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Vamos a hacer cuentas, papás (tercera de tres partes)

Foto: Internet
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Esta es la tercera parte de una historia que revela las situaciones que pueden generarse en una familia cuando se mezclan la salud, el dinero y la necesidad

– Amá, apá, antes que nada buenos días. Tomen asiento por favor, déjenme usar la calculadora de mi iPhone 8, mi pluma Cross y papel. Vamos a hacer cuentas, ¿qué les parece?- les dijo la exitosa abogada y política.

Los señores estaban muy tensos y pálidos ante tal crítico momento, pidieron un vaso de agua para tomar Passiflorine. La muchacha empezó a hacer cuentas.

– Gastos médicos que ustedes hicieron hace varios años cuando el accidente mortal de mis padres. Gastos de pañales, leche, ropa, sonaja, hechos por ustedes. Atención psicológica para asumir con madurez y carácter mi orfandad. Gastos de ropa, maquillaje, bolsas y lentes de marca, viajes a Tucson, Arizona, manutención y educación.

Cada colegiatura que pagaron desde que estaba en el jardín de niños, primaria, secundaria; el crédito educativo para bachillerato, universidad y hasta posgrado en Barcelona, España … Se acerca al millón de pesos.

Gastos médicos cuando me enfermaba. Juguetes, dulces, galletas y demás erogaciones que hacían para sofocar mis berrinches cuando niña. Dinero para mis recreos. Mis domingos, ropa, zapatos y dinero que me daban para ir al cine con un chico o una amiga, cuando joven novicia y no encontraba un trabajo bien remunerado.

La muchacha siguió desglosando una lista interminable de beneficios recibidos por sus abuelos-padres. Esto molestó demasiado a su esposo, quien intervino quedito al oído de ella.

– ¡Ay no!, ¿No se supone que les hablaste para cobrar el dinero que te deben? ¿Te has vuelto loca?

La muchacha siguió hablando con sus padres con voz más firme y decisiva

– Después de hacer cuentas, papás, pueden quedarse tranquilos, la deuda queda saldada, no me deben ni un sólo centavo, todo lo contrario, yo soy la que les quedo debiendo. Gracias a ustedes y a su ejemplo de honradez y sacrificio desde la desaparición de mis papás, soy lo que soy, especialmente como mujer, en un mundo de tanto machismo y ésa es una deuda impagable que les tengo.

La joven abrazó a sus abuelos-padres y se despidió de ellos con un tierno beso, dándoles un billete de 500 pesos para el camión, un cheque de 5 mil pesos y una tarjeta de débito para gastos inmediatos, notificándoles que siempre contarán con ella, mientras esté en sus posibilidades y hasta su última respiración.

Los señores invirtieron en su hija y ahora estaban cosechando los frutos. Se convirtió en su afore y seguro de vida. El esposo de la muchacha estaba muy enojado, tanto que amenazaba a su esposa de ir él sí, personalmente, a cobrar su deuda y demandarlos en unos medios preparatorios de juicio ejecutivo mercantil hasta enviarlos al Asilo de Ancianos.

– Comprende, amor. A los papás no les podemos cobrar ninguna deuda, porque a fin de cuentas nosotros somos los que les debemos más a ellos. ¡La vida misma!, como repetía a diario el inolvidable Fausto Soto Silva, ¡¿Que tú no tienes papás?!

– Pero ya eres casada y acuérdate que estamos esperando un hijo. Tú tienes tus ahorros, ganas tu buen dinerito en el despacho y por la asesoría a la diputada y ese lo vamos a necesitar, además tienes planes de construcción en Residencial Altozano El nuevo Hermosillo o en La Joya, ¿no me dijiste ayer que ya no tenemos mucho dinero?

-Tranquilo amor, Dios proveerá. Si Dios nos bendice con un hijo, es porque sabe que vamos a poder sacarlo adelante, Él es justo y no nos va a dar a alguien, si no lo vamos a poder mantener. Dios ama a los niños y no quiere verlos sufrir. Al ayudar a nuestros padres, no estamos haciendo más que devolviendo un poco –un poquito nada más- de lo que ellos hicieron por nosotros. Puedo ser una mala esposa y una mala madre porque apenas voy despegando en mi carrera profesional y política, pero ser una buena hija no cuesta nada.

– Pero dijiste que íbamos a cobrar a tus papás.

– ¡Momento, yo jamás dije que iríamos a cobrar, sino a hacer cuentas! tesoro …¿No será que debes regresar a la escuela y al menos estudiar el fascinante tema de la interpretación? Recuerda nuestro lema, tomado de Ulpiano: “Los preceptos del derecho son: vivir honestamente, no dañar a otro y dar a cada quien lo que le corresponde”. En otras palabras, la regla de oro de la conducta humana: “No hagas a otro lo que no quisieras que los otros te hagan a ti”.

– Definitivo, me convences. Disculpa.

Acerca del autor

Héctor Rodríguez Espinoza es licenciado en Derecho Certificado, doctor en Derecho por la Universidad de Sonora, investigador de Derecho, expresidente del Consejo de Certificación de la Barra Sonorense de Abogados A.C; director del Centro Cultural Mario de la Cueva/Eduardo García Máynez.

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agendaculturalsonora@hotmail.com

Twitter

@HrodriguezEs

Las opiniones expresadas en los artículos de nuestros colaboradores, son de exclusiva responsabilidad del autor, no necesariamente representan el sentir de Proyecto Puente

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