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El hombre y la gente, de José Ortega & Gasset

POR Fernando Celis

Señalé anteriormente que Ortega y Gasset es un autor imprescindible para entender la época actual, incluso pienso que El hombre y la gente debería ser lectura obligatoria en cualquier disciplina de las ciencias sociales.

Este libro tiene su génesis en un curso que pronunció entre 1949 y 1950 en el Instituto de Humanidades, por medio del cual pretendía dejar constancia de su doctrina sociológica, toda vez que consideraba que toda la teoría elaborada hasta ese momento, había incurrido en una gran falta; no existía una sola obra que definiera a la sociedad o lo social.

Delimita su estudio tajantemente señalando que si la sociedad fuese únicamente una asociación, bastaría con estudiar al individuo para comprenderla. Quienes tenemos nociones vagas de ciencia política, sabemos que la mera agregación de comportamientos individuales nos conduce a otras complicaciones como las que aborda e intenta resolver el Teorema de la Imposibilidad de Arrow.

Ortega y Gasset presenta una solución desde el pensamiento filosófico-social, el más complicado de aplicar porque requiere voluntad individual y compromiso, dos aptitudes profundamente despreciadas por el individuo.

Iniciando el Capítulo I “Ensimismamiento y Alteración”, el pensador expone la motivación de su coloquio señalando que “hablan los hombres hoy, a toda hora, de la ley y del derecho, del estado, de la nación y de lo internacional, de la opinión pública y del poder público, de la política buena y de la mala, de pacifismo y belicismo, de la patria y de la humanidad, de justicia e injusticia social, de colectivismo y capitalismo, de socialización y de liberalismo, de autoritarismo, de individuo y colectividad […] Y no solamente hablan en el periódico, en la tertulia, en el café, […] sino que, además de hablar, discuten. Y no sólo discuten, sino que combaten por las cosas que esos vocablos designan. Y en el combate acontece que los hombres llegan a matarse los unos a los otros, a centeneras, a miles, a millones”.

A partir de ahí y considerando todos los elementos que menciona en ese párrafo, como lo son el individuo, la colectividad, los usos, la socialización, y el hablar y el decir, Gasset pergeña una explicación de cómo hemos llegado a esto y la importancia que tiene el ensimismarse, vivir y decidir a cuenta de uno, y no a cuenta de ese “otro yo” que es la sociedad, que es nuestro “alter ego” y que nos conmina a la alteración.

Para este filósofo no existe tal cosa como la humanidad, existe la vida humana en particular, y consiste en que cada individuo tiene que vivir en su circunstancia –de ahí su celebérrima frase “yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo”, en Meditaciones del Quijote-.

Únicamente el hecho humano, que es siempre personal y es lo que hago por cuenta propia, existe y es realidad irreductible. En sentido contrario, lo social es un hecho, pero no de la vida humana –que es siempre la mía-, sino que surge de la humana convivencia, del intercambio de pareceres, de la interacción entre el “yo” y el “tú” o los “otros”. Es decir, lo social es todo lo que no hacemos por cuenta propia, sino porque lo hacen los demás, la colectividad, nadie determinado.

A lo que pensamos o decimos porque se dice, lo que hacemos porque se hace, el autor lo bautiza como usos. Los usos son los hechos sociales constitutivos de la sociedad y son por definición irracionales, toda vez que al seguirlos estamos actuando por cuenta de la sociedad –que es el “otro” indeterminado- y por lo mismo, nos comportamos como autómatas.

El pensador concluye su plática con lo siguiente: el poder público supone siempre tras sí una opinión que sea verdaderamente pública, por tanto, unitaria, con robusta vigencia. Cuando esto no acontece, en vez de opinión pública nos encontramos sólo con la opinión particular de grupos, que generalmente se asocian en dos grandes conglomerados de opinión. Cuando esto acontece es que la sociedad se escinde, se parte o disocia y entonces el poder público deja de serlo, se fragmenta o parte en partidos. Es la hora de la revolución y la guerra civil.

Acerca del autor

Fernando Celis es licenciado en Derecho por la Universidad de Sonora; maestro en Gobierno y Asuntos Públicos por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales.

Correo Electrónico

fer.celis@gmail.com

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