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José ha trabajado 18 años como sepulturero y exhumador en Hermosillo, y narra su experiencia

Luis Ángel Carlin

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El panteón es un extenso territorio donde reposan los restos de los difuntos de una familia o amigos, lleno de historias y leyendas urbanas, también es una fuente de trabajo, poco usual, y que no cualquiera puede desempeñar.

“Es un ingreso familiar, es mi trabajo, y gracias a dios de aquí come mi familia, ya se acostumbraron, pero yo mismo en un principio me sacaba de onda, me decía ¿qué pasa? Es algo difícil, es algo raro, pero es mi trabajo”, comentó José Luis Ramírez Corona.

A sus 49 años de edad, José ha trabajado 18 años en un panteón municipal, y aunque se ha desempeñado como empleado de mantenimiento, es sepulturero y exhumador.

Dentro de su labor, los momentos más difíciles son en los que ha tenido que sepultar niños, en cuanto al caso de la Guardería ABC no lo vivió, pero escuchó desgarradores relatos de quienes sí trabajaron en el servicio.

“Muchas personas se acercan a ti para darte las gracias por el servicio funerario, pero, una experiencia así es cuando una persona está sufriendo, aún con su dolor, te dicen, gracias señor, pero, es parte de tu trabajo”, relató José

El sepulturero narró la experiencia de un compañero que se encontraba de velador, cuando observó a distancia, la silueta de una persona que caminaba entre las tumbas, y como parte de su trabajo, se acercó para saber de quién se trataba y cuáles eran sus intenciones, después de saberlo, corrió tan fuerte como pudo hacia el bulevar, y ya no quiso trabajar de noche.

“He trabajado en la noche, pero no me ha tocado ver nada, a un compañero mío, que trabajaron aquí en la noche, en el panteón, les ha tocado ver cosas, uno de ellos que estaba de velador, dijo que vio a una persona que iba caminando, todo de negro, con los brazos pegados (al cuerpo), y que de repente, cuando se dio cuenta, iba levantando, iba flotando, no iba con los pies sobre el suelo, y a partir de ahí, ya no quiso velar, aquí ves muchas cosas, incluso sientes presencias, pero es todo, yo vengo a trabajar no a ver, pero de que existen cosas, sí existen”, expresó el sepulturero.

También se han encontrado cosas extrañas en las tumbas, cuando realizan alguna exhumación.

“Lo que nos ha tocado, tanto a mí como a algunos de mis compañeros, que cuando estás exhumando, que te encuentras con frascos, con fotos, alfileres y cosas así, pero me ha tocado ver en el Panteón Yáñez, que han dejado cirios negros en las tumbas viejas, y aquí me ha tocado encontrar de la Santa Muerte, altares”, compartió Ramírez Corona.

Agregó, que tiene compañeros que no quieren trabajar en panteones, aunque les paguen el doble, y dijo desconocer si hay personas que renunciaron a su labor, por alguna experiencia en el campo santo.

El Panteón de Las Manitas cuenta con 27 trabajadores operativos que se dividen para laborar las 24 horas, se han llegado a sepultar hasta 18 personas en un día, y en cuanto a exhumaciones, cuatro en un mes. Estas últimas, se realizan principalmente a petición de familiares que deciden sepultar a otro miembro en la misma fosa, y los restos de quién ya se encontraban ahí, son colocados a los pies en el interior del féretro.

Una fosa promedio mide 80 centímetros de ancho y 1.40 metros de profundidad. En ese espacio, se pueden colocar hasta dos cajones.

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