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¿Dónde quedó la sangre yaqui en Sonora?

Luis Alberto Medina

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En 1533 una expedición de españoles dirigida por Diego de Guzmán llegó a Sonora hasta territorio yaqui, en Tórim. La intención era conquistarlos como lo hicieron en el centro del país con los aztecas. Se toparon con un grupo de indígenas fuertes que amenazaron a los españoles de no atreverse a cruzar el estado. No hicieron caso. Los yaquis los capturaron. Los ataron de pies y manos. Tuvieron que regresarse. También en esas fechas detuvieron a españoles que llegaron por el mar: los masacraron.

En 1609 el capitán Diego Martínez de Hurdaide llegó hasta el Río Yaqui con un grupo de conquistadores armados. De nuevo fueron vencidos por los yaquis que defendían agresivamente su región. En 1610 Martínez de Hurdaide volvió por la revancha. Ahora con 40 soldados españoles, 2 mil indios mayos y pimas. No pudo. Insistió con otro ataque con igual número. Fueron derrotados por los yaquis. Cuatro intentos de doblegar a los yaquis de Sonora fracasaron.

Fue hasta 1613 que, con la aparición de los sacerdotes jesuitas pudieron entenderse, no conquistarlos, con los yaquis y formar sus comunidades, documenta Paco Ignacio Taibo II en su libro Yaquis: Historia de una guerra popular y de un genocidio en México.

De que nos les cumplieron y los engañaron, es otra historia. Después vendría la política de exterminio del porfirismo. Su traslado forzoso a los campos de Yucatán, casi 30 mil yaquis, pero jamás pudieron acabar con ellos.

Hasta 2009 dieron muestras de su fuerza contra el gobierno del PAN por la lucha del agua. Gracias a esos yaquis, el municipio de Cajeme lleva el nombre del primer jefe de tribu. Eso nos dejaron. Eso somos. Una historia de orgullo:

“Los sonorenses no somos dejados. No nos pudieron conquistar los españoles a la fuerza”, es lo que presumimos por los siglos de lo siglos. ¿Por qué nos estamos rindiendo, entonces, ante la violencia que recorre el estado? Los sonorenses somos gente más grande, sí, gente más grande que nuestros problemas, como lo dijo el exalcalde de Cananea, Luis Carlos Cha, en 2007 cuando Los Zetas intentaron tomar Cananea y Arizpe.

Él también tuvo miedo. Pero se levantó. En ese entonces Eduardo Bours y Abel Murrieta combatieron al comando que intentó tomar la sierra en esa región. Con policías estatales. Sin pretextos de que era problema federal. La delincuencia organizada siempre está presente en Sonora. Pero el estado mostraba fortaleza. Respuesta. Se defendía el estado de derecho.

Hoy todos hablan de niveles de responsabilidad y nadie asume liderazgo frente a la inseguridad. Contra el río de sangre que recorre los municipios. Frente a la inadmisible muerte de niños y policías. ¿Dónde están las cámaras empresariales de Cajeme y las estatales? ¿Dónde está la sociedad civil organizada que defendió con todo el agua y ahora les han robado la tranquilidad en su ciudad?

En Ciudad Juárez fue la sociedad civil organizada, los centros religiosos, los que ayudaron al gobierno a rescatar la comunidad. En Monterrey la clase empresarial protestó en todos lo niveles por lo que sucedía.

Aquí en Sonora pareciera que no ocurre nada con las cámaras empresariales y grupos sociales. Vean en sus redes sociales lo que tuitean. Nada sobre la inseguridad. Ni un solo tuit de protesta contra nadie. Debiesen ser los primeros preocupados en exigir a las autoridades de todos los niveles parar la masacre cotidiana.

Es un absurdo que la alcaldesa de Guaymas, Sara Valle y la de Tesopaco pidan a los ciudadanos no salir a la
vía pública. Jamás visto en Sonora.

¿Por qué Claudia Pavlovich no suspendió la Comisión Sonora Arizona y se fue al sur de Sonora? ¿Por qué Alfonso Durazo no tiene más presencia en su estado? ¿Qué está haciendo la mesa de seguridad federal a la que asiste Jorge Taddei, representante de AMLO en el estado y que se reúne todos los días para analizar la violencia? ¿Quién frenará la masacre entre carteles en Sonora? Ya no se matan solo entre ellos. Están muriendo inocentes. Niños. Se ha robado la tranquilidad en el sur de Sonora, principalmente. Sonora no merece esto.

Los yaquis detuvieron a Martínez de Hurdaide y sus soldados con una lluvia de flechas y con el grito de: “Mata, que somos muchos”.

En Sonora somos muchos más los que queremos que esto pare. Sonora es gente más grande que sus problemas. Falta ese liderazgo frente a la violencia. Tiene que venir de la sociedad civil organizada, las cámaras empresariales, los centros espirituales que dieron cause y salida en Juárez.

¿Quién empieza?

Acerca del autor

Luis Alberto Medina es periodista, director de Proyecto Puente noticiero por internet y en Megacable; Premio Nacional de Periodismo 2014. Colabora con Denisse Maerker en Atando Cabos; con Carmen Aristegui, El Imparcial y Animal Político.

Correo Electrónico

luisalberto@proyectopuente.com.mx

Las opiniones expresadas en los artículos de nuestros colaboradores, son de exclusiva responsabilidad del autor, no necesariamente representan el sentir de Proyecto Puente

COMENTARIOS

1 Comentario

  • Javier gracia dice:

    El problema es que la delincuencia paga las plazas, y ya con eso hacen lo que sea y no hay quien los detenga , la población no tiene porqué armarse y hacer el trabajo del ejército y policías, creo que esos acuerdos gobierno_delincuencia debería ser más controlado y que nunca superen a la autoridad , me queda claro, que eso no desaparecerá, pero al menos tengan un verdadero control. Exelente narrativa periodismo con valor Dios los proteja siempre proyecto puente

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