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Vamos a hacer cuentas, papás (segunda de tres partes)

Foto: Internet
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Este es un caso de interpretación ética, con perspectiva de género, de ciencia ficción.

Mientras esperaban en la antesala, hojearon un periódico donde aparecía la ¿desafiante? foto de la boda de la hija de un prominente empresario inmobiliario y financiero y abogado penalista, Juan Collado, especialista en la defensa de políticos, presuntos inocentes, acusados de corrupción proverbialmente impunes, recientemente vinculado a un proceso penal por dos delitos federales, uno grave por lavado de dinero, por lo que no tiene derecho a libertad bajo fianza.

En la mesa principal, con elegancia extrema, sentados el anfitrión, el expresidente de la República y su nueva novia, el cantante español Julio Iglesias, el líder sindical Carlos Romero Deschamps al lado del ministro y expresidente de la Suprema Corte de Justicia, Luis María Aguilar, ministro Fernando Pardo Robolledo y ministro Eduardo Medina Morado. Todos tarareando la melodía de la cotizada orquesta Los Ángeles azules, recién llegada de las Fiestas del Pitic.

En otro periódico estaba la foto del abogado Coello Trejo, otrora temido fiscal de hierro del DF y ahora famoso defensor del exdirector de Pemex, huido -con su esposa, hermana y padres a EUA o a Alemania, de donde es su cónyuge-, acusado -presunto inocente- inicialmente en EUA, en todo el mundo y en el país, del caso Odebrecht y de otros delitos graves que no alcanzan libertad bajo fianza.

El Departamento de Justicia de EEUU, en 2016, publicó que Odebrecht admitió haber pagado millones de dólares en sobornos para ganar contratos en 12 países, el más grande escándalo de corrupción internacional de todos los tiempos (presidentes presos o procesados y uno suicidado).

Quedaron alarmados con otra noticia en Milenio: “Tras el impune derrame de 40 millones de litros de sulfato de cobre acidulado a los ríos Bacanuchi y Sonora de una presa de jales de la mina Buenavista del Cobre en 2014, Grupo México de Germán Larrea Mota Velasco –con la asesoría de su bufete de ilustres abogados- e ¿indiferencia? de las autoridades federales competentes, emprendió la construcción de otra obra a solo 27 kilómetros de Bacanuchi, que con la nueva presa de jales dentro de sus planes de expansión proyecta, “se posicionará como la tercera mina de cobre más grande a escala mundial”, según  su sitio web, violando sus derechos humanos, no se les informó del proyecto, y debido a sus dimensiones —6 mil 535 hectáreas y una cortina de 200 metros de altura, para ¡1,700 millones de metros cúbicos!—, cabrían unas 4 mil 157 canchas de béisbol, 138 veces Bacanuchi y temen que un nuevo derrame acabe con su pueblo.

Miraron una a una las fotos que lucían en la pared de la recepción: las fotos de su generación en la catedral y frente a la rectoría, con su negra toga y lanzando al aire su birrete. El diploma por haber obtenido Sobresaliente en el examen de Ceneval. El diploma del verano de intercambio en la Universidad de Barcelona. La toma de protesta como Regidora del H. Ayuntamiento.

En el Plasma Display Panel de la recepción, la clientela esperaba su turno escuchando a uno de los abogados y políticos de más cuestionada ética profesional, Diego “El Jefe” Fernández de Cevallos, con quien Collado también ha trabajado y con el líder sindical Romero Deschamps, pontificando a Azucena Uresti en Milenio TV: “Un jefe de Estado debe fortalecer las instituciones, porque si quiere pasar a la historia, debe dejar una historia de instituciones, no el recuerdo de un iluminado”.

Finalmente la muchacha y su esposo pasaron a sus padres a la amplia y elegante oficina, para hablar largo y tendido.

Les dieron tiempo para admirar también cómo lucían, con bello marco, su título profesional y la mención honorífica y el título de maestría y muchos trofeos, una bella estampa de la Virgen de Guadalupe, un Cristo de oro crucificado, un hermoso óleo del Quijote de la Mancha y Sancho Panza y una foto de don Mario de la Cueva y este pensamiento ético, en fina piel, que leyeron con detenimiento: “El fin del abogado no es enriquecerse ni ganar muchos negocios, sino pedir y decir la justicia, sin olvidar tampoco que en sus  sentencias debe atender sólo a la verdad; que debe ser generoso  con el caído e implacable en la defensa de los derechos humanos; que no debe patrocinar causas injustas y que habrá de decir a su cliente, cuando no tenga razón, que debe de reconocer el derecho de los otros”.

Fragmento del discurso como padrino de la generación 1961-1966 de la Escuela de Derecho de la Universidad de Sonora, el 3 de noviembre de 1964.

(Continuará).

Acerca del autor

Héctor Rodríguez Espinoza es licenciado en Derecho Certificado, doctor en Derecho por la Universidad de Sonora, investigador de Derecho, expresidente del Consejo de Certificación de la Barra Sonorense de Abogados A.C; director del Centro Cultural Mario de la Cueva/Eduardo García Máynez.

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@HrodriguezEs

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