a la comunidad latina de que su profundo catolicismo importa más que cualquier otra cosa.

Es un discurso fraudulento, por supuesto. Con Clinton iba aunado a una figura de “mala madre, una asesina de bebés, y un larguísimo etcétera. Es decir, se usa la ideología provida como una especie de superioridad moral ante un antecedente legal de que las mujeres tienen el derecho a decidir sobre su propia vida reproductiva desde el famoso caso Roe v. Wade de 1973.

Más que poner a debate el tema del aborto, me interesa pensar en la forma recurrente en la que el voto latino vuelve a tomar relevancia en cada proceso electoral. Cada vez que hay elecciones, tanto a republicanos como a los propios demócratas les da lo que Jorge Ramos ha llamado el “síndrome de Cristóbal Colón”: querer decir que nos han vuelto a descubrir como si no hubiéramos estado ahí desde siempre.

Se habla, pues, de la importancia de los latinos como fuerza política. Se vuelve a hablar de lo crucial que será el voto para los demócratas como una minoría en crecimiento acelerado. Se vuelve a hablar del “gigante dormido” que cambiará el futuro del país. Todos estos estereotipos se reiteran cuando comienzan las campañas. Candidatos, candidatas, críticos, periodistas. El discurso del voto latino resurge en todos lados como si fuera una panacea perdida, como el tesoro que sabemos que está ahí, pero sigue oculto esperando a ser redescubierto por el Indiana Jones correcto que pueda salir vivo de la cueva.

Lo que la política norteamericana sigue sin entender es que la comunidad latina está lejos de ser homogénea. Si bien es verdad que hay una tendencia a votar por candidatos demócratas en las ciudades, esto no es en lo absoluto verdad en zonas más conservadoras del país. La frontera, podríamos asumir, tendría que votar para mantener el comercio que la mantiene viva. Sin embargo, volviendo al inicio de este texto, el profundo conservadurismo católico de un número considerable de familias latinas en Estados Unidos sigue presente.

La ideología política va de la mano con la fuerte autoconciencia de los valores morales que una religión tan dogmática como el catolicismo ha impuesto desde siempre. Es tan fuerte como para cometer el error, por más triste que parezca, de votar por un presidente que representa la xenofobia más terrible que hemos visto en las últimas décadas.

No se trata entonces de descubrirnos, otra vez. No se trata de asumir el voto hacia un lado a otro. Se trata de trabajar de la mano con la comunidad para que, de una u otra forma, asuman un lugar permanente en la vida política del país en lugar de votar por sus propios intereses.

Como premio de consolación, hay que admitir también que los jóvenes latinxs son tal vez la generación más progresista que ha existido en la historia. Ojalá que se hagan presentes el 3 de noviembre.

Aviso

La opinión del autor(a) en esta columna no representa la postura, ideología, pensamiento ni valores de Proyecto Puente. Nuestros colaboradores son libres de escribir lo que deseen y está abierto el derecho de réplica a cualquier aclaración.

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