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Guaymas: de su grandeza histórica a su actual tragedia

POR Luis Alberto Medina

Columna Proyecto Puente

En el siglo XIX el puerto de Guaymas era un centro de embarque internacional. Entrada y salida de migrantes de todo el mundo. El cronista de esa localidad en 1854, Francisco Velasco, afirmaba que la ciudad tenía todo lo que se necesitaba para las negociaciones comerciales.

En 1907 el puerto recibía 10 de los casi 14 millones de la importación total del estado. También fue un almacén de víveres y armas del ejército de Porfirio Díaz contra los yaquis. La llegada del ferrocarril a finales de los años 80 en el siglo XIX fue un boom en la economía porteña, especialmente Empalme donde se estableció. Llegaban barcos que traían madera para puentes y durmientes de Seattle y Portland de Estados Unidos. También compañías navieras de Francia y China pusieron al puerto en su itinerarios. Empezó el auge de las grandes haciendas en el Valle de Guaymas y los alrededores del puerto para cultivar y exportar productos agrícolas.

A principios del siglo veinte nacieron los grandes capitales. Desde los García Bringas y compañía, de origen español hasta el francés Domiciano Baston, que en 1870 fundó una casa – banco.
Pero también había un segundo grupo económico dominante en la región que encabezaba la familia Maytorena. De ahí saldría el gobernador de Sonora rebelde, José María Maytorena, quien apoyó la causa de Francisco I. Madero en Sonora contra Porfirio Díaz.

En 1910 Guaymas competía por la hegemonía económica del estado. Rebasaba el comercio de Hermosillo y su población. La actual capital de Sonora tenía en ese año 31 mil 117 habitantes y Guaymas 38 mil 130. Albergaba los mejores teatros del estado: El Escobedo, donde se reunía la élite económica local y estatal. El teatro Almada, con una sala de juegos de azar que empezó a ser la debilidad de los sonorenses. El teatro era fuente de financiamientos para escuelas mediante funciones de beneficencia en las que brillaban los violinistas Enrique Astiazarán y Amparo Bustamante, junto con el tenor consumado: Adolfo de la Huerta. Asistían a funciones Ramón Corral y Luis Emeterio Torres, porfiristas cleptócratas y perseguidores de yaquis. Sin embargo, quedaron al margen del desarrollo minero en el estado y el ferrocarril.

También Porfirio Díaz intentó aplastar a Guaymas al perseguir a los yaquis que trabajan y vivían en haciendas. Con eso afectaba su economía. José María Maytorena hijo, heredero de su padre
Chemalía que en 1881 y 1887 intentó ser candidato independiente a gobernador en Sonora pero le robaron el triunfo -el corralismo apoyado por el porfirismo-, fue en 1908 a la Ciudad de México para reclamarle al dictador Porfirio los daños irremediables de la deportación yaqui, los negocios de militares y políticos bajo su protección.

En 1909, José María Maytorena se afilió al Partido Antireeleccionista contra Porfirio Díaz y encabezó una rebelión. Fue gobernador en 1911. Ciertamente que huyó después cuando se levantó el oroquizmo y mataron a Madero.
De ahí surgió la rebelión contra Maytorena con Plutarco Elías Calles, hacedor del sistema político mexicano. También Adolfo de la Huerta, exgobernador sonorense, presidente interino de México, exsecretario de Estado.

También de Guaymas es Abelardo L. Rodríguez, otro expresidente. Los tres tienen una plaza en su nombre. Y debimos haber empezado por la gesta heroica de José María Yáñez que en 1854 detuvo a los franceses en Guaymas. Todo eso y mucho más. Documentado por el escritor Héctor Aguilar Camín y el doctor Nicolás Pineda en sus obras.

Un siglo después, Guaymas pasó de la grandeza a la tristeza. Se paralizó la vida cívica. Comercial. Deportiva. Los festivales. Actividades públicas impulsadas por el gobierno. Van en el año nueve policías muertos. Hoy su autoridad, Sara Valle Dessens, pide no salir a las calles por inseguridad. Se esconde. Todo le apuesta a la Guardia Nacional. Se nos olvida nuestra historia. No estamos ni repitiéndola. Estamos frente a la ignominia de autoridades que no quieren asumir su responsabilidad en nada. Como algunos otros alcaldes.

Pero hoy quise recordar lo grande que fue ese puerto, lo importante en el mapa nacional y comercio internacional. No hay nadie que le diga nada a Sara Valle. Ni Ana Gabriela Guevara, del PT, ni Jacobo Mendoza de Morena. Menos Claudia Pavlovich: la gobernadora también le puesta todo a la Guardia Nacional y no tiene, tampoco, plan B. Nadie habla de capacitación policial, certificación, más policías y mejores, locales, impartición de justicia, limpia de policías, nuevos policías. Pobre Guaymas. Se borró su historia.

Acerca del autor

Luis Alberto Medina es periodista, director de Proyecto Puente noticiero por internet y en Megacable; Premio Nacional de Periodismo 2014. Colabora con Denisse Maerker en Atando Cabos; con Carmen Aristegui, El Imparcial y Animal Político.

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COMENTARIOS

1 Comentario

  • Eligio Higuera Encinas dice:

    Excelente artículo…. Gracias a nombre de la historia de mi pueblo…. De mi padres …. Un abrazo y lo sigo leyendo…

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