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Ocho años viviendo en Holanda

POR Maroly Solís Zataraín

Haciendo referencia al extraordinario texto escrito por Emily Perl Kingsley – escritora estadounidense- en 1987, en el que narra cómo fue su experiencia de criar a su hijo con discapacidad, un mundo que descubrió y disfrutó, con el que nos sentimos identificados muchos padres, incluyéndome, hoy dedico estas líneas.

En su relato “Bienvenidos a Holanda”, compara cómo es el nacimiento de un bebé con discapacidad, con la planeación de unas vacaciones por Italia, donde cuidó cada uno de los detalles para su estancia ahí, desde su itinerario, vestimenta e idioma, pero resulta que su vuelo aterrizó en Holanda, un lugar muy diferente al planeado.

Cuando vas a tener un niño es como planear unas fabulosas vacaciones a Italia. Te compras un montón de guías y empiezas a hacer planes fantásticos. El Coliseo. El David de Miguel Ángel. Las góndolas de Venecia. Incluso aprendes algunas frases útiles en italiano. Resulta muy emocionante.

Después de un montón de meses de ansiosa espera, por fin llega el día. Haces tu maleta y allá vas. Varias horas después, el avión aterriza. Aparece la azafata y anuncia: “Bienvenidos a Holanda”

“¿Holanda?” te preguntas “¿cómo que Holanda? ¡Yo he contratado un viaje a Italia! Se supone que debería estar en Italia. Toda la vida he soñado con ir a Italia”.

Pero ha habido un cambio en la ruta del vuelo. Ha aterrizado en Holanda y te tienes que quedar aquí. Lo más importante es que no te han llevado a un lugar horrible, repelente y sucio, repleto de pestilencia, hambre y padecimiento. Es simplemente un lugar distinto.

Como padres, el nacimiento de una bebé con discapacidad, es algo que nos involucra con experiencias diferentes a las planeadas, conocemos otras rutas, otros idiomas, otros lugares por explorar, pero que de igual forma nos representa oportunidades de aprendizaje y vivencias.

Es así como desde hace ocho años, llegué a un mundo desconocido, el de la discapacidad y no en un modo negativo, muy por el contrario, el aprendizaje de criar a una niña con síndrome de Down ha sido de lo más enriquecedor como mujer, como madre de familia y simplemente como persona.

Desde que “aterricé en Holanda”, he aprendido de las diversas discapacidades y las formas de desarrollo, las necesidades, las problemáticas, los prejuicios y desigualdades que enfrentan hoy en día, las personas que viven con una condición como tal.

Pero también he sido testigo de las capacidades y lo que pueden desarrollar todas las personas con discapacidad (PcD), al dotárseles de las herramientas necesarias, de la inclusión, de las oportunidades y los derechos a las que son sujetas.

Hace ocho años que me enriquezco día a día, de experiencias de familias, doctores, asociaciones, gobiernos y grupos que trabajan con constancia, con valores, con impulso para crear un entorno mejor para las PcD.

“Vivir en Holanda” me ha permitido entender la importancia de utilizar un vocabulario incluyente, que ofrezca el respeto necesario a las PcD, de conocer la diferencia del uso de la palabra “discapacitados” y ubicar su trasfondo peyorativo.

En México existen alrededor de casi 10 millones de PcD, esperando que la sociedad pueda ofrecerles la inclusión necesaria para desarrollarse como todos lo hacemos, sin diferencias, sin marginación; que los gobiernos hagan vales a través de sus legislaciones, los derechos que les competen como mexicanos.

En la actualidad existen una gran apertura e información sobre la discapacidad, nuevos enfoques de abordarla, conocerla y sacar el mayor beneficio de una persona que presenta una condición como tal.

La diversidad en todos los aspectos debe hacerse presente, las personas con o sin discapacidad somos diferentes, pero debemos tener equidad en nuestras formas de vida y libertad en la toma de decisiones.

Tengo ocho años viviendo en Holanda, emprendí un viaje no planeado, pero me siento tan satisfecha de seguir disfrutando del lugar, al lado de una niña con un cromosoma de más, que nos llena de satisfacción, de sorpresas y nos impulsa a ser mejores seres humanos en todos los aspectos.

Relato completo de Emily Perl Kingsley.

Acerca del autor

Maroly Solís Zataraín pertenece a la Asociación SD Hermosillo. Es responsable del área de Comunicación y difusión en INAH delegación Sonora.

Correo Electrónico

solis.marthaolivia@gmail.com

Twitter

@Marolysoza

Las opiniones expresadas en los artículos de nuestros colaboradores, son de exclusiva responsabilidad del autor, no necesariamente representan el sentir de Proyecto Puente

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