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viernes, septiembre 24, 2021

Las Fiestas del Pitic, un espacio para el talento regional

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Recientemente se generó una interesante discusión en las redes sociales en torno a la propuesta peregrina de suprimir las Fiestas del Pitic, con el único fin de destinar el presupuesto del evento a rehabilitar las calles de la ciudad, las cuales por cierto, están llenas de baches y en un estado francamente deplorable.
Si bien la propuesta pretende afectar la cultura del entretenimiento y del espectáculo oneroso, contra la cual nos hemos manifestado reiteradamente, sí es justo y necesario defender el carácter y vocación de las fiestas, ferias y festivales, que promuevan la identidad regional, el patrimonio tangible e intangible, así como el paisaje cultural y la creatividad de nuestras comunidades.
Evidentemente, esta actitud que pudiera tildarse de regionalista, no pretende dejar en el olvido un diálogo abierto con la creatividad mundial y nacional; por lo contrario, se deben buscar formas de inclusión que no afecten el presupuesto oficial y que contribuyan al diálogo con otras manifestaciones culturales del mundo.
Lo más cuestionable del caso es que la clase política, a través de los años se ha empeñado en empobrecer y en banalizar los contenidos sustantivos que identificarían a la cultura como una prioridad fundamental en los planes y programas de gobierno. Por lo contrario, tanto el gobierno federal como los gobiernos estatales y municipales se han encargado de trivializar y tratar con una frivolidad vergonzosa el complejo y controvertido campo de la cultura.
Es del conocimiento general, que los gobernantes, salvo honrosas excepciones, han utilizado el espectáculo y la animación sociocultural, como el componente más importante del proyecto cultural oficial, como si esta parte representara el todo de un tema tan significativo y relevante para la transformación integral de una sociedad.
Los políticos tradicionales se han encargado de presentarnos una sinécdoque de esta importantísima actividad humana, al priorizar la parte más glamorosa y agradable de los programas culturales en los diferentes niveles de gobierno.
Es por eso que ya es una tradición que se programen costosísimos eventos que en unos cuantos días terminan por agotar los raquíticos presupuestos de las instituciones culturales. Por cierto, estos presupuestos deberían estar alineados, con el fin de atender en forma homogénea los rezagos que presenta el sector, que por cierto ya se han identificado en los diferentes períodos de gobierno, y que han sido ignorados por los funcionarios responsables de ejecutarlos, pues como ya hemos explicado con anterioridad, han destinado la mayor parte del presupuesto a los eventos efímeros de relumbrón.

Sin lugar a dudas, hay que reconocerlo, estos espectáculos glamorosos alimentan nuestro notorio complejo de inferioridad y nos presentan ante los demás como seres carentes de identidad que nos esforzamos por mostrar una máscara carnavalesca que oculta lo que verdaderamente somos: personas perdidas en el gran desierto del prestigio generado por los medios masivos de comunicación.
Esta tendencia que parece irreversible, persiste en la actualidad como un grave problema que debe urgentemente atenderse. No obstante, hay pocas señales de que así suceda, ya que la cuarta transformación republicana, continúa cómodamente con la repetición terca del modelo cultural de las anteriores administraciones.
Desde hace años la cultura oficial a nivel federal ha implementado un modelo cultural que se ha replicado en los estados y en los municipios urbanos del país, cuyo principal objetivo es apostarle a la animación sociocultural como estrategia mediática de posicionamiento de la imagen positiva de los gobernantes y de las instituciones culturales.
Este modelo antidemocrático y  oneroso se nos presenta como una fachada agradable de nuestra realidad cultural; y esconde, quizá premeditadamente, las auténticas necesidades de las comunidades a lo largo y ancho del territorio nacional. En otras ocasiones ya hemos señalado reiteradamente y hemos reclamado, sobre todo al gobierno estatal y municipal, acerca de la necesidad de que el programa cultural en ambos niveles, abandone esas viejas prácticas inerciales, que contribuyen muy poco al desarrollo cultural de nuestra sociedad.
Si bien es cierto, que el afán de grandeza nos lleva a la imitación libre de modelos prestigiosos de otras regiones y ciudades del mundo, es tiempo de meditar sobre lo que somos, nuestras fortalezas y debilidades, la necesidad de prestigiar lo local, el desarrollo de la creatividad de la juventud sonorense, el respeto a los grupos originarios y sus aportaciones, la apreciación necesaria de nuestra memoria histórica, la preservación del paisaje y patrimonio cultural de la región.
Todos estos componentes  deberán integrarse como prioridades en los programas culturales, sobre todo a nivel estatal y municipal.
El poder público tiene la obligación de escuchar a los ciudadanos y no imponer arbitrariamente una visión errática en un programa cultural sin consensos y sin participación ciudadana. Debemos rechazar esa visión impuesta desde las jerarquías de considerar a la cultura como un espacio recreativo que promueve y fomenta el espectáculo y el entretenimiento.
Es realmente preocupante que las prioridades que en múltiples ocasiones ha planteado la comunidad no parecen interesarle a la clase política ni a sus gobernantes.
Estas prioridades consisten en un conjunto de actividades formativas destinadas a crear nuevos ciudadanos amantes del buen gusto, la lectura de calidad, la apreciación de la belleza, del respeto a nuestros semejantes y a la naturaleza, entre otros. Desafortunadamente, esos aspectos significativos que harían la gran diferencia en el desarrollo de la sensibilidad y espiritualidad de los sonorenses, a pesar de que aparecen descritos en la normatividad vigente y en los programas de gobierno, son letra muerta que requiere una apremiante reactivación.
Pero disculpen esta digresión tan amplia que nos alejó un poco del tema en cuestión y que con la venia de ustedes retomo a manera de conclusión.
Favorezco la opinión de que las Fiestas del Pitic no deben sacrificarse para atender añejos problemas como lo es el deterioro de la infraestructura urbana de Hermosillo; el gobierno municipal está obligado a sostener y fortalecer la cultura, incluso a promover una animación cultural moderada e incluyente, como bien lo hizo en la pasada edición 2019.

Por otra parte,  los ciudadanos tenemos que hacer válido nuestro derecho constitucional al disfrute de los servicios culturales y en esta edición 2020 es recomendable que se promueva principalmente el talento sonorense, regional y local, como bien lo hacen ya Reto Lector Sonorense,  la Asociación de Escritores de Sonora, Colectivo Permacultural Color Tierra, Cultura Sonorense/Nuestros Senderos Coolturales y otras importantes asociaciones que operan en Hermosillo y en otras ciudades del estado.
A estas alturas el municipio ya debería contar con programas y edificaciones culturales dignas de una ciudad de casi un millón de habitantes, y por esas notables desatenciones y rezagos en la construcción de una eficiente infraestructura cultural, también podríamos protestar como lo hacemos por el deterioro constante y permanente de las calles, que motivó esta extraña propuesta de suprimir un evento tan importante.
Los gobiernos y los ciudadanos deberían de favorecer y defender la idea de que es factible mostrar nuestra energía creativa, aun en la peor crisis de infraestructura urbana de Hermosillo.
No hay que olvidar que el sector cultural siempre ha sido el más afectado por los recortes presupuestales, precisamente porque esa visión superflua del sector ha sido alimentada a ultranza por la clase política y los gobernantes, algunos ciudadanos se van con la finta de que la cultura es sacrificable debido a que existe esa falsa percepción que se ha promovido desde los círculos oficiales.
Estamos en el mejor momento coyuntural como municipio, de aprovechar el liderazgo que mantiene nuestra ciudad capital en gestión y promoción cultural incluyente.
Es evidente que una programación cultural con la presencia mayoritaria de creadores locales sería de muy bajo costo y se alentaría grandemente la energía creativa de los grupos y artistas independientes.
Ahora bien, si se logran conseguir patrocinios de la iniciativa privada, como el año pasado, no se vería mal que se integrara en la programación  la participación de artistas reconocidos a nivel nacional e internacional, esta propuesta sería una segunda prioridad, considerando que la vocación de las fiestas consistiría principalmente en impulsar el talento local.
Les deseo un año feliz y pletórico de talleres y actividades creativas, que impulsen el desarrollo cultural de México, Sonora y Hermosillo. !Un fuerte abrazo solidario!

Aviso

La opinión del autor(a) en esta columna no representa la postura, ideología, pensamiento ni valores de Proyecto Puente. Nuestros colaboradores son libres de escribir lo que deseen y está abierto el derecho de réplica a cualquier aclaración.

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