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Ni segura ni ordenada ni regular

Imagen ilustrativa: Internet

POR Victoria Ríos Infante

Llegó una nueva caravana, hoy 12 de abril. Las primeras personas entraron por Ciudad Hidalgo, Chiapas.

Casualmente me encuentro muy cerca, en Tapachula, ciudad que se encuentra colapsada en términos de atención a personas en situación de movilidad. Oficinas de gobierno (las que están abiertas) y organizaciones se están viendo rebasadas en sus capacidades.

El estómago se revuelve, pero hay casos en los que no podemos hacer nada. La gente se encuentra en el limbo; peregrinan de puerta en puerta para pedir que les adelanten citas, que alguien les escuche o les pueda recibir… Nada. Y todo de esto en medio del calor envuelto en sol y humedad de la ciudad chiapaneca.

A finales de enero y principios de febrero me tocó también venir a trabajar a Tapachula un par de semanas. En esa ocasión, realizamos un monitoreo en el puente fronterizo de Ciudad Hidalgo. Recuerdo haber llegado y sentirme impresionada de ver a tanta gente en el puente y un Río Suchiate muy calmo, o poco transitado. La frontera abierta, la gente cruzaba sin impedimentos. Las personas hacían filas inmensas en unas condiciones extremas, pero con la esperanza de que el nuevo gobierno estaba dando visas, “para todos” y que el deseo de un “ingreso regular” parecía ser compartido por todas aquellas personas que resistían estoicamente a la precariedad del puente.

Conforme fueron pasando los días y el programa de entrega de tarjetas o “visas” por razones humanitarias paró, un par de días después de que personas de Guatemala se manifestaran para echar a los “migrantes” de su ciudad, el sueño de la frontera abierta terminó.

Aunque las condiciones siempre permanecieron precarias, la actitud de las autoridades se endureció por completo cuando unos días antes se había sentido un tanto amable. Aquellos agentes migratorios que no se inmutaban al ver entrar y salir personas del puente, se empezaron a transformar en lo que ya sabemos que son: policías de la movilidad.

Ante la imposibilidad de tramitar con agilidad un documento migratorio de rápida expedición (la “visa humanitaria” que se entregaba en cinco días) casos de refugio comenzaron a surgir. Y es que, ¡claro!, ¿quién en Honduras, Nicaragua, El Salvador, Guatemala no tiene un caso de refugio? Y también, ¿quién quiere aventarse un trámite de meses atado a las fronteras territoriales de un estado en el que las posibilidades de encontrar un trabajo o de alejarse de sus potenciales agresores son mínimas? Porque solicitar refugio en México te ata a la entidad federativa en la que inicias tu trámite. Pero, también la posibilidad de acceder a este derecho en el puente empezó a disminuir en aquellos días, por no decir que se esfumó.

La última imagen que tengo en mi memoria del Río Suchiate de los primeros días de febrero eran unas máquinas de construcción echando costales de tierra a mitad del río, “¿qué estarán haciendo?”, nos preguntábamos curiosas. Ahora, con el regreso, me entero que esa práctica, también conocida como “secar el río”, tiene el objetivo de poder tener un control sobre el desplazamiento de personas que se animan a atravesarlo. Y, según lo que se dice entre la población local, es el primer paso en la construcción de un muro que se piensa levantar en estos lares. Con dinero del Señor Trump, o de su país (¿risas?).

Y mientras tanto, el gobierno federal en su discurso sigue haciendo uso de las palabras contención. Insiste en que la migración será “segura, ordenada y regular”. Pero, es que en verdad la ceguera política para con la realidad está por los cielos. Según organizaciones de la sociedad civil, desde hace años, más de 450 mil personas ingresan anualmente de manera irregular a México. Hace algunos días, la Secretaría de Gobernación dijo que, en el próximo lustro, esta cifra podría llegar a incrementarse a 700 mil.

Entonces, Presidente, Secretaria de Gobernación, delegados del INM, ¿cuál segura, ordenada y regular? Entre diciembre del 2018 y febrero del 2019 (según estadísticas disponibles en la unidad de política migratoria de Segob) se hizo entrega de 18 mil 981 tarjetas de visitantes por razones humanitarias. No es nada, considerado con el estimado de personas que se internan en México. Y, honestamente, con la legitimidad que me da el haber estado presente en el puente y en espacios que se han habilitado en diferentes puntos de México para brindar atención a personas de caravana (Chiapas, Ciudad de México, BCN) puedo decir que nos vendría muy bien hacer una reflexión sobre lo que entienden por seguridad.

Entonces, ¿qué se ha hecho? Mi teoría es que, en lo que el gobierno decide qué hacer y termina de estructurar su discurso de derechos humanos y migración, se ha puesto a darle “visas” a la gente, para “dejarles pasar”; pero, seamos bien honestos, un papel migratorio, para las personas centroamericanas, ante un agente migratorio tiene muy poco poder de frenar una violación a sus derechos humanos. El trueque de la “visa humanitaria” con las personas en situación de movilidad, si bien no es generalizado, también les sale muy caro a las personas que “se benefician” del documento. Les entregan un plástico que muy fácilmente un bad cop les puede triturar en dos segundos. La situación regular de una persona se puede acabar si un funcionario saca unas tijeras con filo.

Y así como es importante decir que el gobierno ha entregado “visas”, también es relevantísimo señalar que ha deportado entre diciembre del año pasado, enero y febrero de este año a 19 mil 057 personas; y, si a eso sumamos los 13 mil 819 retornos asistidos estaríamos contando casi a 33 mil personas centroamericanas deportadas o devueltas a sus países, en tres meses (estadísticas de la unidad de política migratoria de Segob).

Hoy atendí a una mujer que venía acompañada de dos niños y su esposo. Me confió que estaban atravesando un momento difícil. Su sobrina fue asesinada ayer. El papá de la niña trató de asesinar a su madre, ella se interpuso en el camino y el día de hoy la estaban velando. El asesino amenazó al resto de la familia, les dio 48 horas para huir.

Esta semana Proceso publicó una nota donde se leía que muchas personas migrantes “…tomaron la decisión de huir de sus países en menos de 48 horas; no tienen proyecto migratorio ni de vida”. Nótese el “no tienen proyecto migratorio ni de vida”. ¡Pero, qué facilidad para hablar de realidades ajenas! ¿Qué les parece cómo proyecto de vida sobrevivir? ¿Extenderles unos años las vidas a sus hijos adolescentes o comer? ¡El instinto de sobrevivencia es suficiente proyecto! ¡A quiénes les falta proyecto migratorio humano y digno, o un proyecto que procure la vida para las personas que están huyendo del hambre y de las violencias en sus países es a las autoridades!

Repartir 18 mil visas no es cambio, la atención a la emergencia requiere de muchísimo más que la expedición de un documento migratorio temporal. Con mucha ira y tristeza creo que el gobierno seguirá estructurando su discurso en temas migratorios para hacer que tenga un toque derechohumanero, implementará uno o dos programas para atender al mínimo de personas en situación de movilidad —y ¡ojo! que la atención a caravanas puede ser una forma de simular o lavarse las manos y decir que están actuando— y seguirá con la línea de contención y deportación al servicio de los intereses estadounidenses.

Y, bueno, también en medio de todo el sabor agridulce de las prácticas migratorias, a través de las cuáles queda bien claro que —como diría Judith Butler— para muchos, hay vidas que no merecen ser lloradas, las sonrisas de los niños y de mis compañeras atendiendo siempre con amabilidad y una sonrisa a las personas con las que interactuamos diariamente son una inyección de energía indispensable para seguir trabajando.

Acerca del autor

Victoria Ríos Infante es migrante permanente. Licenciada en Estudios Internacionales (Universidad de Guadalajara), estudiante del doctorado en Ciencias Sociales (ITESM Campus Monterrey). Ha colaborado con organizaciones y redes especializadas en el estudio y atención de la migración

Correo Electrónico

martha_victoria@hotmail.com

Las opiniones expresadas en los artículos de nuestros colaboradores, son de exclusiva responsabilidad del autor, no necesariamente representan el sentir de Proyecto Puente

COMENTARIOS

1 Comentario

  • Rogelio Rios dice:

    Impresionante testimonio, desde el terreno y sin concesiones. La perspectiva de Victoria lo dice todo: ver las cosas desde abajo, desde el migrante, para entenderlo mejor. Las escaleras también se barren de abajo hacia arriba, muy buen texto…

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