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domingo, septiembre 27, 2026

Mi encuentro con el COVID-19

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Nicolás Pineda
Investigador en Políticas Públicas.

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Columna Y sin embargo
Desde el 17 de marzo, 2020, mi esposa y yo comenzamos a seguir con bastante rigor el confinamiento en casa. Una hija nos traía la despensa y nosotros dos disfrutábamos bastante nuestra amplia casa.
En los primeros días de junio, cansados del encierro, en la tarde comenzamos a salir a caminar al Estadio Sonora, donde había bastante espacio para caminar con distanciamiento social, pero donde también iba mucha gente: ciclistas, corredores, patinadores, familias con niños.
Por esos días primeros de junio también comencé a dormir mal; me dolían los hombros y tenía sueños febriles. La fiebre ligera y el cansancio se volvieron constantes el fin de semana.
El lunes 8, en la mañana traté de ejercicio en la mañana, pero me sentí muy cansado y acalenturado. Traté de descansar y de no hacerle caso; lo atribuí a la dieta de “ayuno intermitente” que estaba tratando de llevar. Me tomé dos tabletas de paracetamol.
El martes 9 seguí acalenturado, con fatiga corporal y un poco mormado de la nariz. Mi esposa y yo nos comenzamos a preocupar. ¿Será el coronavirus? Lo raro es que no tenía tos ni problemas para respirar. No quería sugestionarme, pero por las dudas hice gárgaras con agua caliente, limón y bicarbonato como preventivo para la garganta.
De modo que el jueves 11 en la tarde, previa llamada telefónica, acudí a la clínica del Isssteson para que me revisaran y me hicieran la prueba del COVID-19. Había un módulo externo para sospechosos, ahí hice cola de dos horas y cuando al final me atendieron como a las 4 p.m. me tomaron mis síntomas: mayor de 60 años, sobrepeso, no diabetes ni hipertensión, 38 grados de temperatura, presión un poco alta, garganta irritada, me pusieron un oxímetro en el dedo y con el estetoscopio me checaron la respiración haciendo que inhalara y exhalara varias veces, me dijeron que tenía 98% de capacidad respiratoria. Al final, me diagnosticaron gripa y me recetaron Ibuprofeno o Paracetamol y Loradatina, con la instrucción de que si me sentía mal volviera con ellos. Pero no quisieron hacerme la prueba COVID-19.
Ni mi familia ni yo quedamos conformes. El viernes 11 hicimos cita con un laboratorio privado para que el lunes 15 me hicieran la prueba. Yo comencé a tomarme a diario la temperatura, durante ese fin de semana siempre tuve alrededor de 37.7 grados y me pasé muchas horas en cama y dormitando. Para esto tomamos la decisión de que yo durmiera en un cuarto separado y de mantener sana distancia entre nosotros. De modo que ahora quedé confinado aún dentro de la casa.
El lunes 15, a las 7 a.m. estuvimos afuera del laboratorio y, sin bajarme del carro, me tomaron muestra de sangre y con hisopos me tomaron muestras de la mucosa bucal y nasal.
El martes 16 tuve los primeros resultados del análisis sanguíneo: “SARS-Cov-Igm positivo”. No estoy seguro de la interpretación, pero entiendo que tenía anticuerpos y señales de que había tenido contacto con el virus.
Pero todavía faltaba el resultado definitivo que tardaba cinco días. Mientras tanto seguía con los mismos síntomas: temperatura 37.7 grados y fatiga general, poco apetito, poco olfato y sentido del gusto.
El jueves 18 en la tarde, cuando yo cumplía dos semanas de malestares, finalmente llegaron los resultados del COVID-19. Fueron positivos.
Afortunadamente, ese mismo día se me quitó la calentura y desapareció el cansancio; yo comencé a sentirme aliviado. La confirmación de mi enfermedad coincidió con el fin de los síntomas.
En resumen, no sé como me contagié; tuve calentura y fatiga, pero nunca tuve tos. Mi convivencia con el virus parece que duró dos semanas. Mi esposa nunca tuvo síntomas. Ya me hice una segunda prueba y salí negativo. Fui muy afortunado de haber sido un caso leve y de haberlo superado. En cuanto al Isssteson, me queda la duda de porqué no quisieron hacerme la prueba.

Aviso

La opinión del autor(a) en esta columna no representa la postura, ideología, pensamiento ni valores de Proyecto Puente. Nuestros colaboradores son libres de escribir lo que deseen y está abierto el derecho de réplica a cualquier aclaración.

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