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La violencia sistemática contra la mujer y la brillantina

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POR Hermes D. Ceniceros

Las redes sociales se polarizan este fin de semana: el motivo de esta división recae en quienes reprueban cómo en las manifestaciones feministas del pasado viernes 16 donde se realizaron pintas en el Ángel de la Independencia y otras instalaciones públicas, así como también actos violentos contra periodistas.

Desafortunadamente, este debate en redes nos aleja de lo que realmente debe de preocuparnos e impide ver el fondo del reclamo que las mujeres hacen a nuestra sociedad y, principalmente, al gobierno que ha fallado en garantizarles una vida libre de violencia.

El reclamo tiene su origen en la gran indignación que provocan los aumentos de feminicidios a nivel nacional. Las violaciones impunes realizadas por los mismos policías y el descaro de las autoridades que los encubren y quienes, además, se molestan porque les arrojan diamantina rosa. En pocas palabras ya no aguantan más misoginia legitimada por el gobierno y el poder judicial. Así que seamos claros, la rabia de las mujeres está por demás justificada. Nuestra sociedad les ha fallado, las autoridades mucho más. Lo mejor que en estos casos se puede hacer es callar y escuchar con atención.

Preocuparse por el patrimonio cultural, después de ver las pintas del Ángel, como lo hace Elena Poniatowska, únicamente refleja una triste ceguera. De entrada, poner más atención a lo material desvía la atención de lo que realmente importa y contribuye a un debate inútil de cómo deben ser las protestas feministas; querer encasillarlas a formas llenas de prejuicios y sin reconocer que al final toda protesta, sea feminista o de cualquier otra índole, es indignación social expuesta.

Al final las pintas se pueden quitar y, en el caso de las que se hicieron en el Ángel, servirán para dar mantenimiento. Sin embargo los feminicidios, así como las marcas que deja una violación en una mujer, no desaparecen. Todo eso es producto de una sociedad sexista en donde se ha permitido la violencia machista de manera sistemática, llegando a un punto en el que ahora explota.

Aunque apenas este domingo el gobierno de Claudia Sheinbaum está comenzando a reconocer la legitimidad de las protestas, la estrategia comunicativa de criminalizar la protesta fue un error por el cual debe pedir disculpas públicas y comenzar a realizar acciones para erradicar la violencia sistemática contra la mujer; en el resto del país aún falta mucho por hacer, desde observar que se ejecuten bien los protocolos de género, hasta implementar programas educativos que vayan formando generaciones de mujeres y hombres menos sexistas; necesitamos entender que esta crisis no es exclusiva de nuestro país, obedece a toda nuestra civilización y se produce por una deuda histórica de violencia y exclusión hacia la mujer.

Aunque para muchos la violencia en las manifestaciones feministas es algo que debe cambiar, creo que estas son la respuesta a una historia de violencia sexista contra las mujeres que debe acabar, incluyendo la de deslegitimar sus expresiones de indignación.

Quizás mi preocupación en todo esto es que en la polarización en rede sociales no se pierda el objetivo, discutiendo por la brillantina rosa y las pintas en el Ángel, cuando debemos de estar hablando en erradicar las violencias contra las mujeres, para deshacernos del machismo en nuestra sociedad.

Acerca del autor

Hermes D. Ceniceros es doctor en Didáctica de la Lengua y la Literatura en contextos plurilingües y multiculturales por la Universidad de Barcelona. Comunicador freelance y colaborador en espacios alternativos como Nuestra Aparente Rendición y Crónica Sonora.

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nar.hermes@gmail.com

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