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La sirenita

Imagen: Internet

POR Fernando Celis

No recuerdo que las películas de Disney hayan jugado un papel importante en mi niñez, incluyendo El Rey León y Aladdín, y no guardo memoria de haber visto La Sirenita. Sí recuerdo al sobrino de una amiga bautizado con el nombre de Ariel, al que no le permitían ver el filme para no generarle conflictos de identidad derivado del nombre compartido con la protagonista.

Considerar que la identidad de un individuo está en riesgo por compartir nombre con una persona de otro sexo es un debate interesante que hoy no abordaré, en cambio, presento algunos apuntes sobre actitudes que me causaron extrañeza al enterarme de la polémica suscitada porque una actriz afroamericana representará a La Sirenita en el próximo live-action.

Este dibujo animado está parcialmente basado en el cuento homónimo de Hans Christian Andersen, escritor danés fallecido en 1875, contemporáneo de gigantes literarios como Dickens, Twain, Tolstoi, Dostoievski, Melville y Verne, a los que menciono para ubicar la temática dominante de la narrativa de entonces.

Publicado en 1837, este cuento pertenece al romanticismo literario, lo que significa la exaltación y preponderancia del individualismo, sentimentalismo, pesimismo, libertad y la fantasía como materia prima para la construcción de personajes. Los escritores enfatizaban estas cualidades en el carácter y personalidad de sus protagonistas, más que en su estética, costumbres, status social o entorno cultural.

No creo que la identidad y el carácter racial, más allá de crear individuos exóticos, hayan jugado un papel importante a la hora en que Andersen se ponía creativo.

Quiero decir que toda ficción literaria se suscribe y promueve un discurso, y la imagen de la sirena –la cual en el cuento original no tiene nombre- no es relevante, ya que apenas y se le describe físicamente.

Por lo tanto, la polémica parece ser poco menos que la pretensión, y cada vez más fuerte necesidad, de los ciudadanos de este mundo por entrar a formar parte de discusiones y debates del mainstream y la cultura tangencial del tópico que no llevan a nada. Este comportamiento, estas ganas de formar parte de discursos sin sentido, es de los más nocivos para la cultura.

Los ahora inconformes, ¿qué entendían mientras disfrutaban el dibujo animado? ¿Ponían atención a la trama? ¿Solo se extasiaban con las imágenes? ¿Ponían atención a la música? Supongo que la actriz que dará vida al personaje, se ganó el papel por la calidad de su voz y las habilidades para interpretar un papel en vivo, habilidad que no cualquier artista se preocupa por desarrollar.

El problema tampoco está en el supuesto racismo, si no en la imposibilidad del individuo moderno para aceptar otro tipo de narrativas o perspectivas distintas a la propia. ¿Tiene caso estar inconforme con una adaptación, si de cualquier forma solo el cuento es original?

Tengamos presente que vivimos en la época de los refritos, de las creaciones más bien mediocres, predecibles y decepcionantes, como el caso de Game of Thrones y House of Cards. En todo caso, son las historias más personales e intimistas las que están en su apogeo, son las vidas privadas las que perduran en la vida de los consumidores.

¿Trascenderá la biografía de la actriz a su papel en La Sirenita? No lo creo, pero pensemos en Disney, el marketing y la propaganda para presentarse ante las nuevas generaciones como paladines de la equidad y cualquier otra reivindicación por la que el público esté dispuesto a pagar, consumir y sentirse bien consigo mismo.

Acerca del autor

Fernando Celis es licenciado en Derecho por la Universidad de Sonora; maestro en Gobierno y Asuntos Públicos por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales. Ha trabajado en el gobierno federal y en el de la Ciudad de México en los ámbitos Ejecutivo y Legislativo. Ha sido publicado en la revista Junio 7 (Sonora) y Cucaracha de Papel (Jalisco).

Correo Electrónico

fer.celis@gmail.com

Las opiniones expresadas en los artículos de nuestros colaboradores, son de exclusiva responsabilidad del autor, no necesariamente representan el sentir de Proyecto Puente

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